Perdido entre los breñales del desierto, el país se olvidó de San Bartolo. En aquel villorrio los días transcurrían con una exasperante lentitud. La vida oscilaba entre el sonido porfiado de las chicharras y la campana que llamaba al rosario de las 6. Sin telégrafo, el pueblo se comunicaba exclusivamente a través del muy lento …






