Los días turbulentos: a 43 años de la muerte de “Moralitos”


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Hoy se cumplen 43 años de un evento que cimbró de manera especial a la sociedad sonorense: la muerte del agente de tránsito Enrique Morales Alcántar, mejor conocido como “Moralitos”, quien fuera atacado con arma de fuego el 18 de febrero de 1974 en las calles del centro de Hermosillo.

Moralitos tenía más de 26 años dirigiendo el tránsito en el cruce de las calles Oaxaca y Rosales, justo enfrente del campus central de la Universidad de Sonora donde hoy en día se encuentra una estatua de su persona a manera de homenaje.

Así luce el monumento a «Moralitos» esta mañana de su 43 aniversario luctuoso, a las afueras de la Escuela Primaria Porfr. Alberto Gutiérrez. Según personal del plantel, la placa pendía y fue retirada semanas atrás «para protección de los niños»; según Edelem Flores, paterfamilia encargado de protección civil, «la placa ahí estaba el sábado… no sé qué habrá pasado, voy a averiguar». Fotografía y entrevistas por Benjamín Alonso.

El agente de tránsito no tenía fricciones políticas visibles ni se le identificaba con algún grupo social o político. Por el contrario, era una especie de figura pública y gozaba de simpatías expresas de muchos sectores de la sociedad hermosillense de los años setenta. Por todo ello el ataque que sufrió fue especialmente difundido y desconcertante. Aun en la actualidad los hechos siguen sin esclarecerse.

La muerte de Moralitos no puede entenderse sin el contexto político sonorense de la época, el cual incluía una importante presencia de jóvenes que habían encontrado en la guerrilla una forma de expresarse políticamente. La versión oficial de la historia fue inmediata y sentenciosa: el agente de tránsito había sido atacado por un grupo de jóvenes guerrilleros. Sin embargo —desde una perspectiva más simpatizante con los acusados— también se ha mantenido una versión paralela que señala al gobierno como el responsable de los hechos; desde este punto de vista, el ataque y la muerte de Moralitos servirían como justificación para una posterior agudización de la mano dura contra la guerrilla que se vivió en el estado.

El desaparecido diario El Sonorense fue el principal difusor de la versión oficial. Su director, Enguerrando Tapia Quijada, era una figura central de la opinión pública de esos años y, a su vez, un crítico acérrimo de cualquier expresión política de izquierda. Así, no debe extrañar la forma en que fue difundida la agresión a Moralitos por El Sonorense. Según el diario,

“Moralitos” fue herido de muerte por dos jovenzuelos hasta ahora no identificados, de quienes sólo se sabe que llevaban “greñas largas” y rostros cubiertos […] Decenas de personas han acudido al Hospital, atendiendo al llamado que se hizo por radiodifusoras locales de donadores de sangre. Es que la simpatía que “Moralitos” disfrutaba entre toda la gente era proverbial en Hermosillo.[1]

El agente de tránsito fue atacado alrededor de las nueve de la noche. Al día siguiente (19 de febrero de 1974) algunos policías aseguraron haber recibido disparos de un grupo de jóvenes y hubo enfrentamientos. Los periodistas César Vallejo, Regino Becerra y Guadalupe Rodríguez calificaron los hechos como “una jornada dramática en la vida de Hermosillo, en la cual nuestra ciudad fue sacudida por rumores, aullar de sirenas, estampidos de balas y hechos consumados que conmovieron a la comunidad”.[2]

Durante los hechos fueron heridos los estudiantes de la Universidad de Sonora José Shepperd Vega y Andrés Peña Dessens. Otros pocos fueron detenidos. El estudiante José Shepperd murió casi instantáneamente. Enguerrando Tapia afirmó que “sus compañeros [el grupo de detenidos] confesaron que el muerto, de apellido Sheappard [sic] fue quien disparó sobre Moralitos, porque el sargento lo sorprendió, junto con otros holgazanes, fijando propaganda comunista o queriendo fijar un artefacto destructivo en las oficinas de Bangrícola”.[3] Sin embargo, no existe uniformidad respecto a la información del atacante de Moralitos incluso en el mismo diario; en la edición de ese mismo día (pero en otra nota) se asegura que “Manuel Hiram Rodríguez Esquer [uno de los detenidos] confesó ante el Jefe de la Policía Preventiva que fue él quien disparó antenoche, dos veces, una pistola automática 38 Super sobre el sargento Enrique Morales Alcántar”.[4]

