Se estremeció la Eternidad al presenciar 

al hombre engendrando su semejanza 

sobre su propia imagen divina.

El libro de Urizen, William Blake.

Imagine un ser cuyas arterias son canales de nanofluidos, con una fina capa de piel cyborg capaz de cambiar de textura y color con fines de expresión personal o camuflaje; un ser con la capacidad de almacenar sus recuerdos en una nube distribuida, con un sistema inmunológico editado con genes de tardígrados para resistir la radiación y decidir, en momentos de crisis, sincronizar la conciencia con las de otros para formar una mente colectiva, disolviendo el yo en un coro de experiencias fusionadas. Este ser no es una proyección lejana, sino la figura central que desvela la premisa radical de Michelle Giovanni, contenida en el título de su más reciente libro: Nunca fuimos humanos. Una denominación provocadora que representa un giro sutil, pero poderoso, de la propuesta de Bruno Latour en su legendario libro Nunca fuimos modernos (de hecho, el inicio del libro de Michelle Giovanni es un homenaje al de Latour, mientras este discurre por las noticias de aquel entonces (1991) en el periódico, nuestro autor lo hace desde la pantalla de un dispositivo inteligente, dirigido por un algoritmo insidioso).

Para Michelle Giovanni, decir nunca fuimos humanos no implica negar la humanidad, sino desmontar una ficción ontológica:

nunca existió un ente puro, autónomo, separado de la materia, de la técnica y de la naturaleza. Nuestra civilización occidental proclamó la purificación de esas esferas mientras, en la práctica, siguió produciendo cada vez más híbridos: ensamblajes donde humanos, animales, máquinas, instituciones y tecnologías coactuaban. El humano moderno se pensó como centro soberano, mientras el humano real siempre fue una red de mediaciones. 

Este ensayo explora cómo el transhumanismo filosófico, en su búsqueda por trascender la condición biológica, no hace sino llevar al extremo esta naturaleza híbrida, proponiendo una nueva trinidad encarnada: animal-humano-máquina. Esta triada encierra una paradoja fundamental: anhela alcanzar atributos divinos (trascendencia) mediante un apego a lo material (inmanencia), un drama que se proyecta en el bioarte, la ciencia ficción y las profecías distópicas. Pero esta fantasía de la encarnación en potencia no acontece fuera del mundo: se realiza a través de circuitos y algoritmos, de cuerpos humanos y animales intervenidos. La nueva trascendencia parte de la técnica y lo artificial. 

El Homo aeternus surgido de la fusión de la tecnología con lo humano y lo animal representa una insurrección teológica (se llega a Dios por medios técnicos y por ello se subvierte el dogma espiritual clásico), pero ello no representa una insurrección revolucionaria, sino disruptiva, como comenta con acierto el autor para evitar una negación absoluta desde el interior de la teología cristiana. Así, el Homo aeternus, que se significa como un tercer cuerpo capaz de identificar a los demás entes ajenos a él, tiene la virtud de romper la clásica jerarquía moderna. El tercer cuerpo se asegura de aplanar los tres órdenes en un mismo horizonte transhumano.

Para llegar a la constitución transhumanista (que el autor se asegura de desmarcar de una visión reduccionista de lo híbrido por una diversificada perspectiva que relaciona lo animal, lo maquinal y lo humano bajo un impulso “subrepticio” de antropomorfización), Michelle Giovanni nos ha de llevar al reencuentro con el numen filosófico de la modernidad: el método de Descartes, las mónadas de Leibniz y la necesidad del contrato social de Hobbes. Ilustradores de una “constitución moderna” que separa artificialmente los dominios de la naturaleza y lo social/humano, depuraron las concepciones epistemológicas, ontológicas y políticas. Por un lado, Descartes separa la mente del mundo computable (las famosas res cogitans y res extensa); mientras que Leibniz modela un universo compuesto por mónadas que lo reflejan desde sus perspectivas cerradas, sin que exista interacción causal directa entre ellas; y por otro lado en Hobbes la política expulsa el caos de la naturaleza para instituir el contrato social como un artefacto diseñado por y para los humanos. Así, el Homo sapiens se nos aparece como un ser autónomo, autocontenido, soberano, cuando en realidad siempre se encuentra enredado con tecnologías, animales, climas y contextos sociales mixtos y bizarros.

Lo paradójico es que la inteligencia artificial deviene un objeto imposible para la imaginación moderna: de herencia cartesiana, la IA se erige como la representación de la razón formalizable, la expresión última de la separación del pensamiento reflexivo y el cuerpo, o más bien, la descarnación de la mente; como el sueño húmedo de Leibniz, las mónadas son algoritmos capaces de cuantificar la realidad a través de una aparente lógica universal; y finalmente, el juego político se mueve ahora mediante una especie de “técnica neutral”, pero que conduce a la polarización ideológica mediante el manejo de los algoritmos. Todo esto marca a la IA como un cuasiindividuo y rompe la fantasía de la pureza humana moderna.

Con ello, abordamos la idea de que el humano no constituye una anomalía histórica, sino la explicitación visible de una verdad latente:

lo humano siempre fue técnico, siempre fue animal, siempre fue más que humano. La diferencia contemporánea no es ontológica, sino de grado, velocidad y conciencia de sí. El transhumanismo filosófico se concibe como un mito fundacional que intenta dar forma a la experiencia humana en un tiempo de transición. Así como las antiguas cosmogonías narraban el origen del mundo y el destino del universo, el transhumanismo nos habla de un futuro donde nos transformamos en algo más: un ser que ya no se define por la fragilidad de su carne, sino por la fusión con la máquina, por la manipulación genética, por la expansión de la mente hacia lo digital. Así también, imagina nuevas identidades y rediseña pulsiones que acaso atravesarán funciones biológicas inéditas.

Sin ir más allá de esta deslumbrante exposición que realiza Michelle Giovanni, les invito a adentrarse en este ensayo, premiado en el año 2024 en el Concurso del Libro Sonorense. El autor se toma su tiempo y a través de distintos relatos ilustra el devenir de sus argumentos (desde Funes el memorioso, pasando por Dekalog y los X-Files, hasta el futurismo de Cronenberg), apegándose a un planteamiento pulido que desafía el silogismo lógico, la dialéctica y la deconstrucción, por lo que su discurrir se afilia más a la antropología simétrica. A través de estos cimientos, Michelle Giovanni revela un profundo compromiso con la filosofía como una de las herramientas más útiles para avanzar hacia una autodeterminación racionalmente controlada en el contexto del transhumanismo. Desde ahí, su libro intenta conciliar las aristas que ponen en peligro el pensamiento humano, tentado a abrazar un absolutismo tecnológico. Delimita con destreza y pulcritud intelectual un tercer cuerpo que emerge de la fusión de órdenes que paradigmáticamente se encontraban aislados. Michelle Giovanni nos alumbra una ruta urgente para rescatar del esencialismo tradicional una mirada más aterrizada y concreta de nosotros mismos.

Nunca fuimos humanos. Paradojas y garantías de la constitución transhumanista

Autor: Michell Giovanni

Editorial: Laberinto Ediciones / Instituto Sonorense de Cultura

Año: 2025

páginas: 130.

Sobre la autora / autor

Licenciado en Letras Hispánicas por la Universidad de Sonora y maestro en Letras Españolas por la UNAM. Ha obtenido, en diversas ocasiones, el premio del Concurso del Libro Sonorense en poesía, cuento, ensayo y novela.

OJO, acá hay más:

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *