El ejemplo de Michael Jordan


Imaginen por un momento que están sentados frente un escritorio y sobre él hay una hoja blanca con una fina pluma. Tienen la libertad de escribir su propia historia, todo lo que quede plasmado en la hoja se hará realidad ¿Qué haríamos si supiéramos que realmente no podemos errar? ¿Qué haríamos si supiéramos que siempre tendríamos las respuestas a todo?

Los invito a pensar en esto ya que todos seremos viejos algún día, todos deberemos contar nuestra historia a las generaciones futuras. Los mayores siempre nos cuentan sus experiencias y anécdotas. Hacen su balance de triunfos, aciertos, obstáculos y derrotas, siempre que estemos dispuestos a escuchar habrá alguien que nos quiera brindar su experiencia y con ella su sabiduría. Al final de la hoja, pase lo que pase debemos asegurarnos que fuimos protagonistas de nuestra propia leyenda. Para mí, eso fue “The Last Dance”, un relato maravilloso.

Durante los últimos cinco fines de semana escuchamos un relato a viva voz de los protagonistas de una de las mejores historias en los deportes, fue casi como poderles preguntar de frente todo lo que hubiéramos querido. Los que pensamos ver siempre jóvenes, ahora ya no se ven tanto y nos envuelven en un cuento increíble que todos creíamos conocer, nos abren su mente para que conozcamos las cosas agradables y las no tanto. Nos cuesta trabajo ver que a nuestros héroes también les ha pasado el tiempo, a unos más duro que otros.

En el deporte siempre existe la conversación del mejor de los tiempos, todos creemos ser dueños de las respuestas. Cuando a mí me preguntan lo único que digo es que es imposible de determinarlo, algo que vuelve loco a la mayoría de las personas que tratan de tener una conversación sobre ello conmigo. Primero, no podemos hablar del mejor jugador sin hablar del equipo ya que no es un deporte individual y suponiendo que pudiéramos; también entran en juego factores como: tecnología, salud, alimentación y sociedad en la que cada uno tuvo que vivir. Todo ha evolucionado, por ello no es justo ni claro hablar del mejor de todos los tiempos. 

Dentro de la sociedad que vivimos la evolución es innegable, todo da pasos agigantados y el deporte no es la excepción, si no me creen intenten jugar con unos Converse All-Star en pleno siglo XXI.

El resultado de cada etapa evolutiva de nuestra sociedad ha formado diferentes ídolos y figuras, ellos fueron la inspiración de Michael Jeffrey Jordan, ídolos como: Jerry West, Elgin Baylor, Earl Monroe y Dr J. 

Su majestad tuvo que ver estos antiguos dioses para saber cómo se debe jugar y de ahí formar su propio estilo, dejar su huella en el proceso evolutivo del básquetbol.

Michael Jordan es conocido como “Black Jesus” por algo, él es ese parte aguas en la historia del básquetbol, el Sócrates del baloncesto.

Este hombre tuvo la carrera perfecta. Campeón colegial, Novato del año, Defensivo del año cuando todos dudaban de su calidad a los dos lados de la cancha, un hombre invicto en finales, cinco veces jugador más valioso y tercer lugar como anotador historico para el final de su carrera.

La palabra invicto muy seguramente debe significar algo si alguien la puede poner en su currículo. No conoce un juego siete en finales. Y no olviden, tuvo la fortuna de rodearse de excelentes figuras que asumieron sus roles y aceptaron su liderazgo.

Posterior a él, el juego seguiría evolucionando y se quedó en buenas manos pasando por un hombre que absorbería su juego totalmente, lo protegería y se tornaría a invocar de vuelta a los antiguos dioses para volverlo todavía más letal. Ese hombre vería de cerca como de las profundidades surgiría otro que podría hacer absolutamente todo dentro de la cancha y prolongar su carrera a límites inimaginables. Todo gracias a la innegable y maravillosa evolución.

Sin su majestad no hubiera existido una historia tan perfecta que contar, una historia que hubiera alimentado las ilusiones y esperanzas de estos chicos que lo siguen admirando y ahora están arriba de él en la lista de mayores anotadores.

Gracias a un Michael Jordan mesurado que en su momento se negó a hablar abiertamente de política y supo adaptarse a la época. Se formó una plataforma para que los atletas de hoy pudieran hablar en voz alta sobre temas de: racismo, educación, discriminación y trascender más a terrenos sociales. Probablemente la década de los noventas todavía no era el mejor momento para hablar en voz alta de política siendo un atleta.

Por todo esto, yo les propongo una nueva unidad de medición para los jugadores, una mucho más justa Greatest of the decade “GOTD”.

El debate de Greatest of all time “GOAT” es un instrumento primitivo que no nos da una medición exacta y nos hace vivir cegados y engañados a un solo ídolo. Seamos mejores, formemos una nueva cultura y no rechacemos o minimicemos el increíble talento por el simple hecho de no ser de nuestra época.

Mirar a Michael Jordan en estos últimos dos capítulos y como figura central de esta nueva cultura nos permite apreciar todos los detalles y todo el impacto positivo de su ejemplo. Un hombre dándolo todo a pesar de la calentura y de un probable envenenamiento por la comida nos hace entender que nosotros podemos sobrepasar el límite que solos nos establecemos a veces. Ese juego conocido como “flu game” para mí fue un milagro no lejano a caminar sobre el agua. 44 minutos, 38 puntos, 5 asistencias y solamente 3 turnovers con temperatura ¿en serio?

