«El que se va a morir, que se muera». Mi pueblo y el COVID


Saludamos el estreno de Jerónima Leyva en CS 🙂


Caborca, Sonora.-

Hace trece días, para ser exacta, viajé a mi pueblo con carácter de urgencia. O sea, ¡¡vas o te vas!! Me fui con el miedo de llevar el virus a mi familia -han de saber que vivo con una enfermera- pero mi necesidad fue más grande que mi temor.

Cada vez que voy al pueblo lo primero que hago es ir al panteón y esta vez me llamó la atención ver que ha crecido bastante… Tengo esta costumbre desde hace once años: ir al panteón a avisarle a mi padre que ya llegué.

Yo con mi cubrebocas y mi gel en mano, contenta porque iba llegando a mi pueblo querido, lo primero que veo es un grupo de muchachos jugando futbol, muchachas echándoles porra sin ninguna protección, su sana distancia no estaba presente, gente caminando por la carretera (calle principal Crisanto Buitimea) como si nada, sorprendida de que en ellos no existía el miedo. En cambio yo, les confieso, tenía pavor a contagiarme. ¡Tenía, eh!

Pues llego a la casa con mi cubrebocas puesto, siguiendo todos los protocolos que me recomendaron para acercarme a mi madre. Mis hermanos me veían raro, han de haber pensado «y está loca que trae». Le comento a mi hermana que me da miedo traer el virus y contagiar y me dice:

-Mmmm.. si aquí todos ya tuvieron calentura, dolor de cuerpo, yo duré una semana así, fulano y fulano también, allá mangano se vio muy mal y que fulana tiene mucha calentura

Sorprendida escuchaba su recuento de enfermos. «Y se han aliviado, no van al doctor porque allá los matan a puro paracetamol».

Estamos en eso, llega una visita, luego otra, saludando de mano, sigo con mi cubrebocas y la visita viéndome de reojo. Serían las 6:00 pm cuando llegamos, ya más tarde me quite el cubrebocas como que ya me había relajado. Al día siguiente fuimos a la ciudad más cercana e igual de forma sorprendida porque no vi tampoco ninguna medida de seguridad, solo unos cuantos traían su cubrebocas.

Me puse a reflexionar del porqué la gente del pueblo no tiene miedo y comprendí que ellos no viven atemorizados como en la ciudad, no ven noticias, tiene poco acceso  a los medios de comunicación, conocen lo básico de lo que es el coronavirus, están usando remedios caseros, son gente ruda de campo, son más resistentes a enfermedades, no viven estresados, no se complican pensando que tendrán insuficiencia respiratoria y estar conectado a tubos, comen comida orgánica, en pocas palabras, es gente sana.

Y les quiero decir que en el pueblo sí hay gente con coronavirus y algunos han muerto, pero ellos no se dejan caer, se mantiene de pie a pesar de tener síntomas. Y si platicas con ellos acerca del tema, te dicen: «El que le toca, le toca, ni modos. El que se va a morir que se muera 😔 (selección natural )». Y fíjense que estoy bien a gusto, relajada, sin miedo y pensando lo mismo que ellos… ¿Qué feo, verdad? ¿Será ignorancia o realidad de la gente de pueblo?…



Acerca de

Profesora sonorense en escuela primaria


'«El que se va a morir, que se muera». Mi pueblo y el COVID' tiene 4 comentarios

  1. junio 30, 2020 @ 11:06 am Anselmo Tapia

    Para desgracia de la ciudadania la gran mayoria posee cuando menos una «televisión» se le a llamado «caja babosa» , hasta pagamos por ver basura social: violencia,violación es fisicas, psicologicas y de derechos humanos y la aderezamos con noticias de terror, con todo esto es facil manipular las mentes pensantes y mantenernos llenos de miedo

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    • junio 30, 2020 @ 12:14 pm Benjamín Alonso

      :/

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    • junio 30, 2020 @ 1:34 pm Beatriz Bobadilla

      Veía tan lejano el problema de la pandemia, que llegué a pensar que sólo era un ardid político. La gente tan relajada, aprovechando y disfrutando su confinamiento, como unas merecidas vacaciones. Ni mis amistades y familia habían contraído el famoso Covid 19. Llegué a renegar de estar encerrada sin haber cometido ningún delito. Los protocolos de seguridad me parecieron exagerados y repetitivos. Ayer como castigo divino, esta maldita enfermedad le arrebató la vida, a una de mis más queridas amigas. Y como dice un dicho: «A cada santo le llega su fiesta. No soy muy dada al fanatismo y las posiciones extremistas. Hoy veo la vida diferente y merece todo mi respeto, sobre todo si podemos evitarla.

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