Hermosillo, Sonora.- Mucho, mucho tiempo ha que abandoné «las canchas»: no me interesan cantinas, antros o conciertos. La vida nocturna se ha extinguido para mí. Y una visita más de los Tigres del Norte a esta ciudad era eso, una más. Empero, cuando supe que el asunto sería en La Ruina mi interés avivó: un lugar diferente, nada que ver con el palenque buchón, donde les había visto por última, hoy penúltima, ocasión. Dispuse, pues, asistir.

Tenía para mí que esta vez el público sería más variopinto que nunca: además del pueblo raso acudiría la «fresada», gente bien, ya que a ésta le va la música de los Hernández y el lugar supone la sede natural de la clase media hermosillense, impostada o no. Por tanto, mi interés se veía confirmado y aumentado.

Flyer del evento

Llegado el día, tomé providencias varias, como dormir bien y pre-copear mejor. Cruzamos el umbral a las 9.20 pm y el host de la prensa, Manuelito Borbón, declaró seguro: «a las 9.45 empiezan a tocar». Se equivocó por una larga larguísima hora, si bien los propios Tigres comentaron fallas técnicas a la hora de montar el escenario: «queríamos mostrarles unas imágenes que les traíamos preparadas, pero no sé pudo por fallas de última hora», comentó apenado el tigre mayor, Jorge Hernández de Grijalva, por cierto casado desde hace décadas con una hermosa güera ojiverde de Rayón llamada Blanca, prima segunda de una buena colaboradora de Crónica Sonora, Lorenza Val.

Fotografía realizada por el autor, luego de verse obligado a tomar asiento cuando frisaba el par de horas en pie

Finalmente abrieron fuego a las 22.50 horas con aquella que dice: En Chihuahua lo agarraron, sin tener una razón, y después lo torturaron, sin tenerle compasión… ¿Será que esta noche tocarán narcocorridos?, me pregunté. Y más tarde lo confirme con Pacas de a kilo y Jefe de jefes. «Es que los corridos de ellos no son tan»… me explicó Fabián Garza, estudioso de la música moderna, haciendo una comparación con los corridos bélicos de los Nata y los Carín. ¿O ese bato no canta eso? Lo ignoro, de verdad.

Jorge Hernández en una postura clásica del tigre mayor. Fotografía de Julián Ortega / El Imparcial

La presentación de los Tigres fue un espectáculo en toda la línea. Ya no es un baile —aunque al final nos soltamos la greña—, sino un recital, un concierto, un show hecho y derecho. La variedad de recursos musicales y estéticos, la amplitud en sus tonos o en sus solos, no hacen sino maravillar a los que asistimos, así sea la cuarta vez que los veas, como fue mi caso.

A todo pulmón cantaron las y los hermosillenses la noche del sábado pasado. Fotografía de Julián Ortega / El Imparcial

Cierto que ya no leen las peticiones del público en papelitos, pero prestan oídos a los gritos; cierto que hay cantidad de visuales que llegan a desviar la atención que los músicos merecen, pero están bien hechos y sincronizados; cierto que Hernán no alcanza las notas de antaño, pero ahí está Jorge con unos largos que a su edad, setenta y pica, son la envidia de cualquier chaval. Qué decir de los oportunos grititos y silbidos al micro del buen Óscar (o lo que queda de él) y pa’ no hacer el cuento más largo qué decir de Eduardo, para mí la gran estrella de la noche con su actuación al sax y sus interpretaciones vocales. «Es que él sí es músico», me explicaría más tarde Panchito el de la Bimbo.

Eduardo Hernández en su magistral ejecución al sax la noche del 7 en Hermosillo. Fotografía de Julián Ortega / El Imparcial

Cuando escribía estas notas escuché de en la radio que en su anterior visita a Hermosillo los Tigres acusaron serios problemas al cantar por culpa del coronavirus. Nada pero nada que ver con lo que vimos y oímos el sábado en La Ruina. La entrega de estos cuates no tiene parangón. Por algo son y serán, los incansables y los ídolos del pueblo. Ya lo dijo el colega y amigo Javier Santín desde Guaymas: «aprovechen, chavalier, son los últimos zarpazos».

Texto de Benjamín Rascón

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Imágenes de Julián Ortega, El imparcial, salvo la indicada en el pie de foto

Sobre la autora / autor

Premio Nacional de Periodismo 2007. Director de Crónica Sonora. Escríbele a cronicasonora@gmail.com

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