Testimonio de un joven punk


La primera vez que vi al buen camarada Benjamín Alonso mejor conocido como “El Benji” tendría yo alrededor de quince años. Lo recuerdo como si hubiese sido ayer. Estábamos marchando en contra de la Guerra en Irak que los gringos impulsaron bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo después de los ataques del 11 de septiembre de 2001 y que justificaron afirmando que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva que nunca encontraron, pero cuyas verdaderas motivaciones se remiten a la intentona imperialista de hacerse del petróleo Iraquí como una estrategia para controlar los precios internacionales del hidrocarburo. Dicha estrategia no funcionó, los gringos perdieron virtualmente esa guerra y se vieron obligados a virar el rumbo. Dirigieron sus esfuerzos a impulsar la producción de agro-combustibles para bajar los precios internacionales del oro negro y recuperar su hegemonía político-económica.

 

Bueno, regresando a lo que les contaba. Nos encontrábamos marchando en una manifestación no muy grande por las calles hermosillenses; era yo un chamaquito de catorce o quince años y  era de mis primeras participaciones en marchas y manifestaciones. Recuerdo ir aproximadamente a la mitad del contingente viendo a aquel pelo chino barbón con aspecto desaliñado dirigiendo con todo ímpetu la marcha, con altavoz en mano y gritando con un entusiasmo bárbaro. La marcha terminó en el consulado gringo que está atrás del centro de atención de la compañía que dice que está en todo el territorio, o que todo el territorio le pertenece o algo parecido.

 

Hermosillo es una ciudad-rancho. Todavía es posible la magia de esos encuentros sorprendentes llenos de casualidad, ese tipo de encuentros que son casi imposibles en ciudades monstruo como el DF, Guadalajara o Monterrey.  Uno de esos encuentros llenos de casualidad tuve unos meses después en un camión de la ruta 3, de esos que van a Las Quintas. Me dirigía al CBTIS 132 y en la ruta me topé con un vato del CONALEP, también medio desparpajado y con unas ideas dispersas de materialismo histérico. No me enteraría sino hasta varios años después que se trataba del Paco, hermano del Benji. Pero en realidad este relato no trata de ellos, sino de algo más.

 

Después de la marcha en la que vi por primera vez al Benji, aquella en contra de la guerra en Irak, hubo muchas marchas más. Digamos que nunca tuve un papel importante o de dirigencia en el incipiente mundo de la izquierda hermosillense. Sin embargo ahí estaba. Siempre que había movilizaciones intentaba solidarizarme. Recuerdo haber asistido a marchas contra de las corridas de toros, contra los circos, contra la ley 4 de la UNISON cuando todavía ni siquiera era universitario, entre muchas otras.

 

En una ocasión, estando yo aproximadamente en el cuarto semestre de la prepa, me puse de acuerdo con un compa que se reivindicaba skinhead para armar una pequeña biblioteca popular. Pusimos rápidamente en marcha un plan para hacernos de libros. Yo pedí donaciones a mis maestros en el 132, él lo hizo en su escuela. Finalmente después de dos semanas de andar limosneando libros por aquí y por allá nos hicimos de un acervo, nada despreciable, de unos 300 ejemplares, todos con un alto contenido ideológico de Marxismo-Leninismo. Nos regalaron “El dieciocho brumario de Luis Bonaparte”, unas ediciones viejísimas de “El Capital”, unas obras completas de Mao TseTung, que seguramente algún profe del 132 usaba para que la base de la cama no se moviera, entre otras joyitas revolucionarias.

 

Ahí estábamos nosotros llenos de entusiasmo rebelde.  Nos dispusimos a armar un librero y lo instalamos en el patio trasero de la casa de mis papás, en la proletaria y revolucionaria Colonia Bugambilias. Hicimos una manta con una gran estrella roja y le colocamos con letras negras “Biblioteca Popular Che Guevara”, la colgamos en la barda que da a la avenida uno y la espera comenzó. Jamás llegó nadie a solicitar un solo ejemplar de los trecientos que teníamos y al tiempo la lona se pudrió, los libros se empolvaron y nuestras esperanzas fenecieron.

