La mirada de un nativo que se fue al Canadá, y la mirada fotográfica de un joven que aún no se va

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Hermosillo, Sonora.-

Al terminar la Licenciatura en Historia en la Universidad de Sonora decidí perfeccionar mi inglés en Canadá con el fin de continuar mis estudios de posgrado. Por cosas de la vida terminé radicando en ese país, y desde hace quince años he visitado Hermosillo una vez al año. Muchas cosas han cambiado en mi ciudad desde entonces, mientras que muchas otras siguen igual. Por el hecho de visitarla una vez al año, considero que mi percepción es diferente a la de un hermosillense radicado acá, pues creo que los cambios en nuestra ciudad no han sido tan impactantes como lo han sido para mí. Este razonamiento me ha motivado a escribir aquí algunas impresiones sobre los cambios que he observado en mi ciudad en el transcurso de estos años.  

Lo que más me impresiona año con año es encontrar mi ciudad cada vez más rica. Un abundante número de carros de lujo, una cantidad cada vez mayor de restaurantes elegantes que bien se pudieran ubicar en la Zona Rosa de la Ciudad de México, nuevas plazas comerciales, negocios muy especializados, edificios muy modernos. Lo positivo de esto no es realmente el surgimiento de esa infraestructura, sino que ésta refleja el poder adquisitivo de un sector de la sociedad hermosillense, el de una creciente clase media educada, con ingreso suficiente para viajar por diferentes lugares del país y del mundo, con acceso a crédito bancario y sin miedo a invertir en un negocio propio, confiada en el poder adquisitivo de los de su misma clase.

Es indudable que a esa clase media le ha ido muy bien en los últimos años, cuenta con un alto poder de consumo, a pesar de los altos precios de los servicios y productos en general. Es el elevado costo de vida otra de las cosas que más me impresionan año con año, pues los precios de muchos productos y servicios por acá son muy similares a los precios de los mismos productos en Canadá; esto a pesar de la gran diferencia en los ingresos. El ingreso de la clase media no sólo le es suficiente para cubrir el alto costo de productos y servicios, adquirir carros modernos y costosas residencias, sino que, además, muchos de ellos tienen la capacidad de adquirir terrenos campestres o en playas cercanas, mejorando así sus opciones de esparcimiento y su calidad de vida. 

Esa visible riqueza en la ciudad, con restaurantes y negocios elegantes, puede darle a muchos la impresión de que la ciudad se está modernizando, que es hoy una ciudad más rica, y aunque en parte sea así, también existe la otra realidad. 

Si hiciéramos a un lado esos modernos negocios y nos enfocáramos únicamente en la situación de los espacios y servicios públicos, es decir, aquello que realmente le pertenece a todos los hermosillenses, y que afecta a todos en su vida diaria, probablemente coincidiría usted conmigo en que Hermosillo es una ciudad rezagada, atrasada y pobre. Literalmente pobre, ya que cuenta con recursos muy limitados debido a la enorme deuda acumulada por las pasadas administraciones, llegando a ser hoy el tercer municipio más endeudado del país.

Para el resto de los hermosillenses, Hermosillo es una ciudad en la que el tiempo se hubiera detenido, sin cambios sustanciales. Un sistema de transporte urbano ineficiente, calles en pésimas condiciones, igual o peor quizá que hace 15 años, y un descuido generalizado en la mayoría de los servicios que el ayuntamiento municipal tiene la responsabilidad de atender: basura por todos lados, parques, jardines, banquetas, edificios y monumentos completamente descuidados. Los hermosillenses no cuentan con más y mejores opciones recreativas. Nuestro Mercado Municipal, así como el Centro Ecológico, se encuentran en un estado verdaderamente lamentable, qué decir del Parque La Sauceda, al margen de recientes promesas sobre «un nuevo Chapultepec».

Las plazas públicas no cuentan con conexión gratuita a Internet, como la hay en prácticamente todas las plazas públicas de Chiapas, el estado con la mayor proporción de pobreza extrema en México. Hermosillo tampoco cuenta con un museo de la ciudad, como existen en la mayoría de las ciudades capitales de México. Siempre he considerado una ironía que nuestra ciudad no cuente con un cactario o jardín botánico respetable, a pesar de ser uno de los estados con la mayor diversidad de cactáceas, incluyendo el saguaro, el más alto de todos los cactus del mundo. La condición de la mayoría de los monumentos históricos de nuestra ciudad es realmente vergonzosa, incluso aquellos que se ubican muy cerca de las instituciones políticas, como el kiosko de la Plaza Zaragoza; el monumento a nuestro héroe local, Jesús García, en el Parque Madero; y el monumento a Miguel Hidalgo, el cual se ubica justo frente a tres de las instituciones culturales más importantes del estado.   

Hermosillo ha carecido de una visión a futuro que integre una perspectiva ciudadana, apartidista, con proyectos y metas a corto, mediano y largo plazo, para que la administración municipal de cualquier partido político entrante trabaje siguiendo esa visión. La organización Hermosillo ¿Cómo Vamos?, con su llamada Agenda HMO, fue pionera en el debate sobre el proyecto de ciudad a futuro, proponiendo políticas públicas a seguir por administraciones de cualquier partido político. Esta, al parecer, hizo eco en la actual administración municipal que hace unos meses presentó la Agenda Municipal de Largo Plazo. Lo que queda claro es que, por más agendas y proyectos de ciudad que se redacten, si no hay una eficiente política de recaudación que permita aumentar los ingresos y reducir el endeudamiento municipal, será muy difícil que la ciudad salga del actual atraso en el que se encuentra. Una mayor austeridad también sería de gran ayuda.

A propósito de las Fiestas del Pitic…

A propósito de las Fiestas del Pitic, me pregunto: ¿qué tan sensato es hacer un gasto millonario en una ciudad tan rezagada y endeudada como Hermosillo? ¿Cuántas calles se podrían parchar con la partida dirigida a financiar algunos de los eventos que se presentan por tan solo unas horas? ¿Qué porcentaje del gasto municipal se utiliza para financiar el evento, en comparación con el dirigido al mantenimiento de obras públicas? Estoy a favor de celebrar la fundación de nuestra ciudad, pero no estoy de acuerdo con los gastos millonarios que se realizan, especialmente a sabiendas que los recursos de la ciudad son muy limitados y que esa celebración sea probablemente financiada con más deuda municipal. ¿No sería más sensato reducir la duración del evento de cuatro a tres días? Por algún lado se tiene que comenzar a apretar el cinturón. En fin, me despido esperando que en mi siguiente visita pueda observar cambios más positivos en nuestra ciudad.

Por Jacobo Calles Montaño

Arriba, niños de la invasión Laura Alicia Frías en Hermosillo, fotografiados el verano de 2009.

Abajo, panorámica del Bulevar Eusebio Francisco Kino, uno de los sectores más pujantes en Hermosillo, primavera de 2018.

Ambas escenas capturadas por la lente inquieta de Luis Gutiérrez / NORTE PHOTO

ESTE ARTÍCULO SE PUBLICÓ ORIGINALMENTE EN EL NÚMERO CINCO DE CRÓNICA SONORA, DICIEMBRE 2022- ENERO 2023

Sobre el autor

Jacobo Calles Montaño (Hermosillo, 1982) es promotor cultural, historiador por la UNISON y Maestro en Estudios Internacionales por la Simon Fraser de Vancouver.

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