Berlín, Alemania.- Hace 40 años, el sociólogo Jack Kloppenburg constataba “que la historia natural ha empobrecido genéticamente las regiones del mundo en las que hoy se encuentran las naciones capitalistas avanzadas. Paradójicamente, casi todos los cultivos económicamente importantes, e incluso la agricultura misma, provienen de lo que hoy se conoce como el Tercer Mundo». Pocas plantas ejemplifican esa observación global mejor que el maíz, incluso en Sonora, la tierra en la que los tacos de maíz a veces “se acaban de acabar”, como decía un taquero célebre de Hermosillo.
Según el Catálogo de maíces nativos de Sonora del difunto Dr. Alejandro Ortega Corona, el nombre mismo de ese estado se remonta posiblemente a una palabra ópata, xunuta, que significa “el lugar del maíz”. Originando en Mesoamérica hace 9000 mil años, la cultura maicena migraba con la gente desde el sur hacia la región llamada “Oasisamérica”, que incluye partes orientales y septentrionales de Sonora. Desde hace más o menos 3500 años, entonces, hay maíz en tierras sonorenses. El desierto de Sonora, como parte de la región aridoamericana, cuenta con presencia maicena desde ca. 1500 años, según los hallazgos cerca de Trincheras. Durante la migración del maíz, se continuaban las cruzadas genéticas que son tanto típicas como únicas de esta planta.
¿Hijos del maiz (sic)?
En botánica, el maíz se considera una planta modelo para estudios genéticos, por lo que se le conoce también como “la Drosophila del mundo vegetal”. Debido a sus caprichosas propiedades de reproducción, es probable que el maíz haya sido manipulado desde siempre, porque necesita la presencia del ser humano para poder reproducirse. Al ser una planta de polinización cruzada, depende de que los seres humanos recojan y siembren sus semillas. Por lo tanto, el maíz es, en palabras del antropólogo mexicano Arturo Warman, un hijo del ser humano, nuestro pariente vegetal. Sin la intervención del ser humano, el maíz desaparecería en poco tiempo, afirma Warman. La extraordinaria diversidad fenotípica y genética existente en las razas es consecuencia de la compleja interacción entre el maíz y el ser humano. Dada su idoneidad como verdura o cereal, el africanista y “maicenista” James McCann le atribuye una «personalidad dividida». Leyendo tales nociones de expertica, uno piensa que la relación con el maíz se presenta tan desafiante como la relación entre humanos mismos. Desde una vista paleofilosófica (esta palabra me la he inventado yo), ni siquiera queda claro si el hombre se domesticó al maíz o si fue al revés. Como el grano requería la presencia del ser humano, éstos últimos se sedentarizaron al lado del primero, tomando en cuenta graves cambios de su alimentación y, gradualmente, convirtiéndose en agricultores. Mas tarde, para seguir en esta línea de pensar, el maíz usaba al hombre para dispersarse primero por toda América, y luego por todo el mundo.

Hoy en día, el maíz es, después del arroz y el trigo, el alimento básico más cultivado y comercializado en el mundo. Estados Unidos es desde hace décadas el mayor productor y exportador mundial, debido a sus avances de maíz híbrido y transgénico. Ningún país importa tanto maíz como Japón, seguido de Corea del Sur. A pesar de estos superlativos concentrados en los países industrializados, o quizá precisamente por ellos, el maíz ocupa un lugar central en la seguridad alimentaria mundial. Una de las razones de la importancia del maíz en cuanto a su difusión y volumen de cultivo es su versatilidad como producto almidonado, aceite comestible, fuente de proteínas, su idoneidad para la producción de alcohol, como edulcorante, como combustible. Se cultivan variedades especiales de maíz para obtener almidones «de diseño» que se utilizan en la industria farmacéutica, por ejemplo, para fabricar envolturas comestibles para medicamentos (pastillas). Un maíz denominado «super slurper», que absorbe casi 2000 veces su peso en humedad, se utiliza en pañales desechables y colchones. Prácticamente todos los alimentos procesados contienen maíz debido a los aditivos de almidón o grasa, al igual que casi todos los productos de origen animal, que en última instancia son maíz procesado o metabolizado. Encima de eso, el maíz tiene una extraordinaria capacidad de bioacumular metales pesados (por ejemplo, cadmio y zinc), por lo que se está probando como descontaminante natural para suelos contaminados con tales metales. Su carrera mundial impresionante, que en lo siguiente esbozamos brevemente, lo debe sobre todo a su adaptabilidad regional en convivencia con el ser humano.