 

Recuerdo también con mucha claridad  cuando en 2004 hubo grandes movilizaciones en la Ciudad de Guadalajara impulsadas por aquellos que los medios despectivamente llamaban “Globalifóbicos”. Dichas movilizaciones terminaron como terminan las movilizaciones importantes en este país, con altos contenidos de represión y abuso de la fuerza desmedido. Hubo, si la memoria no me falla, 22 detenidos en aquellas jornadas de Mayo. Entonces como hoy a los compas se les impusieron altísimas fianzas para poder salir libres, pero también entonces como hoy la solidaridad no se hizo esperar desde muchos rincones del país. En uno de esos rincones estaba  una compita bien punk del 132 (la escuela, no el movimiento) y yo que nos dispusimos a recolectar fondos para la fianza boteando de salón en salón explicando a los compañeros el contexto de las detenciones, lo desmesurado de las fianzas y por supuesto lo legítimo de las demandas anti globalización de los compas detenidos.

 

Así entre marcha y protesta, entre boteos solidarios e intentos fallidos de impulsar la cultura revolucionaria entre las clases proletarias, terminé la prepa. Es aquí donde comienza la historia en realidad.

 

Recuerdo ese día con una claridad rara en mí. Era la última visita que tenía que hacer a la escuela solo para recoger unos papeles así que me alisté temprano, me vestí con la indumentaria más punky que me fue posible: botas militares, bermuda de mezclilla con remaches y rota, una tira huesos negra con parches y una cresta que no me dio tiempo de peinar con la respectiva grenetina por lo que me puse una gorra  con un hermoso pin metálico con la cara de Lenin, seria y firme, adornada a un costado por la oz y el martillo, que  habíasido un regalo de mis viejos de su viaje a Europa . Desayune y me presté a partir. Salí como a las ocho de la mañana de la casa de mis papás y me encaminé a tomar la ruta tres de costumbre que me llevaba de las Bugas a las Quintas. Llegué a la escuela y rápido recogí los documentos con un contento que para qué les cuento, era lógico, ya no tendría que regresar más después de eso. Iba apurado, quería mostrarles a mis papás el logro obtenido. Tome el camión de regreso a la casa sin tener idea de lo que me esperaba.

 

El camión me dejaba a seis cuadras de la casa. Ese día, igual que todos los demás, me baje y empecé a caminar. Recorrí las primeras dos cuadras sin contratiempo pero en la tercer cuadra, en Calle Ocho esquina con Avenida 3 se me atravesó un picapón blanco y de él bajaron dos hombres de aproximadamente treinta años armados hasta los dientes, traían metralletas al hombro y pistolas fajadas, también alcance a ver radios, pero ninguna identificación oficial. Me empezaron a gritar que les habían reportado un robo y que yo, curiosamente, coincidía con la descripción dada por el denunciante. Me ordenaron que colocara las manos sobre el cofre para revisarme, a lo que tajantemente me negué. Entonces recibí el primer golpe. De un movimiento me levantaron entre los dos y me aventaron a la caja de la camioneta, uno de ellos se subió conmigo y el otro abordó el asiento del piloto y arrancó en madriza. Mientras la camioneta avanzaba el sujeto que había subido a la caja conmigo puso su rodilla sobre mi rostro y su pistola en mi cabeza mientras me amenazaba de muerte. Me repetía desaforadamente que ya había “valido verga por pinche revoltoso”. Me dijo que ya sabían quién era yo, dónde vivía, incluso mencionó que mi casa era la de “la esquina de la uno”. Aseguró saber, entre amenaza de muerte y golpe, con quién me juntaba y a qué me dedicaba.  Nunca había tenido tanto miedo en toda mi vida, pensé que en verdad ya había “valido verga”.

 

De pronto la camioneta se detuvo, el chango amenazador me bajó de la caja de la camioneta y me subió en la parte de enfrente al lado del conductor y luego ingreso él, de tal manera que quedé en medio de ambos. Vuelve a arrancar en chinga la camioneta y las amenazas retoman su curso, pero ahora con un tono ligeramente más amable. Me preguntan que para qué voy a las marchas, que no tiene ningún caso, que al gobernador no le gustan los rijosos, etc.

 

Lo que más me pudo fue cuando el copiloto quitó la gorra de mi cabeza, la vio, vio el pin de Lenin, se rió y sin más, la aventó por la ventana. Llegamos a la comandancia norte quese encuentra en el Bulevar Solidaridad y Periférico, contra esquina del CUM. Sin bajar nunca de la camioneta me aseguraron que si volvían a saber que andaba en marchas me iban a buscar y me iban a matar.  No volvieron a decir palabra, igual yo me mantuve callado e intentando entender lo que me estaba pasando. Manejaron de vuelta a Bugambilias y me dejaron donde me habían levantado.

 

Después de este percance el miedo se apropió por un largo tiempo de mí. No volví a recorrer las calles con pancartas y gritos en un par de años.

