Escasean las plumas originales hoy día…

Pero en Crónica Sonora tenemos una de ellas 🙂


Derecho laboral

El panadero de por la casa me ofreció trabajo una vez, cuando hace unos años mi esposa me mantuvo algunos años:

—No pago mucho y tampoco me gusta que me queden mal.

Terminó por no pagarme los 400 pesos semanales y yo tampoco pude quedar bien debido a la manutención que recibía por entonces.

Ahora, siendo Godínez desde casa, sólo les encargo el pan a mi esposa y mi hijo, que a mí me da vergüenza admitir mi victoria en su cara o ¿viceversa?

Pd: Vendía muy caro el pan. 

Pd no. 2: Por navidades lo vi tronando cohetes junto a sus hijos cuando regresabamos  de nuestros festejos.

Yo iba intoxicado y con el falso French Puddle herido por una trifulca sucedida entre mis perros a causa de  los estallidos.

Se lo eché en cara invitándole a tronarlos en lo más oscuro de su ser.

Pd no. 3: Vende más caro el pan desde que paga derecho de piso.

Carta para el hijo de un escribidor 

Como cualquier otro escritor, no sobrevivo escribiendo. Reviso facturas, recibos y correos electrónicos para una compañía de seguros gabacha: cientos al día son miles de dólares en daños a la propiedad privada en gringolandia.

Esa es mi muerte en un Call Center para vivir reescribiendo. Soy todos los horribles personajes del libro.

Me contó Isidoro, en otro centro de llamadas donde ofrecíamos créditos con tasas de interés al 700%, sobre la devaluación del espíritu yendo más al sur del país: un día de cosecha en un monte cafetalero de su natal selva chiapaneca, un fantasma se le apareció en la talla de una niña de primaria, infantil e inocente jugaba sola en la salvífica jungla como si no pudieran darle caza, así que Isidoro tomó una piedra, se escondió entre matorrales y, mutatis mutandis, la niña desapareció cuando él le caía encima para capturarla, violarla y asesinarla con amok entre plantas del mejor café que existe, según aquel cretino.

Nuestro supervisor, un pocho de la dieciocho detenido y deportado por tráfico de armas, le dijo: le haigas hecho un donkey punch, padrino.

Pasarán los años, mis cuentos, los días de descanso abonando a mi eutanasia 48 horas por semana, que ha llegado el primogénito. Le amo, Marx, dejadle tu jodido plato de lentejas.

El autor y su can

Sobre la autora / autor

Infección cultural, reciprocidad y jijijí desde Tijuana

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