Maíz en el mundo
Hacia 1500, el maíz ya era tan diverso que los agricultores del «Viejo Mundo» no tenían problemas para encontrar variedades que se adaptaran a las diferentes condiciones climáticas y suelos, e incluso a los distintos gustos y métodos de procesamiento. En la primera mitad del siglo XVI, el maíz se cultivaba como planta de jardín en toda la Europa, con la excepción del norte frío. En los libros de herboristería germanoparlante se lo describía como «grano italiano» o «grano turco», porque de allí se introducía a tierras alemanas. Otras denominaciones son trigo de India, mijo francés o trigo de Rodas. Adicionalmente a su variedad caprichosa y personalidad múltiple, el maíz es un grano de gran internacionalidad.
En ningún lugar los alimentos procedentes de América han tenido una mayor influencia en la cocina nacional que en África, especialmente el chile, el tomate, la yuca, el cacahuate y el maíz. Es muy probable que el maíz fuera introducido por los navegantes portugueses. Sin embargo, las pruebas lingüísticas apuntan a una influencia más significativa de las rutas de las caravanas que conectaban el África subsahariana con Egipto a través de Chad. Los mandé de África occidental tienen un hermoso y complejo mito de la creación que incluye la aparición del maíz y su migración con ellos hacia el este, bajando por el Rio Níger hasta el lago Debo. Tan rápido el maíz se aclimató a todos los lugares que se olvidó su origen externo y se lo veía como planta de origen local. Así era tanto en África, como en Asia. A mediados del siglo XVI, el maíz ya se había extendido por lo que hoy son Indonesia, Filipinas y Tailandia. Pronto, otras regiones en Asia del sureste adaptaron al maíz, extendiéndose hasta la Nueva Guinea. A principios del siglo XVII, el maíz se introdujo a gran escala en China. Allí adquirió una importancia primordial, ya que permitía aprovechar suelos de menor calidad y su cosecha ayudaba a cubrir el déficit invernal. En el siglo XIX, calculan Shuo Chen y James Kai-sing Kung en su artículo Of maize and men, el cultivo extendido de maíz fue la causa principal de un aumento de la población china en una quinta parte.
Los funcionarios de los Estados coloniales europeos, por su parte, tendían a estigmatizar el maíz como un cultivo de indígenas perezosos, cuyo principal objetivo era eludir el trabajo.
El maíz se podía cultivar sin problemas junto con otras verduras. Maduraba rápidamente, se podía utilizar como alimento para el ganado, se conservaba bien una vez seco y era nutricionalmente superior al tipo de arroz que se plantaba en las tierras montañosas. Se podía cultivar en zonas que eran demasiado altas, empinadas, secas e infértiles para el arroz. Estas ventajas permitieron a los pueblos colonizar nuevas zonas que antes les estaban vedadas. De esta manera, el maíz se convirtió en lo que James Scott llama un “cultivo de escape” (escape crop) porque permitió a una comunidad sobrevivir fuera del alcance del Estado. Tanta gente aprovechó esta oportunidad que se produjo una verdadera redistribución de la población hacia las montañas. Los funcionarios de los Estados coloniales europeos, por su parte, tendían a estigmatizar el maíz como un cultivo de indígenas perezosos, cuyo principal objetivo era eludir el trabajo.
En Europa, los alimentos básicos tradicionales como trigo, centeno, cebada y avena, eran cultivos de invierno o primavera. El maíz no competía con ellos, sino que los complementaba, también y precisamente por su corto periodo de maduración. Aprovechaba las tierras en barbecho y las hacía productivas durante el verano, que antes era una época muerta para el cultivo de cereales. A diferencia de Asia, el maíz no se utilizó para abrir nuevas tierras de cultivo, sino los campos en barbecho estacional. Esta situación, analiza Warman en La historia de un bastardo: maíz y capitalismo, podía explotarse fácilmente en el marco de la lógica de la reproducción del capital. Especialmente en los Balcanes y el valle del Danubio, el maíz liberó una mayor parte del cereal más caro, el trigo, para el mercado de exportación. Así, las ganancias de los grandes terratenientes aumentaron, mientras a los campesinos el maíz les privó de sus alimentos tradicionales y aumentó su carga de trabajo en las épocas del calendario agrícola que hasta entonces eran menos intensas. El maíz fue promovido agresivamente por los terratenientes porque servía directamente a sus intereses y se impuso contra la voluntad de los campesinos.
