Con tanta actividad cultural de los últimos días en Hermosillo, me llegué a sentir un poco aturdida. Entre tanto alboroto con la Expogan y con las Fiestas del Pitic, la noche del sábado acudí al Encuentro Kinero por el 14 aniversario luctuoso del sacerdote Pedro Villegas Ramírez, fundador del Instituto Kino. Como si se tratara de una escena detenida en el tiempo, fuera del bullicio hermosillense, fue una velada muy tranquila y amena que me hizo reflexionar sobre el legado que personas extraordinarias como el padre Pedro nos dejan.

El clima fue de lo más agradable, ubicados en el jardín lateral de lo que un tiempo fue la casa de don Pedro y que ahora es el Hogar Estudiantil Kino para Mujeres. Al lado de un mezquite que nació torcido pero que logró vencer las adversidades del clima extremoso gracias a que el padre fue no sólo un filántropo que ayudó a miles de niños y jóvenes a forjar sus sueños, si no también un amante de la naturaleza.


El lugar se transformó en un espacio de reflexiones y convivencia, al cual asistieron egresados del instituto y estudiantes que actualmente forman parte de la matrícula. Compartieron anécdotas e historias que retratan al padre como todo un brillante personaje que convertía carencias en oportunidades, que supo moverse y actuar inteligentemente para calmar el hambre de muchos niños en situación vulnerable. Nadie imaginaba lo significativo que sería el momento en que una de las estudiantes de las primeras generaciones del Hogar Estudiantil femenil otorgara un diploma de agradecimiento a quienes forman parte de la Fundación Padre Pedro Villegas Ramírez.

Lo que permitió alegrar y darle mayor ánimo al final del evento fue la participación de la estudiantina de la Unikino, la cual es dirigida por Manuel Ramírez, quien se desenvolvió de una manera chusca y traviesa que hizo que el público aplaudiera gustoso y con espíritu de fiesta. Tanto fue así, que al cerrar el evento me regresaron los ánimos de volver al fandango de las fiestas pitiqueñas… pero esa es otra historia.



