¨Me declaro ignorante y, por ende /que no es el nombre de ninguna musa teutona, ni el apellido de algún escritor renombrado/, me decreto in-competente en temas económicos, políticos y so-ciales¨, me dijo un día uno, atribulado:

¨Renuncio a dar mi opinión sobre esas pe-liagudas cuestiones, me resultan complejas; luego, a la mera hora ni los supuestos expertos saben lo que sucede, siempre les sorprenden las crisis, ni las explican ni saben qué hacer.

Ah, pero eso sí: un salivero.

De modo que no me creo a mí ni creo en lo que dicen ellos.  /O ellas, que ahora las hay más/.

Nos fuimos mal, perdimos el rumbo y la sencillez; complicamos todo.

No hace mucho, una cementera nacional, supuesto modelo de empresa mexicana de clase mundial, celebraba su centenario con un anuncio en la tv donde aparecían unas casitas color ado-be, salpicadas con tonos de rojos techados, dentro de un paisaje verde que poco a poco se iba cu-briendo de gris, hasta quedar todo pintado color cemento, sin una pizca siquiera del verde, café o rojo; y sin percatarse los mercadólogos de lo que, en menos de medio minuto, habían logrado:

sepultar al mundo en frío y tieso concreto.

Caso es que discutimos sobre lo que sucede a nuestro derredor, azuzados por lo que escucha-mos en los noticieros, de día y de noche, olvidan-do que mucho de lo que dicen es falso y tenden-cioso; nos descalificamos mutuamente y argumen-tamos que en otros países sí saben, que nosotros somos un pueblo ignorante, dejado, que nuestros políticos nos tienen sometidos y nunca de jodidos saldremos; quejas y amarguras manan sin límite y yo nunca sé qué argumentar ni creer, sólo que nos fuimos chueco, que ya no caminamos descalzos, jamás nos metemos a un arroyo, nos la llevamos viendo pantallas de cuarzo y no producimos nues-tro alimento, todo compramos, además de que nos estamos matando.

En fin.

Lo único que puedo hacer es minimizar mi contribución al deterioro, no molestar ni dañar a otros¨, concluyó otro día el ya no tan atribulado.

Texto de Juan Enrique Ramos, contenido en su libro Metempsicosis, sostenido por el autor y disponible en Amazon:

Sobre el autor

Nómada irredento, originario de Torreón, Coahuila, en Sonora por más de 40 años. Pasajero de la nave tierra, con 66 vueltas al sol, aprendiz de escritor y tallador de madera en ciernes.

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