Ayer fue el día del reguetón en el Super Bowl y nos recordó el pendiente de publicar en el site el ensayo de Socorro García originalmente publicado en nuestra edición impresa dedicada a la música y la locura 😛
Estaba loco por perrearte
Es que tú ‘tás dura
Ese culito Dios lo guarde
Báilame, pura
Loco por perrearte (2022, De la Ghetto/Rauw Alejandro)
La pandemia, como sabemos, fue un mundo al revés… los jóvenes navegaban infinitamente por todos los recovecos que les brindaba Zuckenberg, digo, las redes sociales. Yo misma me vi aturdida por tanto streaming pero sobre la música nueva ni idea. Como acto de magia, la Noe vino a casa varias veces. Venía con whisky barato y harta cerveza para pasar las noches aletargadas del primer verano pandémico… escuchábamos música y ella bailaba reguetón, sí… algo así como Ella baila sola (2023), pero no, más bien, si mal no recuerdo era Yo perreo sola (2020) del conejo malo, entre infinidad de canciones que reproducía la playlist. Hace mucho tiempo me hice la promesa de no escuchar más reguetón. A partir de esa imagen de la Noé contorsionando el culo, el beat se anidó en mi psique y durante el resto de la pandemia consumí reguetón. Particularmente seguí al Rauw Alejandro y a todos los colaboradores que Bad Bunny invitó, como especie de Rey Midas, a consagrarse en el género. Qué decir del éxito La noche de anoche (2020) con la Rosalía, que más tarde, según mis estudiantes de comunicación —compositores y «autoridades» centennials de la música contemporánea— en sus exposiciones dijeron que la propuesta de Motomami (2022) es neo-reguetón. No morí ese día. Sigo teniendo mis dudas si ese género existe, incluso lo googleé para redactar esta crónica y na´a. No obstante, Gemini dice que: “El término «neoreguetón» es interesante porque aún se encuentra en una etapa incipiente y su definición no está completamente consolidada”.
Así las cosas, el infame editor dijo que le escribiera sobre reguetón. Le respondí que mejor sobre “El fentanilo y el Mercado No. 2”. Dijo no. Insistí en “Corridos bélicos”. Él muy infame, volvió a decir no. Entonces pensé en mi alumnos y alumnas que me esperaban a medio día, en plena canícula, para iniciar la clase con videos a todo volumen del Rauw, el Benito y algunas bandas regionales (de eso tampoco sé mucho). Pero bueno, el punto es que el reguetón se convirtió en un eje de comunicación entre los estudiantes que recién regresaban de la pandemia y la profesora de COE… así que el rompehielo fueron exposiciones que reflexionaban sobre temas culturales y su impacto durante la pandemia. De ahí salió el neo-reguetón, ahí me enteré (cosa que no me la creo ni, aunque la virgen me lo cuente) que el Rauw Alejandro canta bien sin el autotune. Sobre todo, me percaté de las letras musicales que consumen los jóvenes latinoamericanos en la actualidad.
Por ese tiempo, mudé de la plataforma del FB al IG, así que me hice adicta a seguir páginas de reguetoner@s. Según yo para estar al día con los estudiantes y nada. Entre más escuchaba, más me interesaba sobre el fenómeno cultural que representa este tipo música proveniente del caribe, particularmente de PR, como dicen ellos. Una corriente estética que representa una forma de estar en el mundo. Siempre la ontología. Ya lo sé. Pero cómo juzgar las letras y los recursos estéticos, qué decir de los videos y todo el flow que emana alrededor de esta expresión cultural si no exploramos grosso modo sobre el fenómeno en su totalidad. La estética reguetonera esta plasmada de videos musicales de alta producción con mujeres exuberantes, intervenidas quirúrgicamente, adornadas con extensiones de cabellos de todos colores agitadas al ritmo de movimientos pélvicos; coches lujosos, ropa de Fendi o Balenciaga por citar las menos, joyas hechas a la medida retacadas de brillantes que penden del cuello de los artistas y un sinfín de símbolos vinculados al poder del dinero. Poder de ser vistos.
Poder identitario de estados caribeños que viven en condiciones de vulnerabilidad, precarizados de muchas formas en relación con la hegemonía dominante. El reguetón como todo un acto musical parafernálico de exportación mundial. Hannah Arendt en La condición humana (2009) señala que la palabra «público» significa dos fenómenos estrechamente relacionados. El primero, dice: “todo lo que aparece en público puede verlo y oírlo todo el mundo y tiene la más amplia publicidad posible”. Sí, justamente, como las plataformas digitales que reproducen el reguetón irremediablemente para todo el mundo. El género apareció en la escena musical mundial como un acto político para ser reconocidos. Reconocida su isla, reconocida su cultura. El segundo, “significa el propio mundo, en cuanto es común a todos nosotros”, es decir, la esencia del género nos permea a todos, aunque no lo escuchemos el género está ahí reproduciéndose para todos y todas contándonos sus historias. Mutó de PR a Latinoamérica y de ahí a Canarias y pa’ to’o el mundo.
Es inevitable no oírlo, no verlo. Imágenes acústicas de letras y movimientos corporales acompañados de un boato cargado de excentricidad nos recuerda que allá en el Caribe como acá en México —con los corridos bélicos y los corridos tumbados— los jóvenes expresan una realidad social que se retuerce dentro del poder hegemónico que nos come la entraña. Un mundo de jóvenes cuya ideología pende de las redes sociales, del número de vistas, de las reproducciones en Spotify o YouTube…del valor cultual que significa ser visto. Chul Han en La Sociedad de la transparencia (2013) dice que “la hiperiluminación de una persona maximiza la eficiencia económica. El cliente transparente es el nuevo morador, el hombre sagrado del panóptico digital”. Así que ya saben, cada vez que —como yo— después de una jornada de trabajo, que no lleva a ninguna parte, regresen a casa y deambulan por sus dispositivos inteligentes (moren en las redes) a través de páginas y páginas digitales, piensen en el fenómeno reguetonero como una forma sociocultural de existir en el mundo. Claro, sin dejar de ver cómo se vistió la Karol G (Col) para su primer Met Gala —una vez que se convirtió en la primera artista femenina en ganar la categoría mejor álbum con Mañana será bonito (2023) en Los Premios Grammys Latino—; o cuáles son las propuestas musicales (si es que las hay) de Yailín la más viral (RD), de Tokischa (RD) o Young Miko (PR) por citar algunas de las reguetoneras latinoamericanas que exportan el género al mundo.
Como colofón, hace un par de días me quedé en casa revisando unas referencias, ahora escribo sobre la Revolución industrial y el fin de mundo. A media mañana, el hijo, sus compañeros y compañeras de clase llegaron a realizar el proyecto final de química. Están por finalizar su educación media superior. Acaban de realizar el Ceneval para ingresar a las carreras de Ingeniería Bioquímica o Licenciatura en Medicina, lo primero que hicieron fue encender la TV y poner a Quevedo a todo volumen… más tarde, fui a una reunión de las Fra-Fra en la casa de la Noe. Dijeron hamburguesas y cervezas para ponernos al día… al día con una playlist de reguetón mixeado, eso fue lo que dijeron que era. Yo pensé en el neo-reguetón y el fin del mundo… pensé en las campañas políticas de las contendientas a la presidencia de la República Mexicana, pensé en la huelga de las dos principales universidades de Sonora, pensé en el recibo de la luz, pensé en el festejo del día de las madres en el liceo católico, pensé en Neo y el conejo blanco, pensé y pensé para que el beat no me comiera el cerebro…
Texto y fotografía por Socorro García
https://www.instagram.com/coyo.garcia/


