Elementos para una comprensión histórica de la teoría del fetichismo es uno de los libros de filosofía más importantes entre los que se publicarán en México este 2022. Sin duda el mejor escrito en Sonora… quizá hasta hoy. Javier A. García se ha encaramado en hombros de gigantes, desde ahí comienza a vislumbrar lo que el corazón del Anáhuac, solar, es. De esto resultarán dos ofrendas, una será para la conciencia, en cuanto categorías que nos permitirán leer la historia de otro modo. Otra se iría a nuestra médula, pues desenmascarar la Historia requerirá un método más allá del pensar, ese método tendría que irse volviendo cultura, tránsito existencial.

El camino aquí iniciado no es asunto menor.

El lector no encontrará acá una filosofía de la historia. Es decir, no una interpretación que felizmente vaticine la razón operante en nuestro sangriento devenir. Tampoco la narrativa de esta Latinoamérica víctima. El libro es una búsqueda que parte de los pueblos originarios, vivos, queriendo entender en los vestigios del Anáhuac esto que aún late en nuestro andar. Cómo fuimos y aún somos encubiertos por la dialéctica de la invasión (templo sobre otro templo). Será necesario desmontar la filosofía eurocéntrica, la historia oficial, la ética de valores: desenmascarar al proyecto moderno.

Y esto es urgente. El mundo humano gira al borde del colapso. Desde la raíz.

La enfermedad del mundo es el fetichismo. Ya en el 1973, tras la publicación de los Límites del crecimiento, la ciencia social advirtió la necesidad de cambiar de ethos. El cambio no se podía circunscribir a la economía política ni a la disputa ideológica. La población del bloque socialista demostró compartir las aspiraciones del occidente capitalista: consumo ilimitado y producción indefinida; siendo la principal diferencia que unos se planteaban como individuos particulares y otros pertinentes a la colectividad (más o menos). Cuando Juan José Bautista pregunta ¿Por qué fracasó el socialismo del siglo XX?  habla al oído del “socialismo del siglo XXI” y al “giro progresista” latinoamericano. Con Dussel responde: porque son igualmente modernos. Pretendíamos sustituir al capitalismo convirtiéndonos en sociedad moderna que es, precisamente, la que lo funda. 

Si fetiche es un medio vuelto fin, fetichizar es verter el sentido de la vida humana en la economía. Fetichismo es esta incapacidad de desear más allá de lo que la publicidad, de evaluar la ne-cesidad y partir de ahí y no del mito. El capital produjo mercancías sólo en masa cuando produjo a una subjetividad que lo reprodujera. Esa subjetividad es la sociedad moderna. Y todo fetichismo es post factum: aspirar sin contemplar; tener sin ser; éxito como riqueza cuyo precio es perder la comunidad, progreso de las cosas en detrimento de la vida. Es llamar a la naturaleza recurso convirtiéndonos en instrumentos. Es llamar “atrasados” a pueblos donde cada cual es digno y el hambre una extraña. Es asumir ignorancia en culturas donde cada cual sabía su lugar y su felicidad. Des fetichizar el relato será liberar nuestra mente y abrirnos horizonte. Des fetichizar es la condición de posibilidad de nuestra voluntad.

De esto se trata.

Lo cierto es que el humano siempre ha estado en vuelta al pasado. Avanza, triunfa, se desarrolla, se desequilibra, y en un punto se pregunta ¿cuándo nos extraviamos? …Eterno retorno. América Latina hace lo que el sur global y otrora Abraham: rompe ídolos. Mas no se trata de un retorno al pasado, queremos aprender de, aprender de lo negado, lo oculto, lo que se resiste al sepulcro ¿Dónde aprenderemos a crear comunidades afines al circuito de la vida sino en nuestros pueblos ancestrales? Debemos incorporar su racionalidad. La sabemos razonable pues no condujo al ser al suicidio colectivo. Nos sabemos capaces en tanto herederos, dice Katya Colmenares que nuestra matriz cultural es nativa, siempre en contradicción con el occidente dominante. Pero estos pueblos están más vivos y fuertes que nunca. Asistimos a tiempos de un gran escuchar, a un gran diálogo entre culturas que como raíces se buscan subrepticias. Una nueva edad del mundo se anuncia.

Elementos pasa la mitad de sus páginas escapando de la prisión mental que es la cultura moderna. Para esto necesita situarse fuera de su realidad, fincar su propio locus. Esas páginas concentrarán la llamada teoría del fetichismo.  Para una comprensión histórica quiere decir comprender la cosmovisión de Anáhuac desde la teoría del fetichismo, que es lo mismo que entender cómo se invisibiliza nuestra matriz en el día a día debido al hechizo moderno (cual encanto del Rey Fritz 145). Esto será la segunda parte de la obra. 

Aquí la modernidad no es un período histórico sino el modelo cultural desde el cual realizamos el día a día. Si el hombre es y se relaciona con el mundo desde su cultura, la modernidad es la nave en que ahora viaja la historia. Se dice que vamos directo al Iceberg, que no giramos el timón… quizá necesitemos de otros navíos, construidos incluso con partes arrancadas a este. La deficiencia del pensamiento crítico secular es pretender transformar la realidad desde el marco teórico de la cultura imperante. Tarde o temprano se llega a uno de dos diagnósticos: corrupción o interrupción. La corrupción aduce la caída del hombre al cristalizar su utopía. La interrupción es la derrota del proyecto a manos de conservadores que, desde su punto de vista, detienen el proyecto en función del orden. Pero esta “salvación”, por falta de fe en la humanidad o apego al privilegio, se entiende desde el pensar crítico secular, como otro acto de corrupción. Se observa en ambos diagnósticos un mismo fondo, un núcleo ético mítico que reza: “perdimos el edén debido a la caída del hombre”. Este pensar crí-ticamente cree haberse desprendido de sus propias raíces (vive en dicotomía). Su marco recorta: donde teoría es la visión de dios, el marco encierra esa visión ¿Qué deja fuera? Su pecado original. Cuando ellos dicen corrupción, caída, esconden que esa caída mítica fue el ascenso histórico del hombre concretamente europeo. Fue romper a la humanidad africana, americana, asiática, al irlandés mismo, lo que elevó al nuevo narrador. Su doctrina -actualizada en la doctrina del ser y en la doctrina del concepto de Hegel- desciende del pecado original y no al revés.

