Saludamos el debut de un novel y prometedor divulgador de la historia 🙂


El anuncio que dio el alcalde de Hermosillo, Antonio Astiazarán Gutiérrez, sobre la posible reconstrucción del emblemático Hermosillo Flash ha despertado un gran entusiasmo entre muchos hermosillenses. Y esto no es para menos, ya que durante años fue un referente de la ciudad, un punto de encuentro y un símbolo que permanece vivo en la memoria de varias generaciones. Como estudiante de Historia, divulgador digital de la historia regional y ganador del Premio Municipal de la Juventud, en la distinción “Identidad y Raíces”, considero que recuperar un elemento tan representativo de la identidad urbana de Hermosillo puede ser una decisión acertada. Sin embargo, esta noticia también abre la puerta a una reflexión más amplia: ¿podría el regreso del Hermosillo Flash convertirse en el inicio de una nueva etapa para la conservación del patrimonio histórico de Hermosillo?
Las ciudades construyen su identidad a través de su memoria. Esa memoria no solo está conformada únicamente por los acontecimientos que aparecen en los libros, sino también por los edificios, plazas, monumentos, parques y espacios que han acompañado la vida cotidiana de sus habitantes. Son estos lugares los que permiten comprender cómo ha evolucionado una ciudad y fortalecen así el sentido de pertenencia de quienes la habitan. Hermosillo posee una historia de casi tres siglos. Sin embargo, buena parte de su patrimonio ha desaparecido con el paso del tiempo. Algunas pérdidas fueron causadas por el crecimiento urbano; otras por decisiones que privilegiaron “la modernización” sobre la conservación. El resultado: una ciudad que, poco a poco, ha visto desvanecer parte de su memoria material.

uno de los testimonios materiales más antiguos de nuestra ciudad

Un ejemplo de ello es el antiguo acueducto “De Cal y Canto”, ubicado en el cerro de la Cruz, el cual fue construido en 1771 para abastecer de agua a la antigua misión de Seris. Hoy solo se conserva un pequeño fragmento que logró sobrevivir a la demolición de 2019. Ese vestigio representa los orígenes de Hermosillo y constituye uno de los testimonios materiales más antiguos de nuestra ciudad. Su restauración y conservación permitirá acercar a la ciudadanía a los orígenes de nuestra ciudad. Algo similar ocurre con la Fuente de las Ranitas en el centro de la ciudad, inaugurada en 1900 y considerada la fuente más antigua de Hermosillo. Más que un elemento decorativo, forma parte del paisaje urbano que conocieron generaciones de hermosillenses y merece ser preservada como parte de nuestro patrimonio.

Tramo de la antigua acequia de “Cal y Canto”, considerada la edificación más antigua de Hermosillo, ubicada en el Cerro de la Cruz. Foto de BOA.

También es imposible olvidarnos de los espacios que desaparecieron y los cuales marcaron distintas etapas de la historia local: el parque de Villa de Seris (espacio del MUSAS); la Casa de los Ojitos (actualmente un estacionamiento), donde se hospedó el primer jefe Venustiano Carranza durante el periodo en que Hermosillo fue Capital Nacional de la Legalidad en 1913; el emblemático vitral de la Casa del Pueblo (desaparecido sin dejar rastro); los cines Sonora, Nacional, Lírico y Cinema 70 (convertidos en plazas comerciales) los cuales fueron escenarios de la vida cultural y social durante buena parte del siglo XX; o la torre del Molino El Sonorense (demolida para construir una tienda de refacciones de autos), la cual durante décadas, formó parte del paisaje urbano. A estas pérdidas se suma la transformación constante del Centro Histórico. La modificación y demolición de inmuebles antiguos, particularmente en la calle Serdán y el Blvd. Hidalgo, ha reducido el valor patrimonial de una de las zonas con mayor significado para la historia de Hermosillo. De igual forma, la desaparición en 2012 del histórico puente y los juegos del Parque Madero, instalados en 1935, deja en evidencia cómo incluso los espacios públicos más emblemáticos pueden perder elementos que forman parte de la memoria colectiva.

Desaparecido homenaje a Carranza en lo que hoy es MUSAS. Fotografía de Joel Montoya.

Pero no todo está perdido, Hermosillo todavía conserva espacios que merecen una atención decidida, como la Plaza Emiliana de Zubeldia (popularmente llamada “Plaza de los Dogos”), la Plaza de los 100 años, el Parque El Mundito, la Plaza Hidalgo y muchos edificios y casas históricas que aún resisten el paso del tiempo. Protegerlos hoy significa evitar que mañana solo existan en fotografías o en los recuerdos de quienes los conocieron.

es invertir en cultura, educación, turismo y

La conservación del patrimonio no debe entenderse como un obstáculo para el desarrollo. Por el contrario, las ciudades que mejor han preservado su identidad son aquellas que han sabido integrar su historia al crecimiento urbano. Restaurar un edificio histórico, recuperar un espacio público o poner en valor un vestigio arqueológico o arquitectónico no es mirar hacia atrás; es invertir en cultura, educación, turismo y sentido de pertenencia.
El posible regreso del Hermosillo Flash representa una oportunidad extraordinaria para abrir una conversación sobre el patrimonio de nuestra ciudad. Ojalá no sea un proyecto aislado, sino el punto de partida para una política integral que impulse la conservación, restauración y difusión de aquellos espacios que narran la historia de Hermosillo.
Porque una ciudad no pierde su identidad de un día para otro. La pierde cada vez que desaparece un edificio histórico, una plaza, un monumento o un espacio que contaba parte de su historia. Del mismo modo, una ciudad fortalece su identidad cada vez que decide proteger aquello que la hace única.
Si el Hermosillo Flash vuelve, ojalá no regrese solo. Ojalá vuelva acompañado de un renovado compromiso con la memoria histórica de nuestra ciudad. Tal vez sea mucho pedir. Tal vez sea solo un sueño de un estudiante de Historia, pero… ¿y si sí?

Por Brayant Othón Arballo

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Torre del Molino El Sonorense en el Barrio de El Mariachi, un referente del paisaje urbano de Hermosillo durante buena parte del siglo XX. Foto de BOA.
La fuente más antigua la ciudad, la de “las ranitas” en total abandono y tal vez, proxima a desaparecer. Foto de BOA.
Demolición de la torre del molino El Sonorense, para dar paso a “la modernidad”. 2026. Foto de BOA.

Sobre la autora / autor

Brayant Othón Arballo es estudiante de la Licenciatura en Historia de la Universidad de Sonora y divulgador digital de la historia regional. En 2025 recibió el Premio Municipal de la Juventud, en la distinción "Identidad y Raíces", por su labor en la difusión y preservación de la historia y el patrimonio cultural. A través de sus redes sociales comparte historias, fotografías, investigaciones y curiosidades sobre Hermosillo y Sonora, con el propósito de acercar el pasado a las nuevas generaciones. Síguelo en Facebook como Brayant Othón Arballo y en Instagram y TikTok como @brayant_othon o escríbele a brayantharballo@gmail.com

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