La cumbia no tiene la culpa


Aún desconozco de qué me vio “jeta” la profe Norma Alicia Pimienta cuando una vez nos pidió hacer un reportaje sobre la funcionalidad de los espacios culturales en Hermosillo. No vi futuro aquella vez y no lo veo ahora tampoco. Era, creo, ¿el 96’? Hermosillo estaba muerto, no solo en muchas “cuestiones culturales” (no me gustan las notas al pie de página, espero sus cuestionamientos al final, por favor) sino que también en… Aprovecho para enviar un saludo al también profe José Abril, que recientemente en redes lo han vilipendiado porque dice no encontrar “mucho o tal vez nada” qué hacer en esta ciudad con naranjas falsas en sus camellones.

 

Me desvié, como siempre. Bueno, total que la profe ni siquiera me dejó elegir un lugar para investigar: “Te vas al Pluma Blanca”. Ahí, antes se juntaba -o se junta, ya no sé- parte de la fauna culturera y creadora, central y periférica, de Hermosillo. “A ver a quién encuentras ahí para que saques la chamba”.

 

Debo reconocer que aún no le tenía tanto respeto a la profe; pero me asustó más lo de redactar un reportaje sobre eso. Qué bueno que no me encargó reportear en un lugar oficial donde la burocracia se nota hasta en lo que se escribe, se pinta, se canta y todo eso.

 

No iré más lejos. No había nadie en el Pluma cuando llegué. Fui al otro día, al otro y al otro… Y así hasta que armé algo más que un reportaje, que al final creo que ni entregué para pasar la materia que daba La Pimienta. Pero así conocí al Papazúl, al Joel Verdugo y a otras chingaderas orgánicas que suceden cuando se juntan y cuando hay “rasquera” para crear.



Desde entonces, para una servilleta no cualquier cantina es buena, o bien todas son geniales en tanto llegues y hagas lo que hacen todos: libar cheve o lo que te plazca y no retocar algo que no te compete si no eres un genuino parroquiano (los que ya lo hayan logrado de los que están leyendo esto que levanten la mano). Los bares son de quienes los trabajan y ejercen su derecho a ser quienes quieren ser mientras estén ahí. El secreto está en solo ver y quedarse callado: que hagan lo que quieran sólo los que no quieran que se metan con ellos o los que llevan más tiempo que cualquiera en esos lugares. Punto. Explicar comportamientos y reglas de etiqueta nunca ha sido lo mío.

 

Luego visité otro bares, legales y de los otros. Siempre guardando silencio. Más disfrutando que otra cosa, es decir, si se podía observar qué bueno, si no, pues regresas otro día con ese afán y listo. Hasta los chanates emigran.

 

Punto. Voy a algo y ya quiero terminar. Bueno, también he ido a muchos bailes. El primer baile que presencié jamás lo olvidaré: Estuve trepado en las “racas” de una troca blanca que manejaba mi apá. Canté las rolas de “Loco”, “Los patos”, “Linda india”, entre otras rolas.

 

Me acerco al punto: Bares, cantinas, Tropicalísimo Apache y qué hacer en Hermosillo cuando quieres pasarla bien. A principio de este año -que por cierto ya duró más que otros, cierta noche, venga, quise meterme a un bar que es por mañanas y tardes guarida de burócratas de los palacios gubernamentales aquí en Hermosillo; por supuesto hablo de La Bohemia. Había una fila nutrida. Total que hice fila y al llegar a la puerta el taquillero (¡un taquillero en una cantina que ni siquiera pone “distintivos”!) me dice: “son cien pesos”. ¿Por qué?, increpo. “Es que hay un tributo a Tropicalísimo Apache y pues… hay cover”. Me largué refunfuñando después de varios minutos en la fila. Siempre hago fila, la respeto porque sé que algún día los mexicanos haremos fila hasta para que nos maten o nos quiten la quincena.

 

Punto final y con imprecisión en el manejo de tiempos (de acuerdo al texto y a la vida misma). Rumbo a otro bar pienso en un cartel que vi cierta vez pegado en el abarrotes (¡un abarrotes!) cerca de mi casa, allá en la colonia San Juan, que anunciaba un bailazo donde el estelar que tocaría esa noche era ni más ni menos que el Tropicalísimo Apache, y alternarían con ellos como cinco grupos cumbieros más. Vaya, que alguien me explique esta chingadera de los jipster (¿así se escribe?) de cobrar 100 pesos por rendir tributo a un grupo aún vigente que en sus bailes cobra 60 pesos; y no solo eso, sino que alterna como con tres o cuatro grupos de igual calidad cumbiera.