Híbridos y política
Como cultivo, nos enseña el agrónomo mexicano Efraím Hernández Xolocotzi, el maíz es capaz de mejorarse a sí mismo. Fue el primer cereal en el que se utilizaron semillas híbridas y cuyo uso comercial se extendió ampliamente. El concepto clave en el cultivo moderno del maíz es lo que la ciencia botánica denomina heterosis o vigor híbrido. Se refiere al fenómeno causado por la interacción de material genético favorable y manipulado por los cultivadores profesionales de maíz para producir híbridos. El auge del maíz como producto comercial global se debe, en primer lugar, a la adopción mundial de variedades híbridas de maíz, que comenzaron a cultivarse en 1933 en Iowa, EE. UU., y que duplicaron la cosecha de maíz hasta mediados de la década de 1950. Según algunos analistas nacionalistas de EEUU, el aumento de los rendimientos gracias a los híbridos había financiado el desarrollo de la bomba atómica, y la introducción del maíz híbrido había impedido la propagación del comunismo en Europa occidental después de la Segunda Guerra Mundial, ya que garantizó una base alimentaria adecuada a una región diezmada. La manipulación del maíz se llevó a cabo en los países industrializados sobre todo con la intención de producir forraje para ganado y aumentar el consumo de carne. En Europa y Estados Unidos, por ejemplo, solo el 4 % del maíz se cultiva para el consumo humano. En África, son el 95 %. Aquí como allá, los agricultores se ven obligados a comprar cada año nuevas semillas de maíz híbrido, dado que pierden sus propiedades positivas en la siguiente generación. Las grandes empresas de la agroindustria han patentado sus logros en materia de cultivo y han adquirido una posición de monopolio. Esto ha consolidado las dependencias ya existentes de los agricultores del Sur Global.
Pero el crecimiento exponencial de la cosecha de variedades híbridas de maíz no hubiera sido posible sin el acceso de las instituciones de investigación agrícola del llamado «cinturón del maíz» de los Estados Unidos al acervo genético (germoplasma) altamente diverso de los agricultores indígenas de América Latina. A diferencia de la mayoría de los demás cultivos importantes, que se polinizan por sí mismos, el maíz es una planta de polinización abierta con flores masculinas (espiga) y femeninas (jilote) separadas por un metro o más. Esta característica facilitó una polinización controlada de la Drosophila del reino vegetal. En pocas décadas, constata el historiador Derek Byerlee, la tecnología de hibridación se dispersó desde EEUU por todo el mundo, intensificando la globalización del maíz. Un maíz híbrido llamado “Tequisate Golden Yellow”, por ejemplo, fue desarrollada en una sucursal del Iowa State College en Guatemala a partir de germoplasma local y cubano, para ser plantado en Indonesia y Tailandia. Tequisate se demostró estar perfectamente adaptada a las condiciones locales en Tailandia y ser muy adecuada para la exportación. El éxito fue espectacular: su comercialización con el nombre “Gotemara” (por su origen en Guatemala) aumentó la producción entre 1950 y 1965 por el factor cuarenta. Casi toda la cosecha se exportó a Japón, convirtiendo Tailandia temporalmente en el cuarto exportador mundial. Otro ejemplo es el híbrido de una variedad local africana con germoplasma de Ecuador que se elaboraba conjuntamente en Kenia, México y Colombia. Como muestran estos ejemplos, los pequeños agricultores realizaron la contribución más importante a los programas de fitomejoramiento del maíz en todo el mundo, al proporcionar variedades y razas de maíz muy diferentes que ellos mismos habían desarrollado, incluyendo la diversidad parental, las fuentes de resistencia a las enfermedades del maíz y otras características. Las variedades de maíz cultivadas durante siglos por los agricultores indígenas siguen estando mejor adaptadas a las condiciones microclimáticas locales que las variedades de maíz manipuladas, y producen cosechas abundantes y fiables.
