Muy honrados de, finalmente, publicar el texto leído por el profesor Amílcar Peñúñuri en la celebración del diez aniversario de Crónica Sonora el pasado 30 de enero en el Auditorio de la Sociedad Sonorense de Historia, aquí en Hermosillo 🙂
Benjie y Crónica
Cuando conocí a Benjamín Alonso Rascón, si tengo la fortuna que no me falle la memoria, fue impartiendo las materias de Comunicación y Contexto Internacional y Sociología de la Comunicación III en el viejo y derrotado plan de estudios de la carrera. Un servidor acababa de egresar de la maestría en Ciencias Políticas de la UNAM, y en un encuentro fortuito con el hoy entrañable y desaparecido ex jefe de la carrera de Ciencias de la Comunicación, José Peralta, quien me intercepta en medio de un encuentro, ése si pactado con anterioridad en el hoy en peligro de extinción Pluma Blanca, con otro ex camarada rockanrolero universitario, con el cual había quedado de ponerme al corriente de lo que sucedía en la escena local, sobre todo después de un intenso último semestre y el verano más candente de costumbre para un hermosillense que tras la entonces disciplina casi miliciana del último semestre del posgrado de la UNAM, regresaba impensablemente para quedarse de profe de horas sueltas en la Universidad de Sonora.

En aquellos años, 1996, 97, 98, apenas se gestaban los primeros conceptos de globalización académicamente hablando en los planes originarios de algunos posgrados. Todavía en la mayoría de los acercamientos geopolíticos sólo se hablaba de la colonización vía el control hegemónico de las industrias culturales, de la información y el entretenimiento, mismas que formaban parte de un proceso permanente de alineación a los intereses del imperio. Eran los tiempos en el que Para leer el Pato Donald, de Armand Matelart y Ariel Dorfman publicado en tirajes impresionantes para Siglo XXI Editores y su siempre convincente demostración de los intereses “trumpistas” de Rico Mac Pato, se convirtieron en profecía y para muchos estudiantes de comunicación de los ochentas el primer texto que compraron o expropiaron.

Así conocí a Benjie y al colega peruano Gerardo Reñique, profesor de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY), invitando a Gerardo, que por fortuna se encontraba haciendo una estancia de investigación en la ciudad, para que diera una de las primeras charlas sobre internet, medios y globalización y que, algo maravilloso y milagroso en nuestros días, ante un auditorio lleno hasta las lámparas de Psicom, hiciera que apuntaran miles de “ve doble”, como llamaba así a las w, fundamentales para abrir la caja de conocimientos del internet, es decir las direcciones de organizaciones independientes y medios creíbles.

Años después (2006), Gerardo y un servidor también fuimos sinodales de Benjamín en su titulación universitaria, por lo que es más que emotivo estar aquí, en tan entrañable compañía. Claro que Benjie no necesita sinodales, ni validación alguna para insistir, para recalcar, que la palabra impresa siempre es mejor: que los poemas, los ensayos, las fotos, incluso los crucigramas y los “box scores” del beisbol, todas estas cosas en impresas son mejores. Por eso celebramos en todo lo alto cada número de Crónica Sonora, porque es una apuesta contra la inercia y cualquier ley de la física, algo similar con lo que ocurre, con el tema que fui convocado, tengo entendido, el periodismo independiente.
El periodismo libre e independiente nunca ha tenido el viento a su favor,
mucho menos en tiempos en los que la promesa de la libertad está absolutamente relacionada con las limitaciones estructurales de una cultura digital en la que la censura no representa novedad, ni tampoco goza de mala salud; todo lo contrario, se transforma en una ágora de linchamiento o en un vulgar mercado de lealtades, en ocasiones de públicos clientelares en el que la honestidad intelectual sucumbe ante el amago del abandono despechado de los clics más militantes, donde el rigor periodístico, el trabajo bien documentado, vengan de donde vengan los legajos incriminatorios y presente o quien presente los documentos, encuentran en el poder el desdén total ante el rendimiento de cuentas, donde es ahora fácil desarticular posibles síntomas de perversión publicitada, destruyendo al mensajero, aparte del castigo ejemplar del poderoso, los boicots publicitarios, entre otros.
