Vivir a lo perruno o sobre la intolerancia de los hermosillenses


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Hermosillo, Sonora.-

Cuando me enteré que un grupo de personas se apostó frente al Cobach Villa Bonita a regalar el Libro de la Revelación, o sea la Biblia, y que algunas personas se alarmaron, recordé la palabra tolerancia que poco comprendemos los hermosillenses. La tolerancia es algo que aprendí de mi papá. Aunque hace 20 años partió de este mundo, sigo aprendiendo de él a través de su ruta lectora y de sus reflexiones escritas, pero sobre todo de las acciones que hizo en el pasado y hasta ahora logro comprender.

Tendría unos diez años cuando iba al catecismo, sin que lo asimilara, la semilla de la tolerancia fue sembrada. Mi papá me mandó a la Iglesia católica con una biblia protestante, a manera de aviso para la catequista, en las páginas iniciales escribió un mensaje en el que se limitó a enumerar los libros que la biblia protestante omite.

No es que en mi casa no existieran las biblias, aún conservamos varias ediciones, incluyendo la católica y la anglicana. Sin embargo, en la pequeña biblioteca familiar además de los agudos análisis de Salvador Freixedo, también se pueden encontrar libros que hablan del budismo y taoísmo, como de las corrientes más ortodoxas del cristianismo.

Para nosotros no era raro hablar de lo espiritual. Además de historiador, mi papá fue treinta años sacerdote católico; para poder formar una familia cambió su forma de vivir, pero nunca dejó de orientar a quien tuviera la necesidad.

No estuvo exento de críticas, en el Hermosillo de los ochenta tomar la decisión de renunciar a las actividades eclesiásticas le valió el desprecio de algunas personas, incluso de quienes él consideraba amigos, mismos que no aceptaban (como ahora) otros puntos de vista.

“Qué desagradables somos todos cuando sugerimos de manera implícita con nuestras críticas que todos deberían ser como nosotros”. Cuando leí tal frase de El David Aguilar en Twitter me explotó la cabeza, esa idea debe ser tan antigua como reciente.

Y sí, yo también he sido ese ser desagradable y alarmista que cree tener la razón, cuando caigo en ese síndrome sin sentido me gusta recordar qué es vivir a lo perruno.

Comparto esta reflexión de mi papá publicada en El Imparcial el 17 de Febrero de 1975. Y ante tanta intolerancia no estaría de más aplicar una nota aclaratoria a cada libro sagrado que se regala en las calles.

QUÉ ES VIVIR A LO PERRUNO

Por Flavio Molina

Algunos filólogos dicen que la palabra “guerra” viene de “bestia”; porque siendo el hombre un ser inteligente, debe resolver sus problemas y dificultades por medio del raciocinio, y no por medio de la fuerza, que ésta es característica exclusiva de los brutos.

Aún en algunas especies de bestias observamos que viven en concordia; de ahí que una víbora se cuide de no picar a otra. En cambio, entre los hombres vemos a cada paso luchar uno contra otro hasta la muerte.

Y si nos remontamos al inicio del género humano, veremos que ya desde entonces el hombre empezó a vivir perrunamente. Cuando el envidioso de Caín mató a su hermano Abel, porque éste era bueno; es por eso que la envidia en el hombre debe ser algo muy malo, pues, al no admitir competidor, lo convierte en un lobo para con su semejante. De ahí que perruno sea.

Por envidia del petróleo, hacer la guerra a otra nación, esclavizándola a su servicio.

Atacar con ira al coterráneo cuando sobresale por alguna cualidad, como si el hecho de que alguno sea bueno, diera derecho a que otro sea malo. Con razón dijo Cristo: “Nadie es profeta en su tierra”.

No tener motivo para odiar y, sin embargo, no poder estar sin enemigos.

Tener un puesto encumbrado, ya sea en mando o fortuna y, olvidarse, o por lo menos decir que no se necesita a los de abajo.

No sembrar o plantar un árbol, porque no sea uno, precisamente, quien ha de disfrutar su sombra o su fruto.

Intentar demostrar, a todo trance, la falsedad de alguna cosa.

Esforzarse por demostrar que se poseen cualidades que no se tienen.

Ser indulgente con los defectos propios e inflexible con los ajenos.

Pensar que el lenguaje sirve para conversar consigo mismo y no para dialogar con el prójimo.

Y por último, perruno es, querer que los demás piensen como nosotros.



Acerca de

Es periodista. Cuenta historias de la realidad y a veces cree en la humanidad.


'Vivir a lo perruno o sobre la intolerancia de los hermosillenses' tiene 7 comentarios

  1. marzo 2, 2020 @ 9:05 am Antonio Noriega

    Conoci a Flavio, un gran amigo entusiasta y conocedor de la Historia, etimologia y la mineria en Sonora. Mi papa lo conocio en Batuc. En Arizpe, salimos algunas veces a gambusear en compañia de mi papa y mi tata. Saludos.

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    • marzo 2, 2020 @ 1:15 pm Yesúa

      Gracias por su comentario Antonio. La minería fue otra de sus pasiones, en los años 70 también escribió sobre los gambusinos. Batúc y Arizpe, creo que fueron lugares que mi papá quiso mucho y donde hizo grandes amigos como seguro fueron su padre y usted. Saludos.

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  2. marzo 2, 2020 @ 5:02 pm Gloria del Yaqui

    Me encantò esta Crònica, Yesùa Molina Romero, eres una Gran Hija de tu Padre. Sigue sus pasos. Nos encantarîa seguirte leyendo. Conocî a tu Padre y a tu Madre , llevaron una vida mucho mejor que otros, que se autonombran buenos o que se la llevan » con el Jesùs en la boca».

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  3. marzo 2, 2020 @ 10:32 pm Ramon Bañales Bañuelos

    Yesu’a. no tuve el gusto de conocer a tu papá, pero si me tocó leer poco de sus apuntes y en lo personal y por lo poco que leí, me di cuenta de su grandeza de alma y sobretodo de su libertad espiritual.
    Estoy de acuerdo en que los hombres actuamos perrunamente y solo unos pocos saben encontrar la libertad y elevar su espíritu y grandeza de alma.
    » Y CONOCEREIS LA VERDAD, Y LA VERDAD LOS HARA LIBRES».
    UNn abrazo hija a ti y a Fabiola, las amamos.
    Saludos de parte de la familia.

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    • marzo 3, 2020 @ 9:25 am yesúa

      Abrazos estimado Ramón y gracias por su generoso comentario.

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  4. marzo 3, 2020 @ 3:50 am Roberto Perezcuervo Flores

    A fines del siglo XIX se infiltró en México la expresión que para evitar pleitos en las mesas y a la hora de comida había que eliminar hablar de religión y de política.
    Allí se creó la base para los cambios que han destruido el concepto de Patria y bienestar en México.

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