El germoplasma, la información genética codificada en las semillas, es la materia prima que utilizan los fitomejoradores. El desarrollo de la agricultura en los países capitalistas avanzados ha ido acompañado de la obtención sistemática de esta materia prima en las zonas periféricas, ricas en genes. Y la productividad agrícola en el núcleo capitalista sigue dependiendo fundamentalmente del suministro constante de material vegetal procedente del «Tercer Mundo». Esta acumulación primitiva de germoplasma vegetal para su procesamiento en las instituciones científicas del mundo desarrollado es una de las características constantes de la relación histórica entre el núcleo capitalista y su periferia global. Desde un punto de vista cuantitativo, el centro ha recibido mucho más material del que ha suministrado a la periferia. Históricamente, los recursos genéticos del Tercer Mundo se han considerado un bien gratuito, un «patrimonio común de la humanidad». Sin embargo, las variedades vegetales manipuladas que contienen material genético originario del Tercer Mundo ya no se consideran allí bienes gratuitos, sino mercancías.
A manera de conclusión, un llamado a la acción
Durante su viaje por el “Mundo Viejo”, el maíz ha sustituido cereales tradicionales como el sorgo y el mijo. En Sonora, al contrario, el maíz ha sido sustituido en muchos lugares por sorgo, pastos forrajeros y ajonjolí. En algunos partes, se mantiene la producción de razas nativas como Chapalote o Reventador solo para elaborar pinole que se comercializa en el mercado local. En Sonora, “el lugar del maiz” o xunuta, la diversidad genética de los maíces nativos de Sonora es única, pero hoy día queda expuesta a la influencia de transgenes contenidos en híbridos comerciales de maíz genéticamente modificados. Guardar y explorar esa diversidad heredada desde milenios, como lo exige el catálogo de maíces nativos de Sonora, y la voz de 72 autores en las “respuestas acerca del maíz” que editó Carmen Morales Valderrama, es una tarea tan urgente como noble. De una forma u otra, todo el mundo estará agradecido por estos esfuerzos. Y los tacos de maíz nunca se acabarán de acabar.
Bibliografia (en orden de aparición)
Kloppenburg, Jack., First the Seed: The Political Economy of Plant Biotechnology 1492-2000. Bibliovault OAI Repository, the University of Chicago Press, 2005.
Catálogo de maíces nativos de Sonora, ed. por Alejandro Ortega Corona, María Gricelda Vázquez Carrillo et. al., México, D.F. : Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias [México]: Colegio de Postgraduados, 2013.
Messer, Ellen: Maize. in: Kiple KF, Ornelas KC, eds. The Cambridge World History of Food. Cambridge University Press; 2000: 97-112.
Warman, Arturo., La historia de un bastardo: maíz y capitalismo, UNAM, Instituto de Investigaciones Sociales, FCE, Mexiko, 1988.
McCann, James C., Maize and Grace: Africa’s Encounter with a New World Crop, 1500-2000, Harvard University Press, 2005.
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Revilla, Pedro (Hrsg.)., “Traditional Foods from Maize (Zea mays L.) in Europe.” Frontiers in nutrition, Vol. 8, 2022.
Shuo Chen and James Kai-sing Kung: Of maize and men, in: Journal of Economic Growth, March 2016, Vol. 21, No. 1 (March 2016), pp. 71-99.
Scott, James: The Art of Not Being Governed. An Anarchist History of Upland Southeast
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Hernández Xolocotzi, E. Razas de maíz en México, su origen, características y distribución, Secretaría de Agricultura y Ganadería, México 1951.
Byerlee, D., “The globalization of hybrid maize, 1921–1970.” Journal of Global History, 15, no. 1, 2007, 101–122.
Morales Valderrama, Carmen (ed.): Respuestas acerca del maíz: la voz de 72 autores. 3 Tomos, México, Instituto de Antropología e Historia, 2021.
Este artículo se publicó originalmente en nuestra versión impresa número 17:
DISPONIBLE (¡GRATIS!) EN PDF ACÁ ABAJO:
…Y cuya presentación se reseñó acá:
Del maíz y otros amigos: ecos de una nueva ‘prese’ de Crónica Sonora
POSDATA: La frase final del autor (Y los tacos de maíz nunca se acabarán de acabar) remite al legendario Muñeco:
AGRADECEMOS EL PATROCINIO DE LA UNIVERSIDAD LIBRE DE BERLÍN 🙂



