El texto que sigue supone el prólogo que Lupita Bueras escribió para el último libro, según sus propias palabras, de nuestro amigo y colaborador y suscriptor Juan Enrique Ramos Salas…
Este adiós contiene múltiples Sueños acompañados, dedicatorias y reflexiones sobre la escritura, sobre la Vida (porque durante décadas sostuvo vivo un huerto), y sobre la muerte.
En este Procedimiento, Juan Enrique Ramos, escritor prolífico, combina lo íntimo, lo cotidiano y lo existencial en un tono reflexivo y desenfadadamente autobiográfico. El lector tiene ante su mirada un documental de honestidad, sobre la fragilidad del cuerpo.
En su aguzado estilo, el poeta se Atreve desde el Inicio a Describir las limitaciones físicas y el desgaste corporal. El dolor y la discapacidad marchan al ritmo de la experiencia vital.
El riesgo es latente: Sin consideraciones mezcla pensamientos filosóficos con experiencias sin Peligro.
La muerte, el paso del tiempo, el futbol, la vida que cree se le escapa en un descuido de sus ojos de Batraceo…
En su libertad característica, el escribidor hace uso de sus Albedríos y nos propone Trivias sobre las canchas con pasto o tierra pura; del cuerpo y sus Minucias. En una Proeza de aceptación completa, como solo lo he leído en estos versos: Terco, con aciertos y errores. A sus Maneras, Ramos Salas hace de la creación literaria una actividad catártica con uno y otro Enfoque. Entre Juegos y poemas Juan Enrique dispara la Sugerencia: construye sus versos como si brotaran del inconsciente; en ese mismo tono va este diálogo:
Una mañana me despertó el timbre del teléfono. Era un mensaje del autor. Decía: te mandé otro archivo, mejor lee ese.
Respondí: si es cierto que hay otra vida o que reencarnamos, ¿quisieras ser mi padre en la otra vuelta?
Él respondió que sí.
En un segundo mensaje escribió: qué ocurrencia.
Pero Juan Enrique desmenuza Cisne Lodo, libro de mi autoría, como si fuera de su carne, carne para tamal, sonorense, por supuesto. Y no lo digo del símil, sino del espíritu Alegra del escritor.
Supino pues, el cielo se encapota, el poeto nos Llueve con su voz más mesurada, sin perder los Estribos. Es preciso mencionar a toda la familia en este libro; su constancia corre como clavadista olímpico en todos los Aspectos. Chapucero nos abre la ventana de la nostalgia y la gratitud por el afecto que recibe.
En resumen, en esta entrega leeremos página a página: Servilletas, Trozos de cartoncillo, un poema: Horrores, un recuerdo del tamaño Dumbo, un Ejercicio, un cariño.
“Nada más trascendente que el camino a la muerte”. El Fin como Destino de todos. Sin embargo, el poeto se aferra a la escritura como a un madero para prolongar su existencia.
Tienen razón, me niego a dejar de escribir en este bis de la vida del distinguido Juan Enrique Ramos Salas, el amigo. Léelo, siéntelo, vívelo.
Ábrelo,
saldrá rojo y desajustado.
Para acomodarlo, pícale revisar,
luego: seguimiento,
después: todas las versiones y,
finalmente: ninguna versión:
solo se compondrá.