Estudiar a su majestad nos reafirma sobre la mejor manera de experimentar la vida. Una experiencia más completa, estar presentes, vivir una celebración. Estar aquí y ahora es la mejor manera de encarar una vida repleta de distracciones, llena de expectativas y ruidos. El sumergirnos totalmente en el presente nos abre las puertas a disfrutar de esta experiencia de una manera absoluta. Ya sea trabajando, divirtiéndonos jugando golf, fumándonos un puro de esos que tanto le gustan o comiendo el característico steak con papas antes de cada partido, la clave es exprimir la vida.

El mejor regalo que Jordan nos puede dar es contagiarnos de su pasión, la misma que él utilizó para en cada momento sacar lo mejor de la vida. Estar presentes, permanecer aquí mero es la clave para disfrutar de la eternidad. 

Nunca tengan miedo de equivocarse, teman a ser tibios, dejar de mejorar y dejar de intentar. El verdadero fracaso reside en aceptar el estado de derrota como algo definitivo. Pregunten, practiquen y si son malos en algo no se avergüencen, motívense de ello. Esto es algo claro y presente durante toda la historia de su majestad. Fallar el último tiro no era tan importante como no intentarlo.

Como diría el buen “Jake el perro” de hora de aventura: Ser malo en algo es el primer paso para ser bueno.

Rechacen una vida que no sea bajo sus propios términos, ustedes sean dueños del ritmo y bailen cómo les dé la gana dentro y fuera de su cancha. Todos tenemos una pasión y nos preocupa a veces demasiado vivir con la crítica o con la idea de no ser lo suficientemente buenos. Si me permiten compartir con ustedes un consejo: Dediquen su vida a lo que más les apasione, eso les llevará a no escatimar en mejorar y esforzarse cada vez más, eventualmente llegará el reconocimiento y con él, la posibilidad de que puedan hacerse de una vida con aquello que más les gusta hacer. Descubran su pasión sea cual sea y permitan que ella los guíe y los consuma. Lo más valioso es aprender a vivir con la flama prendida y saber que la vida tiene un objetivo claro, disfrutarla. Lo único que tenemos que hacer es dejarnos llevar en dirección de nuestra pasión y no dejar de trabajar ni un solo día.

Al final me quedo con una imagen de Michael Jordan haciéndose la pregunta que todos nos hacemos ¿Qué hubiera pasado si…? Al parecer es parte de la condición humana, eso nos demuestra que después de todo sí es un hombre de carne y hueso. El hacernos esta pregunta sin importar qué tan exitosos hayamos sido  nos lleva a entender que jamás podremos conocer la respuesta, lo único que podemos hacer es pasar las noches reflexionando y calculando un montón de factores y variables que realmente no podríamos determinar de ningún modo.

¿Se imaginan ver una final de 1999 entre los Bulls y los Spurs? Su majestad deja claro que podría e incluso desearía haber vuelto un año más. Probablemente si todos los jugadores hubieran hablado directamente con el dueño del equipo, hubieran saltado a Jerry Krause para recuperar a Phil Jackson hubiéramos visto otro equipo además de los Celtics en ganar cuatro campeonatos consecutivos en la historia de la NBA. Pero entiendo que también existe la dignidad de parte de los jugadores y entrenadores que hicieron de la franquicia una muy respetable.

Si quieren viajar de vuelta a los noventa, vean The Last Dance. El Delorian de Marty y el Doc no le pide nada para viajar en el tiempo a este documental. Además del contenido inédito y la brutal sinceridad con la que se manejan todos, el soundtrack es otra cosa. Los Chicago Bulls fueron una de las piezas centrales junto con Michael Jackson, Blockbuster, Nirvana y McCauley Culkin. The Last Dance es un bonito recordatorio de que estemos de acuerdo o no, todo debe de llegar a su fin y esa debe ser nuestra mayor motivación. 

Todos debemos buscar un buen final como robar el balón con ayuda de nuestros compañeros, avanzar pacientemente sin pedir tiempos fuera. Cruzar la media cancha y ver como el infinito se resume frente a nosotros. Poco a poco ganaríamos velocidad avanzando a la derecha llevando a nuestros oponentes en esa dirección con la mano en su cintura para que cuando estén seguros de habernos atrapado cambiemos de dirección. Con el espacio y tiempo suficientes nos levantaremos y una vez más haremos que el tiro perfecto ya lleve la trayectoria exacta. 

Siempre confiamos en nosotros mismos, siempre supimos que la confianza era la tinta para escribir nuestra historia.



Acerca de

Hermosillense adoptado. Contador público, comerciante y emprendedor. Aficionado al deporte, la cultura y la ciencia. Amante de las buenas conversaciones y el intercambio de ideas.


'El ejemplo de Michael Jordan' tiene 2 comentarios

  1. mayo 19, 2020 @ 3:13 pm Teresa Padrón

    No he visto The Last Dance, pero después de esta gran reseña, lo haré.
    Me fascina el «deporte ráfaga» y lo jugué en el COBACH Mexicali.
    Además, me tocó disfrutar de la época dorada de los Bulls y de Jordan.
    Gracias por devolvernos el entusiasmo en estos días oscuros.

    Responder

    • mayo 26, 2020 @ 2:05 pm Carlos Gil

      Hola! Muchísimas gracias a ustedes por tomarse el tiempo y leer mi opinión. La flama no se debe de apagar, en especial en este periodo tan extraño.
      Es un excelente momento para revivir esa década que muchos de nosotros vemos con tanto cariño! Un abrazo y manténgase a salvo! 😁

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