¿Ya comió o quiere libertad?


Señores, la pluma de Alejandro Valenzuela regresa en inmejorable momento

Provechito con mojito


“La libertad, Sancho –le dijo Don Quijote a su escudero– es el más grande don que los cielos dieron a los hombres”. Sin embargo, en el mundo hay una desigualdad tan tremenda (yo lo mostró Thomas Piketty en El Capital en siglo XXI) que mucha gente de izquierda está dispuesta (aunque es más fácil decirlo que hacerlo) a perder ese gran don que los cielos nos dieron por un poco de comida, no importa que sea poca con tal de que sea segura.

 

El debate sobre la libertad y la igualdad sale a la luz con una regularidad y una enjundia que ya quisieran la religión y la política en el ámbito de la cantina. Ahora se está “discutiendo” con ardor sobre el tema con motivo de la muerte de Fidel Castro. Y digo “discutiendo” y no discutiendo porque lo que existe actualmente es una guerra de frases hirientes cuyo blanco no es el sistema de ideas que sobre el tema existe, sino la inteligencia, la personalidad, la independencia y hasta la honra de los participantes en el debate.

 

Una vez le dije a un “activista” que el candidato X estaba equivocado en tal política y me respondió: “el candidato Y será muy bueno”, como si yo defendiera al candidato Y. Así mismo, si tú dices que Cuba está en ruinas, dominada por un régimen dictatorial, te responden que en México hay millones a quienes la pobreza les impide gozar de lo que llaman “libertades de fantasía”, como si no supieran que la democracia, que el liberalismo, que la política que tenemos en México son una distorsión de sus verdaderos referentes; que por lo menos los niños en Cuba comen; que la libertad mexicana permite elegir a personajes tan anodinos como el presidente de la república.

 

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La gente cree que piensa cuando en realidad se mueve en el mundo de las discusiones guiada por esas cláusulas cristalizadas que constituyen la ideología de cada quien. La gran masa está incapacitada para sostener un debate de ideas y llenan los huecos de la razón con frases lapidarias ideadas por alguien más o con referencias a temas que no tienen nada que ver con el problema discutido.

 

Yo, que no soy un hombre de lamentos, lamento sinceramente que ambos bandos, digamos la derecha y la izquierda, hayan perdido la imaginación que le ponían al debate y las discusiones en el pasado. ¿Cuándo los liberales y los socialistas abdicaron de la capacidad de pensar? Quizá yo estoy equivocado y siempre ha sido así. Quizá lo que sucede es que los verdaderos pensadores no están en Facebook; quizá lo que sucede es que las redes sociales  le abrieron las puertas de la discusión pública a todos aquellos que antes no opinaban porque los periódicos y las revistas no solían recoger trivialidades repitiéndose (no sé si como tragedia o como farsa) aquella pequeña venganza del pueblo que consistió en invadir los paseos de los ricos despojándolos de todo glamour.

 

Para la derecha la libertad es un valor superior, sin importarle que el grueso de la gente esté en la pobreza. Para la izquierda un poco de bienestar justifica la dictadura bajo la creencia inocente de que hay dictaduras buenas y dictaduras malas. Ni unos ni otros pueden imaginarse siquiera que la pobreza extrema erosiona cualquier libertad, y que la tiranía trivializa cualquier bienestar, sobre todo si es mínimo.


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Para quienes Fidel Castro fue un desalmado dictador y que Cuba sigue siendo el símbolo de la opresión, buscan que ese sufrido pueblo alcance la libertad que gozan en otros países, aunque la gente se levante preguntándose qué va a desayunar, no por la abundancia de opciones, sino porque la despensa está vacía. Para estos opinadores, los que defienden al régimen cubano lo hacen de lejecitos porque serían incapaces de ir allá, salvo que sea de vacaciones.

 

Para otros, los que creen que Fidel Castro era un líder descomunal, un faro de la lucha por la liberación de los pueblos, un ejemplar y valiente opositor del imperialismo yanqui, unos cuantos logros son suficientes para justificar que una persona construya un poder opresor con el argumento velado de que no hay nadie entre 10 millones de personas que tenga la capacidad de sustituir al líder. Si usted critica al régimen, le dirán que para qué quiere alguien la libertad si no es para repetir como pericos los slogans del imperialismo, para traicionar al pueblo, para conspirar contra los sagrados (así dicen) intereses de la revolución.

 

La verdad es que no sé dónde quedaron las ideas. Para la derecha y para la izquierda John Rawls jamás escribió sobre la justicia (una sociedad justa debe generar los mecanismos para que el más desfavorecido de sus miembros tenga la oportunidad de gozar de una vida lo más digna posible) ni Amartya Sen argumentó sobre el desarrollo y la libertad (que la libertad es una condición sine qua non del desarrollo de las sociedades).

 

La conclusión que saco es que la izquierda no tiene ideas de izquierda ni la derecha sabe para qué es la libertad, salvo cuando se refiere a la pequeña parcela de los privilegios. Así como las universidades llegarán a ser oficinas expendedoras de títulos profesionales gratuitos a quienes lo soliciten, las redes sociales han “democratizado” el análisis permitiendo que participen incluso quienes no tienen opinión. A eso atribuyo que la derecha entienda la libertad como el fuero para oprimir a los demás y que la izquierda esté dispuesta a sacrificar la libertad a cambio de un poco de comida.

Por Alejandro Valenzuela

Fotografía de AFP HO

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«Un niño de ocho años que colecciona fotos y libros de Fidel Castro se convirtió en celebridad en los medios de Cuba luego de que el veterano líder lo invitara a su casa a charlar, un privilegio reservado hasta ahora a dignatarios extranjeros», pie de foto de El Universal, 27 de agosto de 2014, Cartagena, Colombia.

 



Acerca de

Alejandro Valenzuela es originario de Vícam, Sonora, un pueblo muy feo pero que tiene buen lejos. Si uno lo ve a la distancia, digamos desde lo alto del cerro del Omteme, es un lugar hermoso donde el verde intenso de sus árboles, como de fantasía, resalta en el marco de un vallecito de ensueño que se prolonga hasta una cordillera de montañas que de lejos parecen azules. De cerca es un pueblo feo, polvoriento y reseco, de calles intransitables y casas construidas con una arquitectura sin gracia. Vícam se está pudriendo en el abandono porque está pagando, pidiendo permiso para todo, el pecado originario de entrar sin permiso en territorio yoreme. Es profesor-investigador en el Departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de Sonora en Hermosillo, donde imparte los cursos de ingeniería económica, costos en ingeniería, estadística y probabilidad, econometría y teoría económica (microeconomía y macroeconomía). Es el director del Vícam Switch, medio de comunicación de las comunidades yaquis, medio que tiene la misión de contribuir al logro de una sociedad de personas iguales, tolerantes y respetuosas conviviendo en una región con usos, costumbres y leyes propias. Busca que se respeten los intereses culturales, históricos, sociales, políticos y económicos de todos los habitantes, hombres y mujeres, yaquis y yoris. Alejandro Valenzuela aprendió lo poco que sabe en las escuelas primarias Benito Juárez, de Bácum, y Florencio Zaragoza, de Singapur; en Vícam, en Secundaria Federal Lázaro Cárdenas y en el CBTA 26; en la Ciudad de México, en la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM y en UAM-Xochimilco; en El Colef, de Tijuana; en la University of Connecticut, en los Estados Unidos, y en El Colson, en Hermosillo. (Autopresentación)


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