Por lo anterior, la falta de solidaridad entre medios para presentar investigaciones a profundidad, como ocurría con investigaciones como la “Casa Blanca” de Peña Nieto, sobre todo si encuentran en el poder presidencial, estatal o municipal, vigorosas resistencias, peligros y riesgos, que dicen que ya no existen, pero que saludan amenazadoramente la alacena diariamente de quien quiere vivir de esto, informando, sin mucha gracia y ausente de exagerados gestos de algarabía hacia la gestión pública. Hay cantidad de elementos que hacen más que complicado el periodismo en los nuevos tiempos, uno de ellos, el pensar entre muchos connacionales, que los medios deben de tener una posición definida, sin matices hacia el oficialismo, o de crítica en su defecto absolutamente visceral, repitiendo clichés y dogmas de la derecha tradicional, sin avance, ni progresión alguna, hablando conceptualmente.
los veredictos del algoritmo
Además hay todo hay un proceso que vemos a nivel global de especialización y públicos muy definidos, como nichos, algo que es parte del largo proceso de posmodernización, de búsqueda de identidades, de procesos de diferenciación, de fragmentación, en el que la dieta noticiosa, ideológica, se circunscribe a los veredictos del algoritmo, motivado por nuestras propias representaciones de lo social, mitos, pulsiones, anhelos, valores, deseos, resistencias, que circulan en la misma pista de otros procesos de alfabetización política y mediática, pero ilustrada por los mismos algoritmos que detonan nuestras emociones, creencias, actitudes. Todo lo anterior y mucho más nos obliga a cambiar las herramientas para analizar sociopolíticamente a los medios.
¿Quién es más libre? Debate por demás complicado. ¿Quién piensa que la realidad es tan panfletaria que es fácil explicarla? Los colegas del proyecto de Pablo Iglesias simbolizan esto: Juan Carlos Monedero y la chica que trabajaba lealmente como agente informático y embajadora mediática en la región para el gobierno de Putin hace apenas unos años y que posiblemente en base a sus méritos como “paladina de la información” logró coquetona entrevista con el presidente AMLO y que sorpresivamente y no tanto se transmitía su espacio en las ondas de Radio Sonora. Cuando al menos Juan Carlos Monedero, el mismo que vino hace unos meses increíblemente un dos de octubre y que normalizó la represión poselectoral en Venezuela, significa para muchos dioses iluminados la neta del planeta, el abrevadero de la superioridad moral, pese a que los supuestos petrodólares venezolanos deberían ser para necesidades más apremiantes que el lavado de cara internacional para gobiernos impresentables.
Para quien piensa que es el balbuceo sónico de la derecha rabiante de los conspiranoides, manufacturados al estilo de la derecha radial norteamericana que inauguró el nombrado caballero en el periodo de Donald Trump, Rush Limbaugh, y secundado por personajes como Ann Coulter, Alex Jones, Steve Bannon, entre otros, que hacen palidecer en su intensidad y estupidez al involuntariamente inofensivo Atypical TV, con su incomprensible agenda anti wookie, y transnochadamente conservadora, son el enemigo que acecha, pue se equivoca, los Atypical, Ferríz y demás, parecen cándidos mínimos que sólo los púlpitos de algunos medios se obsesionan en subrayar ociosamente la pendejez de la derecha, retomando una y otra vez sus mensajes para darles una importancia que ahora, ni nunca tendrán, olvidando los grandes problemas nacionales que son administrados por el actual grupo en el poder con total simulación.
Cómo hacer periodismo independiente en tiempos de que el público se acostumbró a que todo es gratis, es una encrucijada que se enfrenta en todo el mundo ante la caída de los medios tradicionales, sus formas de comercialización y consumo y un proceso de digitalización que ante cualquier proceso de destrucción creativa, parafraseando a Marx en su clásico de 1848, el primer texto que se adelantó a cualquier época, el proceso de destrucción creadora del capitalismo, solo trae como en cada ciclo, un puñado de ganadores, y una pila de cadáveres en la ruta.
Cómo hacer periodismo en tiempos en los que algunos públicos (habría que ver el interés de los youtubers y toda la industria de conquistar a los compas al otro lado), de apoyar iniciativas que los conecten emocionalmente con su comunidad, cree que el no confrontar o colocar en el debate algunas ideas, temas u opiniones, el medio hace severas concesiones a la izquierda o a la derecha, según sea el caso.
Y pues hablando de izquierda o de derecha, paradójicamente pareciera, el peor tiempo para hacer periodismo con los valores con los que crecimos y creímos para militar en la izquierda, porque si son objetados en su ejercicio por parte de la coalición gobernante, eres automáticamente un ente ingrato que le haces el juego a la derecha y sospechoso de que por paquetería de Didi Express, de repente te llegue una bolsa con cinta canela con puros de mil, al estilo de los Rene Bejarano, Carlos Imaz, films de complots de antaño con desvencijadas maletas samsonite de vinyl con combinaciones secretas.