Por otro lado, en la edición del 20 de febrero de 1974 El Sonorense publicó el siguiente collage de jóvenes detenidos o abatidos después del ataque a Moralitos:

La imagen superior derecha muestra a José Shepperd abatido por la policía. Con todo, algunas personas rechazan que el joven pudiera haber formado parte de una organización guerrillera. Luis Rey Moreno es uno de ellos. Moreno conoció a Shepperd desde pequeño ya que eran vecinos:

El recuerdo que yo tengo del Shepperd dista mucho de la imagen de un guerrillero de la Liga Comunista 23 de Septiembre. Él y su familia vivían por la Garmendía y Coahuila, enseguida de mi casa. En el barrio era un tipo muy juguetón, de carácter muy alegre […] cuando supimos de su muerte nadie de nosotros esperábamos eso. La actitud que él asumía hacia el movimiento estudiantil era conservadora. Era de los que decían “los estudiantes a estudiar”. A mí me advertía, “no te metas en política, no seas tonto, te vas a quemar” […] “no te metas en esos rollos, te están manipulando”.[1]

Aunque parece ser que Shepperd sí se encontraba con el grupo el día del enfrentamiento (a quienes se les comprobó ser parte de la Liga comunista 23 de septiembre).

Moralitos murió el 27 de febrero de 1974. Tres días antes había fallecido Andrés Peña Dessens (el otro estudiante herido en los enfrentamientos). A más de cuarenta años seguimos sin tener muchas certezas de lo ocurrido aquellos días de finales febrero de 1974.

Hay algo de lo que sí podemos estar seguros: las prácticas guerrilleras volvieron a hacerse presentes pocos meses después. El 23 de marzo fue capturado el “comando Sonora” de la Liga Comunista 23 de septiembre en el sur del estado. El 20 de abril fue asesinado a tiros el policía Ramón Camargo Zepeda en Hermosillo. Tres días después otra célula de la liga tuvo un enfrentamiento donde murió el policía Ramón Franco Islas. También fueron capturados los estudiantes Rodolfo Godoy Rosas y Samuel Orozco Cital. Los detenidos permanecieron presos alrededor de cinco años. Pudieron salir por una amnistía concedida por el entonces gobernador del estado Alejandro Carillo Marcor en 1980.

Se trata, sin duda, de momentos especialmente turbulentos dentro de la apasionante historia reciente de nuestro estado.

Texto y fotografía por Cuitláhuac Alfonso Galaviz Miranda

Fuente: El Sonorense, 19 de febrero de 1974, Hermosillo, Sonora.

 

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NOTAS

[1] Testimonio de Luis Rey Moreno sobre José Shepperd; citado en [Duarte, Rubén (2003): Días de fuego: el movimiento universitario sonorense de los años setenta, México, Germinal/Unison: pág. 90].

[1] “Balacearon a Moralitos; agonizaba anoche el honesto y cumplido policía”, de Regino Becerra, El Sonorense, Hermosillo, Sonora, 19 de febrero de 1974.

[2] “Abatieron a los heridores de Moralitos”, de César Vallejo, Regino Becerra y Guadalupe Rodríguez, El Sonorense, Hermosillo, Sonora, 20 de febrero de 1974.

[3] “Mi libreta de apuntes”, de Enguerrando Tapia, El Sonorense, Hermosillo, Sonora, 20 de febrero de 1974.

[4] “Abatieron a los heridores de Moralitos”, de César Vallejo, Regino Becerra y Guadalupe Rodríguez, El Sonorense, Hermosillo, Sonora, 20 de febrero de 1974.



Acerca de

Doctorante en Estudios del Desarrollo por el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora. Maestro en Sociología política por la misma institución y Licenciado en Historia por la Universidad de Sonora.


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