Esa inversión nos lleva a un futuro que ya fue: hay un hámster corriendo su rueda dentro del slogan modernizar.

Y fue Enrique Dussel quien descubrió en 1492 el inicio de este hechizo que robaría nuestra memoria lanzándonos al sin sentido. 

Para hablar del Quinto Sol y su grandeza, de la recreación del cosmos en cada acto nahua, para hablar Hun Nal Ye y dios vuelto materia en el maíz, de la posesión común jerarquizada al servicio del Todo, es necesario romper el hechizo. Fundimos sus espadas ya, ahora sus conceptos comienzan a resquebrajarse; es el pasaje de lo comunitario a  lo social, de un mundo para la vida a un mundo para la muerte pues en el Quinto Sol se ejercía una coordinación y no una división del trabajo. Posesión común sobre el valor de uso y no propiedad privada de la tierra. Recreación de la vida en vida y no producción de mercancías bañadas en sangre.  Experimentar la transformación a un mundo fragmentado en raza, división del trabajo, propiedad privada y valores de cambio fue la condena a un infierno inimaginable para nos. Esa gente loca de ambición por el oro les condenaba, de una economía para la vida a una economía para la muerte. 

Al cogito ergo sum antecede un ergo conquero. La Europa sitiada por el islam, periférica al sistema central, buscó rutas que le reconectaran al comercio internacional tras caer la Ruta de la Seda. Pedro el Navegante y Portugal abrieron el Atlántico y la esclavitud en masa, pero fue América con su plata, sus indios “sin alma”, su agricultura, los que permitieron a la sociedad ibérica reinventarse moderna. Es decir, la ambición, en ocasión del nuevo mundo, obligó a castilla la católica a volverse hipócrita, falsa, a cosificar al otro, a subordinarse al Dios Oro. Descartes, más aún Hegel, formularon como teoría el nuevo mapa de la tierra. Borrar sus pecados y borrarnos del Reino. Es difícil, pero urgente, redimir a la filosofía, a la antropología, la estética, esa historia que aún hoy en día se enseña en las aulas del planeta garantizando la perpetuación de esta subjetividad.

Este libro, que salta en hombros de la filosofía de la liberación latinoamericana, reconoce en Marx el haber destruido ya al fetiche de Hegel, el haber comprendido como la sociedad moderna funda al capital. Mas “el poder material sólo se puede derrocar con medios materiales”, para ello necesitamos una nueva praxis, y esa praxis quiere su propio horizonte, debe partir de sí misma. Así se nos reveló que la América no fue descubierta sino encubierta, y el rol central de esto en la constitución y mundialización de occidente. Marx (de raíz semita) busca su horizonte en “el reino de la libertad”. Javier A. García con Katya Colmenares, Bautista, Hinkelammert, Dussel, Karina Ochoa, encuentra -como quienes fueran a las montañas del sureste- que primero han de callar, escuchar, aprender. El México profundo brota. 

Avanzan sobre un horizonte que nombran por su movimiento y no por su contenido: transmodernidad. 

Desde todas las tradiciones.

Vayamos con Javier a atestiguar la muerte de los dioses. Oh sí, aquí los dioses murieron mucho antes de la invasión española. Se volvieron el Sol. ¿Qué cultura es esta donde los dioses mismos dan la vida por la Vida? 

Conozcamos como “la mística de la energía azteca fluye en todas sus instituciones y creaciones; se crea en la creación, circula en tanto circularidad en el intercambio y se recrea en el consumo. Sin dioses el mundo no puede existir (…) el ser humano no solo se puede volver Dios sino que es dios”. Sepamos de su jerarquía, misma que castigaba con mayor rigor el delito en pillis que en mazehuales, pues pillis tenían la responsabilidad del ejemplo, pues la Autoridad no servía al individuo sino a la comunidad. La comunidad que mediaba entre la tierra y el cosmos con su trabajo ¡era el trabajo quien les realizaba unidad! El que perpetuaba la unidad entre el sujeto náhuatl-dioses-orden del cosmos. Porque tras su obra los milenios, y tras los milenios los dioses.

Mexicas que odiaron la relajación. Sabedores del fin de los tiempos, de la violencia con que el cosmos cambia y se desinteresa por la Justica tomaron partido, contra Yoaltecutin señor de la noche y con Huitzilopochtli y los dioses que se fundían vida. Este afán los llevo a organizar a los pueblos en su lucha y a aceptar la muerte pues sería el miedo a la muerte el que les dejaría fuera, en soledad, sin comunión: 

Acepta la muerte, ya que en todo el universo siempre existe la guerra perpetua entre los teteo, el teteol tachinolli, la guerra sagrada.

Fue este un pueblo sorprendente. Prefirieron el trueno al descanso. Pueblo donde cada cual había visto el rostro de dios y comido de sus dedos.

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La ópera prima de Javier A. García ha parido ya una editorial en cual nacer. Hypatia Ediciones, libros necesarios. Justificado está el dolor del parto. Aspiramos solamente a la erupción.

Por Paco A R

Sobre el autor

Vende libros, les manda saludos, viva Villa Juárez.

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