Hermosillo, Sonora.-

En un contexto donde las cifras oficiales muchas veces son insuficientes o inconsistentes, contar con información propia se vuelve un acto político. La Base de Datos del Feminicidio en Sonora 2015–2025 nace precisamente de esa necesidad: documentar, visibilizar y entender una violencia que durante años ha sido fragmentada, minimizada o mal registrada.

Más que un repositorio de datos, esta herramienta es un esfuerzo por construir memoria. Cada registro representa una historia, una vida, una familia. Pero también permite ver algo más amplio: los patrones, los contextos y las condiciones que hacen posible el feminicidio.

La base surge ante dos problemas clave: por un lado, la falta de información oficial de calidad; por otro, la diferencia entre las cifras institucionales y los registros de colectivos ciudadanos. Esta brecha no es menor, porque de ella depende cómo entendemos la dimensión real de la violencia.

A partir de la sistematización de más de 70 variables —que incluyen desde datos sociodemográficos hasta información sobre el contexto del crimen, la relación con el agresor y la respuesta institucional—, la base permite analizar el feminicidio no como un hecho aislado, sino como parte de un entramado más amplio de violencia.

Uno de los aportes más relevantes es que integra distintas fuentes: medios de comunicación, boletines oficiales, registros ciudadanos y testimonios de familias. Esta triangulación permite no solo mayor precisión, sino también cuestionar las narrativas oficiales y evidenciar los vacíos en los registros institucionales.

Además, la base visibiliza algo fundamental: la relación entre desaparición y feminicidio. Muchos casos no comienzan con un asesinato visible, sino con una ausencia. Nombrar esa conexión permite entender mejor las dinámicas de la violencia y dimensionar sus alcances.

Otro aspecto clave es su enfoque. Lejos de limitarse a contar casos, la base incorpora una perspectiva de género e interseccional, lo que permite identificar cómo factores como la edad, el territorio, la condición social o las violencias previas influyen en la vulnerabilidad de las mujeres.

También pone en el centro algo que muchas veces queda fuera: la respuesta institucional. ¿Se investigan los casos? ¿Se clasifican correctamente? ¿Qué dicen las autoridades? ¿Qué hacen las familias para exigir justicia? Estas preguntas son parte del análisis.

Hasta 2025, se han registrado más de 700 asesinatos de mujeres en Sonora, de los cuales más de 530 pueden clasificarse como feminicidios. Estas cifras no solo muestran la magnitud del problema, sino también la necesidad de contar con herramientas que permitan entenderlo mejor.

La base de datos no está pensada solo para la academia. Es útil para periodistas, organizaciones civiles, instituciones públicas y familias de víctimas. Sirve para investigar, para diseñar políticas, para mejorar la cobertura mediática y, sobre todo, para exigir rendición de cuentas.

Sin embargo, también tiene límites. Depende en parte de fuentes hemerográficas y ciudadanas, lo que refleja tanto la fragilidad de los registros como la opacidad institucional. Pero incluso esas limitaciones dicen algo: muestran lo difícil que es documentar la violencia en contextos donde la información no siempre es transparente.

En el fondo, esta base de datos es más que una herramienta técnica. Es una forma de decir que cada caso importa, que cada historia merece ser contada y que la violencia no puede seguir siendo invisible.

Porque sin datos, no hay diagnóstico.
Y sin diagnóstico, no hay justicia.

Lizette Sandoval al micrófono en El Colegio de Sonora retratada por Perla J. Noriega

Sobre la autora / autor

Estudiante de doctorado en políticas públicas en IEXE Universidad. Maestra en Ciencias Sociales y en Comunicación Política. Fundadora de CI Consultoría del Centro de Investigación y Profesionalización en Política y Economía. sandoval.lizette@hotmail.com; @sandovalizette; www.lizettesandovaldecomunicacionypolitica.blogspot.com

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