 

Cuando lo que les narro sucedió Eduardo Bours Castelo era el Gobernador del Estado de Sonora, emanado de las filas del PRI.  Ese que era Gobernador cuando sucedió la tragedia en la Guardería ABC.

 

Hoy  estamos viviendo una coyuntura política que demanda a la ciudadanía hacer ejercicios críticos de memoria, individual y colectiva. Se nos viene encima un proceso electoral que pone en juego el futuro del Estado. No tengo una posición clara sobre por quién votar, o si quiera si debemos votar. De hecho no sería ético que hiciera un señalamiento con el objetivo de inducir su voto hacia un partido o candidato en específico. Lo que si  tengo clarísimo es quien, definitivamente, NO debe ganar la gubernatura del Estado.

 

El “Nuevo PRI” no es más que la misma cultura política diazordacista, echeverrista, salinista, pero representada en rostros jóvenes y en ocasiones atractivos. Sin embargo, no deja de ser el mismo autoritarismo, lo vimos en ATENCO. No deja de ser la misma corrupción, lo vimos en la Casa Blanca. No deja de ser el mismo tráfico de influencias, lo vimos en el caso ABC.

 

No necesito recordarles que la señora Pavlovich tuvo la indecencia y la falta de ética de expedir una carta recomendando como personas honorables a los dueños de la Guardería ABC. Esto a unos cuantos meses de distancia de la tragedia. Sus seguidores afirman, con igual desvergüenza, que la carta no mato a los chiquitos; pero si mato la posibilidad de tener acceso digno a la justicia.

 

Tres años de peñanietismo deberían ser suficientes para mostrar porqué este partido representa lo peor de la cultura política mexicana. Ayotzinapa, Tlatlaya, Apatzingán. Tres crímenes de ESTADO que muestran la podredumbre estructural.

 

No me atrevo a decir que votar por amarillos o morenos es el camino de la salvación, es más, lo dudo. Pero si me atrevo a decir sin tapujos y sin un ápice de duda que los rojos y los azules representarían para Sonora una espiral que solo puede terminar en más corrupción, más violencia, más tráfico de influencia, más pobreza, más mierda.

 

Texto y autorretrato por Alejandro Valenzuela Landeros



Acerca de

Alejandro Valenzuela Landeros tiene 29 años y es originario de Vicam. Sociólogo por la Universidad de Sonora, actualmente cursa la Maestría en Estudios Políticos de la UNAM y hace de activista (cuando la escuela lo permite).


'Testimonio de un joven punk' tiene 9 comentarios

  1. mayo 18, 2015 @ 9:15 pm Rubí Edith Landeros Pineda

    Tratando de ser lo más imparcial que se pueda, dado que soy la madre del Jano, me parece un excelente artículo que pone de relieve la lucha de los adolescentes y jóvenes y la manera tan impune y violenta que tienen las autoridades de apagar los sueños ideológicos de muchos.

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  2. mayo 23, 2015 @ 5:12 pm Erick Lizarraga

    Buenisimo articulo.

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    • junio 1, 2015 @ 2:01 pm Jano Valenzuela

      Muchas gracias. En este momento no me queda mas que invitarlos a organizarse y luchar. Se vienen tiempos difíciles. Recuerden que el próximo 5 de Junio se cumplen 6 años de la peor tragedia infantil que ha vivido nuestro país. Tenemos que salir todos a la calle y acompañar a los padres en su dolor y su lucha por justicia. Saludos.

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  3. mayo 28, 2015 @ 11:03 am Heidy Zúñiga

    No hacer nada, nos vuelve cómplices. Muy buen artículo.
    Saludos.

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    • junio 1, 2015 @ 2:05 pm Jano Valenzuela

      Estoy de acuerdo contigo. Por eso es importante salir de las redes tan revolucionarias y salir a la calle tan mocha y conservadora. La paradoja a la que nos someten los políticos con su farsa electoral es tremenda. Pero hay otras vías y alternativas construyéndose en este momento. Ejemplos a seguir. Cherán es punta de lanza en la construcción de una democracia diferente.
      Saludos y gracias por el comentario.

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  4. mayo 28, 2015 @ 9:40 pm Hiram Félix

    Muy buen texto, Jano. Excelente debut.

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    • junio 1, 2015 @ 2:07 pm Jano Valenzuela

      Muchas gracias Hiram. Esperemos conservar el ritmo ofreciendo lo mejor a los lectores de este medio independiente.

      Saludos.

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  5. julio 1, 2015 @ 3:56 pm almasurf

    Deberías considerar escribir más testimonios punks. Grandes historias de la calle y el romanticismo punkoso sonorense.

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