Cojan aire y quizá un pañuelo para recibir la nueva entrega de Tere Padrón en Crónica Sonora…


A lo largo de la historia, el perro ha sido siempre el compañero ideal del ser humano desde que éste lo domesticó para ayudarlo en sus diferentes tareas, en especial como pastor, pero también como guardián fiel de la integridad física del hombre y de su propiedad. 

La literatura abunda en ejemplos de la relación estrecha entre hombre y perro. Argos, el fiel perro de Odiseo, es probablemente uno de los primeros compañeros caninos registrados en la literatura. Tras una ausencia de veinte años en la guerra de Troya, Odiseo vuelve a Ítaca y nadie lo reconoce, salvo su perro. Incluso Eumeo, el sirviente de Odiseo y supuestamente su amigo íntimo, no tiene ni idea de con quién está hablando.

Por desgracia, Argos, otrora conocido por su velocidad y fuerza, ahora es solo una sombra de lo que fue y, tristemente, «pasa a la oscuridad de la muerte» casi inmediatamente después de ver a su amo. Se ha ido, pero no lo olvidaremos, decimos. Sólo estaba esperando poder despedirse de su amo. 

Otro gran ejemplo es Kashtanka, la perrita del famoso cuento de Chéjov, del mismo nombre, que narra la historia de una joven perrita mestiza color castaño y de su dueño, Luka Alexandrich, un ebanista borrachín El relato sigue a Kashtanka quien, durante un paseo por las calles de la ciudad, y asustada por el ruido de una banda militar, hace que se separe de su dueño y se pierda en el gentío. Tras vagar desorientada, aterida de frío y con hambre bajo la nieve, es recogida por un hombre misterioso, quien resulta ser un domador de animales que trabaja en un circo. El hombre la alimenta y la bautiza con el nombre de «Tía», acogiéndola en su casa. Allí, Kashtanka descubre un mundo completamente nuevo y convive con otros animales amaestrados: un gato, un ganso y un cerdo. El nuevo dueño comienza a entrenarla para que participe en las funciones y haga piruetas y otras suertes.

Kahstanka, aunque tiene buena comida, un lugar calientito donde pasar las noches de frío inclementes y su nuevo dueño la trata bien, extraña a su amo y su antigua vida. El día de su debut en el circo, ocurre algo inesperado. Entre el público están Luka Alexandrich y su hijo, quienes la llaman por su nombre, Kashtanka brinca de alegría a través de las butacas al reconocer sus voces y regresa a casa con su familia. Podría seguir dando ejemplos de la fidelidad, el amor y la lealtad incondicionales de un perro para con nosotros, los animales humanos, pero no sólo sería largo, sino que me apartaría del objetivo principal de este breve escrito.

y me respondía con su mirada tierna

Antenoche, después de una enfermedad invasiva y en etapa crítica, murió Rojo, el perrito de la familia que vivía en la casa de mi madre. Estuve con él durante sus últimos cuatro días, administrándole lo que el veterinario le prescribió, alimentándolo, acariciándolo y hablándole y me respondía con su mirada tierna de ojos color miel. 

Rojo siempre fue un perrito juguetón, inquieto, cariñoso y fiel. Cuidó de la casa durante diez años y cada vez que yo venía de visita, brincaba de alegría y se echaba patas arriba para que le acariciara el vientre. Le gustaba jugar con una pelota de goma que yo le aventaba para que rebotara en la pared y él la cachara y me la trajera en el hocico. Comía croquetas de las mejores pero mi madre se las aderezaba con guisos de los suyos y eso lo hacía brincar de alegría. Algunas noches, cuando aún no hacía tanto calor, se echaba a los pies de mi madre afuera, bajo el árbol, mientras ella y yo platicábamos y aunque yo lo consentía demasiado y aceptaba mis cariños, él sabía que mamá era su dueña y que yo habría de volver a mi casa, así que no quería apegarse tanto a mí. 

Durante todo este tiempo mi hermano y mi madre fueron sus dueños y se encargaron de él, sin embargo, el clima extremo de esta ciudad, requiere cuidados extraordinarios que a veces nos es imposible brindarles, incluso haciendo nuestro mejor esfuerzo. Los perros deben estar en compañía de alguien que vigile su salud y su comportamiento durante los días más calurosos, que pueden alcanzar acá hasta los 50 grados centígrados. Deben estar dentro de casa, al menos en las horas más críticas, de diez de la mañana a ocho de la noche y tener siempre agua y sombra. Pero incluso extremando precauciones, los perritos pueden morir de un golpe de calor si no hay alguien que esté ahí todo el tiempo para cuidarlos. 

Les llamamos “perros de compañía” y sí lo son, pues nos acompañan siempre, en nuestros momentos difíciles, de frustración, de tristeza, que ellos sienten como propios y lo manifiestan en su expresión y en su conducta, pero también comparten nuestras alegrías y las hacen suyas, brincando, jadeando, moviendo la cola en señal de felicidad. Pero ellos también necesitan ser acompañados, sobre todo cuando sufren las condiciones climáticas extremas de frío y de calor, de lluvia y de viento. 

Son seres vivos que sienten, igual que nosotros

Ellos no hablan, pero se comunican de mil maneras que hemos logrado descifrar a través de miles de años de convivencia.  Nos dicen, “mira cómo estoy sufriendo porque no estás conmigo, porque me quedo solo, porque tengo calor, frío, hambre, miedo…” Los perros son nuestros sí, pero no son cosas, no son objetos inanimados, al contrario “animal” viene de “ánima”, que quiere decir Alma. Son seres vivos que sienten, igual que nosotros, pero que no pueden decirlo con palabras. Lo único que nos hace falta para entenderlos es poseer también, al menos un poco de alma. Para sentir compasión por ellos y cuidarlos y quererlos como ellos lo hacen con nosotros, incondicionalmente y hasta la muerte.

Antier se despidió de mi hermano y de mi madre haciendo un esfuerzo extraordinario por ponerse de pie en señal de agradecimiento y por la noche murió junto a mí, echado a mis pies, tranquilamente. Jamás olvidaré su última mirada, triste pero tranquila, como pidiéndome que no sufriera, que él estaría en un lugar mejor y desde allá me cuidaría. Que no lo olvidara nunca. 

Adiós Rojo. Gracias por tanto cariño, perrito hermoso. Descansa y juega mucho en el Cielo, donde no habrá calor ni frío, donde será una eterna primavera y donde seguramente serás feliz al lado de muchos otros de tu especie, y harás feliz a Dios como me hiciste a mí durante tanto tiempo. Te amaré por siempre.

Teresa Padrón

Mexicali

Verano del 2026

Sobre la autora / autor

Teresa Padrón Benavides (Matamoros, 1967) es Licenciada en Traducción por la UABC, casi Licenciada en Letras Inglesas por la UNAM y próximamente Licenciada en Literaturas Hispánicas por la UNISON.

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