El día 14 de junio del año de 2006 en la plaza de Oaxaca se puso el mundo al revés

temprano por la mañana, al punto de amanecer, nadie hubiera imaginado lo que iba a suceder 

Fernando Guadarrama, «Son de  la Barricada»

Hoy, 14 de Junio, se cumplen 20 años de la insurrección popular y ciudadana en el estado de Oaxaca, una de las más importantes movilizaciones político-sociales en el país en lo que va de este siglo. Durante cerca de seis meses una pluralidad de organizaciones, colectivos, sindicatos, autoridades indigenas, artistas, ecologistas, feministas, niños y jóvenes de la calle y ciudadania en general, coordinados a través de la Asamblea de los Pueblos de Oaxaca (APPO) —acertadamente descrita por Gustavo Esteva como “un movimiento de movimientos”—paralizaron la actividad del gobierno del estado. Evocando la Comuna de Paris de 1871, algunos analistas así como algunos de sus protagonistas la hicieron conocer como la Comuna de Oaxaca. Tanto una como la otra representan aquellos momentos extraordinarios de la historia en la que “los de abajo”  trastocan el orden existente e irrumpen en el escenario político con una extraordinaria creatividad en hacer patente, aunque efímeramente, que con solidaridad, dignidad y autonomía si es posible crear un mundo nuevo. Las aspiraciones de tornar el mundo al revés o establecer un buen gobierno que han sustentado las históricas aspiraciones y resistencias de los pueblos indigenas. 

2006

Entre junio y fines de octubre la policía desapareció de las calles de la ciudad. El gobernador y las autoridades políticas se reunían en secreto en hoteles o en domicilios particulares alejados del centro. Mujeres ocuparon la estación de radio y televisión estatales. Rebautizada como Radio Cacerola y con el apoyo de colectivos de medios transmitían programas educativos sobre la historia de Oaxaca, reportes sobre demandas y aspiraciones de los diversos sectores en lucha. A partir de las 11p.m y hasta las 6 a.m. se levantaban cientos de barricadas como medida de protección ante los ataques nocturnos de pistoleros armados y encapuchados al servicio de gobierno. Después de que la policía destruyera Radio Plantón, la estación de radio de la Sección 22 de la SNTE, guardias ciudadanas protegían las estaciones de radio ocupadas que mantenían los micrófonos permanente abiertos al publico y que se constituyeron en el principal medio de expresión del movimiento de coordinación de las acciones ciudadanas.

Localizadas fuera del centro histórico de la ciudad tanto en los barrios más marginales como en los residenciales las barricadas constituyeron en espacios de resistencia, solidaridad y creatividad. En estas se congregaban tanto activistas, como sindicalistas, comunicadores independientes locales y foráneos, así como mujeres, jóvenes y vecinos que nunca habían participado en movilizaciones político sociales.  Los concursos de canto y poesía entre los participantes de las barricadas se transmitían por Radio Universidad, contribuyendo a la formación de una identidad barricadera. La cumbia festiva «Son de las Barricadas» se convirtió en el himno emblemático del movimiento oaxaqueño.

Desdeñadas o minimizadas por el gobierno y sus voceros, así como por  la prensa y medios corporativos oficiales, como acciones reactivas espontáneas azuzadas o manipuladas por infiltrados de la CNTE, “guerrillas urbana,” o por “agentes de AMLO,” en ese momento candidato presidencial de oposición al PRIAN, la miríada de acciones, ocupaciones, cocinas y ollas comunes, “mega-marchas”, murales pictóricos, bailes, performances y actos culturales escenificados diariamente en los espacios públicos constituyeron más bien expresiones de una verdadera insurgencia, un choque entre el insoportable autoritarismo del regimen corporatista, y las crecientes aspiraciones democráticas de amplio sectores de la sociedad oaxaqueña, aspiraciones no solo de un sufragio universal efectivo, sino también de una más justa distribución de los recursos económicos y de la defensa de la dignidad, de la autonomía, y  del patrimonio cultural y material de toda la ciudadania contra el ataque de las transformaciones extractivistas neoliberales.  Rechazando formas tradicionales de autoridad vertical, la APPO rápidamente tomó forma como un espacio de discusión y coordinación entre sus diversas organizaciones e individuos participantes. Aunque los miembros discrepaban en su valoración de estrategias y objetivos, la mayoría coincidía en que la APPO debía funcionar como un espacio dentro del cual sus miembros mantuvieran su autonomía política. De este modo, la APPO—que incluye sindicatos y partidos tradicionales de izquierdas, así como organizaciones de derechos humanos, artistas, colectivos anarquistas, feministas, ecólogicos, y ciudadanos y pueblo en general— contribuyo a una renovación de la, de por sí rica, cultura política oaxaqueña. Lo ha hecho, en parte, incorporando de forma creativa formas políticas indígenas, como la asamblea consensuada, la filosofía de que las autoridades «gobiernan obedeciendo» (mandar obedeciendo), y el acuerdo de que ningún líder o grupo individual podría hablar o representar al movimiento.

