Ciudades sin memoria | El Palacio de Gobierno del Estado de Sonora


Estimados lectores, hoy les comparto un texto con un tono un poco más optimista que los anteriores, aunque no puedo evitar que se me salga una pequeña crítica al final, pues se trata del espacio histórico quizá mejor conservado de nuestro estado, el cual, además, puede ser visitado por cualquiera, como recientemente yo. Estamos hablando del Palacio de Gobierno del Estado de Sonora, y cómo no va a estar bien conservado si es desde donde despacha el poder ejecutivo de nuestra entidad.

Quizá el Palacio de Gobierno de Sonora no es uno de los más célebres del país, con merecimientos para ser escenario de películas de Hollywood como lo ha sido Palacio Nacional; ni cuenta con obras de artistas tan famosos como Diego Rivera, que pintó los murales de dicho recinto. Sin embargo, ese edificio blanco ubicado en la calle Comonfort, en la colonia El Centenario, es un espacio lleno de historia.

Construido primero con el objetivo de ser la cabecera de una hacienda, el gobernador Carlos R. Ortiz pretendió convertirlo en la primera universidad del estado, proyecto que fracasó y dio paso a que el edificio se adecuara para ser el Palacio de Gobierno, todo esto, por allá en las últimas décadas del siglo XIX. Incluso sus cimientos están llenos de historia, pues una parte del palacio fue construida con cantera extraída del simbólico Cerro de la Campana y trabajada por las manos de los indígenas yaquis que residían en la capital.

Uno de los momentos más importantes del Palacio de Gobierno fue cuando arribó Venustiano Carranza, esto en 1913, para declarar a Hermosillo “capital de la legalidad”. Carranza llegó a Sonora como líder de la revolución que combatió a Victoriano Huerta, asesino de Francisco I. Madero y apodado “El Chacal”, y residió a pocas cuadras del Palacio de Gobierno, en la misma colonia El Centenario. El coahuilense permaneció en Hermosillo por más de medio año, durante el cual estableció su gobierno federal y despachó asuntos desde el Palacio de Gobierno. De hecho, una de las fotos más famosas de la revolución mexicana se tomó en la puerta del palacio, en la cual se puede apreciar a Venustiano Carranza, José María Maytorena y Álvaro Obregón en su camino hacia las afueras del recinto, custodiados por indígenas mayos que pertenecían a las fuerzas de Obregón.

No sólo las historias enriquecen al palacio, también los tesoros que hay en su interior. Por ejemplo, las dos estatuas más antiguas de Sonora, dedicadas a Ignacio Pesqueira y Jesús García Morales, líderes juaristas durante la guerra de reforma y la intervención francesa; los murales que adornan las paredes del palacio y cuentan la historia de la entidad; los bustos en honor a los generales Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, revolucionarios y estadistas; y claro, la sala gobernadores, principal cuarto del Palacio de Gobierno y donde se pueden apreciar retratos, fotografiados o pintados, dependiendo del caso, de todas las personas que han ocupado la titularidad del poder ejecutivo.

Sin embargo, me atrevo a decir que lo más importante del Palacio de Gobierno no es su historia o los tesoros que resguarda, sino su conservación. En Sonora hay muchos otros edificios igual de históricos, pintorescos y atractivos, pero lamentablemente no cuentan con la conservación o difusión óptima. La razón por la cual el Palacio de Gobierno goza de dichos beneficios es por ser la sede del poder ejecutivo. Así también pasa con el Palacio Municipal, donde reside la titularidad de la alcaldía, y con la Catedral de Hermosillo, sede episcopal de la arquidiócesis de Hermosillo, o con el edificio principal de la Universidad de Sonora, donde despacha el rector. Todos, recintos bien cuidados, visitados y difundidos como el patrimonio histórico que son.

Ojalá en el futuro tengamos más autoridades políticas o religiosas para que una despache en la Escuela J. Cruz Gálvez, otra en el Centro INAH-Sonora, otra en la Casa Uruchurtu, una más en el Museo Biblioteca de la Universidad de Sonora y otras en el abandonado Hotel Laval, en el edifico del Banco de Sonora ubicado en Guaymas, en la famosa “casa de las mil y una noches” ubicada en la Colonia Pitic (¿por qué no?), otra en el famoso Casino del Diablo, y muchas más en los muchísimos edificios históricos, joyas arquitectónicas y herencias culturales de los sonorenses.

Es eso, poner una autoridad política o religiosa en cada una para que al despachar desde ahí les nazca la voluntad para cuidar el recinto y difundir su riqueza. O -plan alternativo y descabellado-, convertirnos en una sociedad más consciente de dicha herencia y cuidarla, velar por su conservación y estar dispuestos a trabajar en la misma.

Para finalizar, les comparto uno más de los tesoros de Palacio de Gobierno. Me refiero a la señora Alma Angelina Gutiérrez, quien organiza visitas guiadas (gratuitas) en dicho recinto, del cual puede hablar por horas y horas, tanto sobre su historia, los personajes que ahí han trabajado o su arquitectura. Aquí su contacto para los interesados: visitasguiadas@isc.gob.mx.

Por Mirinda GD

Fotografía de Luis Gutiérrez / Norte Photo



Acerca de

Miguel Ángel Grijalva Dávila es un historiador sonorense que ha participado en espacios para la difusión de la historia radio, televisión y publicaciones impresas y digitales. También ha presentado sus investigaciones en congresos y foros en todo México. Búscalo en twitter, instagram o pinterest, como Mirinda_GD. En Facebook: Un Día Como Hoy en Sonora. Y en su página de historia y crónica: www.mirindagd.wordpress.com


'Ciudades sin memoria | El Palacio de Gobierno del Estado de Sonora' tiene 2 comentarios

  1. septiembre 27, 2018 @ 11:47 am Yolanda

    Excelente artículo sobre el Palacio de Gobierno! Durante el recorrido guiado nos enteramos de una parte de la historia de nuestro Estado, la cual es maravillosa! Saludos!

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    • septiembre 30, 2018 @ 1:35 pm Mirinda GD

      Así es Yolanda. Por eso mismo es super recomendable, una obligación en mi opinión, conocer tanto el Palacio de Gobierno como cualquier otro espacio que nos enseñe nuestra historia y herencia cultural.

      Responder


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