Cuáles son estos valores que se cuestionan, que siempre defendimos y siempre criticamos, pero que si hoy lo hacemos, formamos parte de la hoguera del deprecio, compartiendo la leña con el fuego de las vanidades de la actual clase política y sus seguidores que no quieren abandonar el castillo de la pureza, pues va la lista:
1) El derecho a los pueblos en movimiento y el hostigamiento del estado mexicano, primera labor de la guardia nacional en su historia, roto dese un Trump que en aquel entonces no tenía, ni la tercera parte del poder de hoy.
2) El hostigamiento a la prensa como práctica cotidiana una mañana si o una mañana no en un ejercicio de comunicación desde el poder que debería ser justo esto, un ejercicio de rendición de cuentas, más no de ajuste de cuentas.
3) El renunciar a una reforma fiscal progresiva que grave a los más ricos en lugar de negocios con el poder,
4) El premiar malos gobernantes, antes ser gobernador significaba que tenías un porcentaje del 60 % de ir a la cárcel terminando tu mandato, hoy el porcentaje se ser embajador y ser premiado es el 100%.
5) Aseverar que se acabó la corrupción en los estados, el nepotismo.
6) El hostigamiento a las ONG, la autonomía de órganos que deben ser independientes, derechos humanos, transparencia, pues un sinfín de temas, medio ambiente, feminismo, legalización de drogas blandas.
La gente buena y el populismo
Hay pocas cosas que asustan más que la fuerza bruta, como la inmadurez, la aparición de personajes, lectores, radioescuchas, influencers del watts app, que por fin pasaron del priísmo, perredismo, panismo, morenismo, es decir ,lo mismo pero con diversos grados de neurosis provocada por la ansiedad, outsider presupuestal, oportunismo, pero con urgencia de ser rebautizados como gente buena, buena, buena, sacudiéndose la cabeza como decía el prócer pero que en base a su pedagogía política, por supuesto, ahora ya pueden entender el trastorno de personalidad que los obligó a formar parte del círculo de poder de Padres, Pavlovich, Célida López, Salinas, El Mayo Zambada, el Calolo o Beltrones.
Hablando en serio, el populismo no es una ideología, de derecha, ni de izquierda, es una forma de manipular cualquier virtuosidad anhelada por los clásicos a la opinión pública como ente racional de deliberación, como contrapeso, como algo necesario para el funcionamiento de una colectividad más democrática, en la cual los medios y el periodismo son vistos como incomodos y apestados intermediarios, que debe de ser aplastados para que el súbdito sea el medio y su vocación plebiscitaria cotidiana, no cruce coincidencias discursivas, en su cada vez más efímero proyecto entre clientelas.
En pocas palabras, el proyecto del populismo mediático es simple, obtén lo mejor de que quede a la deriva en tiempos de posverdades o de muchas mentiras, pero siempre con la claridad necesaria de dirigirla a quien esté dispuesta a creerlas, sin que venga un mal educado a cuestionar tus certezas.
Hacer periodismo independiente, es lo equivalente a resignarse a ser odiado, amado, pero también temido, sensaciones no gratas para gente buena y con derecho a una vida emocional sana. Por eso, decía Kapuscisnky que el periodismo no era para los cínicos, pero cada vez estoy más convencido que son los que mejor se adaptan a los nuevos tiempos. Si, el viejo periodista polaco, era un romántico al estilo rolas de Nelson Ned, hoy, en tiempos en el que hasta la fresita Belinda canta corridos tumbados y en los que los apologistas audiovisuales del oficialismo piden prestamos millonarios con dinero para proyectos productivos del pueblo para hacer negocios con los miserables Azcarraga Jean y compañía, Kapuscinsky es sólo muy buena literatura, con estupendas crónicas de viajero y aventuras.
No cabe duda, como decía el gran poeta de Minnesota, Bob Dylan: “los tiempos están cambiando”. Se ha inventado de todo en los últimos años, menos un aparato que nos mantenga seguros, por si en algún momento de relax se nos ocurre bajar la guardia. Suerte en lo que viene a Crónica Sonora.
Por Amílcar Peñúñuri Soto
Hermosillo, Sonora, México, 30 de enero de 2025

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