 

TROPICALÍSIMO APACHE, LA BRISSA, BANDA NOSÉQUECHINGADOS Y LABERINTO

POR 60 PESOS EN EL TEATRO DE PUEBLO DE LA EXPOGAN

Y no había Expogan en esa fecha. Alguien está mal. Espero ser yo y no los jipsters.

Por Omar Navo

Fotografía de Benjamín Alonso

cumbia-campoy

En la gráfica, dos jóvenes bailan cumbia a las afueras de un baile amenizado por La Concentración, “el super grupo de lujo”. Semana Santa 2002, Etcho jòwwa Pueblo, Valle del Mayo, Sonora, México.



Acerca de

Narrador. Originario de Navobaxia, municipio de Huatabampo, Sonora.


'La cumbia no tiene la culpa' tiene 10 comentarios

  1. octubre 28, 2016 @ 10:00 am Claudia Landavazo

    Me reí muy a gusto, y estoy de acuerdo con esa incomodidad de que se comercialicen propuestas genuinas que en sus contextos originales siguen siendo más para la gente, pero lo que más me gusta es la frase “Con imprecisión en el manejo de los textos (de acuerdo al texto y a la vida misma)”… me gusta para título de algo… si no lo usas Omar , negociamos los derechos de autor. Felicidades!

    Responder

  2. octubre 28, 2016 @ 2:38 pm Carmen Peralta

    Me encantó. Hasta se me antojó un bailesito cumbiero de la conce, la brissa u qué se yo.

    Responder

  3. noviembre 1, 2016 @ 3:40 pm Carolina Cordova

    No sé como soporte y lo termine de leer! Que horror de “crónica”

    Responder

    • noviembre 2, 2016 @ 7:28 pm Rosa Hernandez

      Quizá lo “soportaste” por que es un texto muy bien hecho, ameno divertido y apegado ala realidad.

      Responder

  4. octubre 28, 2017 @ 2:11 pm Efra

    A mí me encanta este texto, con esta, es la cuarta ocasión que lo leo y me identifico totalmente con el mensaje que nos trae el autor.

    3 cosas se disfrutan en la vida, me dijo un profesor de la Uni precisamente en una de esas cantinas del centro cuando regresaba de poner unas del Apache en la rocola: los orgasmos, el béisbol y las cumbias.

    Responder

    • octubre 31, 2017 @ 1:48 pm Omar Navo

      Creó mucha controversia el Texto, Efra. Los sujetos de ese mentado tributo me querían pegar. Me prometieron unos madrazos y se erigieron como adalides del movimiento rockumbiero de Hermosillo y pues imposible que acepten la ridiculez de creerse más papistas que el Papa. Ya no quiero que me pasen estas cosas, pero es inevitable: Recuerdo cuando las cantinas le daban asquito a personas como esos muchachos que ahora se creen dueños de ellas. Y pues uno que sólo busca tomarse una cerveza como dios manda deba soportar estas cosas. Ya mejor le paro, capaz y agarro monte otra vez y me regañan otra vez estos muchachitos. Gracias por la lectura.

      Responder

      • noviembre 1, 2017 @ 9:54 am Benjamín Alonso

        Jejeje… No te aguantas, Perico.

        Saludes y a ver cuándo sacas otro de estos

        Responder

      • noviembre 1, 2017 @ 3:14 pm Efra

        Hombre, no está mal que cobren pero no se claven, la cumbia (y el béisbol) es el patrimonio sonoro que nos une a todos los norteños, es una amalgama natural donde podemos converger sin pedos ni peros, varias subculturas: chin chin el que no baile (de fondo la rolita de Mete y saca).

        Responder

  5. mayo 14, 2018 @ 3:37 pm ABRAHAM BUSTAMANTE V.

    Mmm. Va para el autor de las líneas. Te hace falta más Gato Negro, Bar Lourdes, La Brisa, Club Juárez y hasta una buena Terapia 😂😂😂

    Responder


Quieres compartir tus ideas?

Tu email no será publicado

Crónica Sonora