La cartera tomada, o psicología política de un debate bienintencionado


Ricardo Anaya no se esperaba las respuestas de Andrés Manuel López Obrador, menos que le dijeran “mentiroso”, “farsante” o “Riqui Riquín Canallín” en vivo y a nivel mundial. Es decir, en sus ensayos frente al espejo para preparar el debate no contaba con un AMLO harto de sus ataques y dispuesto a lanzarse a los golpes bajos y sin avisar.

El político joven decide acercarse a su principal opositor tanto como puede para intimidarlo, este le responde con una frase que hoy rondará las redes sociales: “Voy a cuidar mi cartera”. Lo que dijo Ricardo Anaya sobre la caída de las inversiones en la gestión de AMLO como Jefe de Gobierno nadie lo va a recordar, de lo que se hablará es de la cartera tomada frente a él, que no es más que la alusión de que también se la puede robar al pueblo de México.

El objetivo es el mismo, las técnicas sí cambian: a ver quién habla de quién, aunque de lo que se hable no esté confirmado o incluso sea una mentira. Además, habrase visto semejante asesoría de psicología política la que ha recibido el abanderado de la Coalición Por México Al Frente: “Vaya usted e intente intimidar al hombre que ha sido atacado de manera descomunal en al menos tres ocasiones por la maquinaria del Estado mexicano”.

Me parece que el único que ha entendido que los debates son apenas un intento de fortalecimiento democrático en el país es el candidato de Morena. Meade y Anaya -las posibilidades del Candidato Independiente son casi nulas- están convencidos de que la televisión nuevamente los puede convertir en presidentes, por eso los debates televisados los aprovechan al máximo, por eso uno de los dos proponía más de tres encuentros. Así que AMLO elige divertirse en esta ocasión y opta por las municiones más irreverentes frente a la retórica panista y la didáctica priista. Si ganó o perdió el debate no es mi tema en esta ocasión.

Ricardo Anaya, quién a partir de hoy -o por lo menos en la jornada de este día- aparecerá con el mote que le impuso AMLO, entendió que su pose de político moderno no iba a funcionar en el debate (los moderadores tuvieron mucho que ver en esto, sobre todo Yuriria Sierra), así que decidió responder con las mismas al que encabeza las encuestas: “El problema es que tus ideas son muy viejas” le espetó. “El problema, Andrés Manuel, es que no entiendes el mundo” le remató. Lo que el panista parece no saber o quizá simplemente olvidó es que la política a puño limpio la maneja a la perfección el morenista. Ricardo Anaya se enfrentó anoche al político con más experiencia y notoriedad en México. Su sonrisa permanente no pudo contra un laconismo que lo ha hecho sangrar en las redes sociales.

Como hipótesis general, el ser humano es reactivo. Los animales políticos lo son aún más. Lo harán de manera sofisticada en el llano, pero en la batalla de las ideas lo que más sobra son crestas y valles. Lo político y lo emocional suben por separado, pero bajan en bola de nieve y se llevan en el giro a quien se cruce en su camino. Y en ese descenso se aruñan, se rasgan, se insultan, se humillan… se vuelven demasiado humanos. Esto puede significar lo siguiente: los debates bienintencionados ofrecen la versión en rodadita de cada uno de los candidatos.

AMLO cuenta con el equipo de asesores de campaña más ingenioso de este proceso electoral: ha convertido la broma, el chiste, lo cotidiano, lo poco sofisticado, lo lúdico y “lo amoroso” en el sello de Morena. Y en medio del chiste sale un “¡son unos corruptos!” con el índice apuntando a quien se ha aludido. ¿Por qué no llevar esta maquinaria al debate? Sospecho que eso fue lo que sucedió el día de ayer: atacar ridiculizando en vivo y no por medio de comerciales y datos falsos; atacar con palabras y frases cortas y chuscas que son las que la mayoría de la gente usa en la calle, y no con el choro que confunde y que en la época de los caracteres contados poco convence. A Ricardo Anaya le tocó bajarse de su plataforma de conferencista ante un público tan sofisticado como él, y perdió en las salas de espera de todos los servicios públicos del país. Ahí donde la gente aguarda su turno y tal parece que lo está encontrado.

¿Meade? Lo hizo bien, pero el primer debate ya pasó y el de ayer era otro escenario y otras emociones. Seguramente se dirá que Ricardo Anaya volvió a ganar la discusión televisada, pero hay que advertir algo: las heridas políticas que recibió no lo están dejando levantar la mano de supuesto vencedor.

Bogotá, Colombia

Por Afonso Brevedades


Acerca de

Juchitán, 1983. Es psicólogo y escritor. Ha publicado tres novelas y coordinado dos antologías de ciencia ficción. Sus ensayos, crónicas y artículos académicos se han publicado en revistas nacionales e internacionales. Ha impartido talleres y conferencias en países de América Latina. Actualmente radica en Colombia.


'La cartera tomada, o psicología política de un debate bienintencionado' tiene 2 comentarios

  1. mayo 21, 2018 @ 3:16 pm Fernanda

    Muy buena crítica. A mi también me pareció que AMLO estuvo mejor asesorado en este debate. Lo que la mayoría está hablando ahora son las frases de “Ricky Rickín Canallín”. Quedan para la historia.

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  2. junio 19, 2018 @ 3:56 pm Verga de perro

    No mames tan duro que enamoras. El peje quedó como un puto payaso de circo suburbano. Eso era un debate presidencial, un enfrentamiento de propuestas y de intelectos. Un burro de esa magnitud no merece ser presidente, no importa cuan carismático pueda ser.

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