Tan, o mas importantes y  significativas que las masivas marchas y manifestaciones publicas fueron las numerosas reuniones, talleres, debates y asambleas dedicadas a la discusión de asuntos gravitantes para la vida material, política, cultural y social en el estado. Abiertos a la participación del publico, transmitidos y discutidos a través de las estaciones de radio ocupadas se realizaron discusiones sobre derechos humanos, los derechos al agua y la protección de recursos naturales, la defensa del territorio, los derechos de la mujer, políticas mediáticas, defensa del patrimonio y resistencia cultural. A través de estos debates y discusiones, así como por la mismas acciones y movilizaciones, solo posibles en el espacio creado por la insurgencia y la formación de la APPO, la ciudadania oaxaqueña no solo impugnaba las políticas autoritarias del entonces gobernador priista sino que también iniciaba el debate sobre el futuro político del estado. En estos amplios debates los miembros de la APPO y otros grupos y sectores de la sociedad oaxaqueña  —sobre todo indigenas y mujeres— se insistió en ir más allá del limitado horizonte temporal del sexenio electoral (o mandato presidencial de seis años) para crear formas de acción y organización autónomas que puedan evitar ser capturadas por los partidos políticos o el estado.

A iniciativa de la APPO y con la participación de juristas y constitucionalistas tanto locales como foráneos durante dos días en una asamblea pública se discutieron los lineamientos para una nueva Constitución para el estado y el procedimiento legal para la convocatoria a una Asamblea Constituyente. También fue importante la Iniciativa Ciudadana por la Paz, la Democracia y la Justicia que convocada grupo de artistas, intelectuales, ciudadanos, religiosos y empresarios que siguiendo los principios delineados por la iniciativa constituyente de la APPO y con apoyo de la Iglesia Católica estableció un dialogo publico y abierto con autoridades comunitarias indigenas y ciudadania en general para examinar democráticamente los cambios necesarios para hacer Oaxaca un estado mas democrático e inclusivo.

2026

Veinte anos después, si bien las condiciones político sociales en el estado han experimentado mejoras marginales, y nada pareciera haber cambiado, Oaxaca ya no es misma. La experiencia de  la insurgencia del 2006 —como lo me lo han manifestado muchas personas y experiencias en la propia Oaxaca a lo largo de estos años— represento una suerte de despertar que, para las mujeres en particular, condujo a su “transformación radical” en palabras de una activista del Colectivo Mujer Nueva.

Al mismo tiempo, la incorporación o cooptación de algunos de los líderes, e incluso organizaciones, a la nueva estructura de poder y al partido político dominante fueron determinantes en la debacle de la APPO y en la consecuente desconfianza y frustración de sus participantes y ciudadania en general. La persistencia del verticalismo político del nuevo régimen y su persistencia en un  modelo desarrollista/extractivista empero han multiplicado las inconformidades y resistencias.  Si bien el colapso de la APPO como “movimiento de movimientos” es un factor en la dispersión y aislamiento de estas, las aspiraciones, logros, frustraciones y experiencias de la insurgencia del 2006, sobre todo al entendimiento de que la política esta arraigado  en lo social y ético, en el respeto a la autonomía, la diferencia y al mandar obedeciendo han sido plenamente incorporadas al repertorio político cultural de las diferentes organizaciones, colectivos y comunidades en resistencias, así como se mantienen vigentes en el horizonte político cultural de “los de abajo,” como de amplios sectores de la ciudadania Oaxaqueña.

Nota aclaratoria: Quien esto escribe, avecindado a medio tiempo en la ciudad de Oaxaca desde hace poco mas de tres décadas, fue acompañante solidario con el movimiento. Además, durante la etapa más álgida de la lucha, 2006-2007, tuvo el privilegio de colaborar con reportes hablados para el programa “Política y Rocanrol” de Radio Bemba, en Hermosillo, Sonora, y con entrevistas, reportes y documentales en colaboración con el ahora editor de Crónica Sonora, Benjamín Alonso Rascón, autor de incisivos y valientes reportes que un año después, en noviembre de 2007, le valieran el Premio Nacional de Periodismo.

Sobre la autora / autor

Gerardo Rénique es peruano, neoyorquino y oaxaqueño. Doctor en Historia por Columbia University y profesor en City University of New York. Son muy conocidas sus investigaciones sobre el movimiento antichino en Sonora.

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