¿Mi verdad?


Un ensayo -y una invitación- al estilo Ramos


I

La verdad es concepto que no se atrapa tan fácilmente. Y ya que la tienes menos fácil la sueltas, pienso y creo, mi estimado Michell.  

Pero, vamos, tienes razón, si le hacemos como Cartessius en su Discurso, podremos lograr lo que planteaste, siguiendo las reglas dos y tres del método cartesiano –la analítica y la sistémica-, empiezo por lo más sencillo y de ahí avanzo, paso a paso, hacia algo más complicado.

El comienzo siempre es por algún lado. En el mamotreto de la Real Academia Española (RAE), lo primero que encuentro es que la noción está identificada como nombre femenino. Desalojada la cuestión de género, de sobra importante en nuestros tiempos, a efecto de no ser muy expansivo, reproduzco lo que en el diccionario dice sobre verdadero:¨Adjetivo. Que contiene verdad. Real y efectivo. Ingenuo, sincero. Que dice siempre verdad, veraz¨.

Material de sobra hay para irse aproximando al contexto, introduciéndonos en la realidad de las cosas, nomás por ambientar el punto y continuar, aunque, mejor enfoquémonos un poco en varios modos, lo cual nos permitirá, al mismo tiempo, profundizar en otros tantos.

II

Así que, ¿mi verdad?. La verdad, lo mío, mío, es la Virgen de Guadalupe. Neta, de verdad, la Guadalupana. Yo a la Morenita le hago su velación cada once de diciembre, en la víspera de su día máximo; le pongo en mi casa su altar y le agradezco por lo que me ayuda. Cada vez que tengo un problema, que no sé qué hacer, en mis oraciones le pido consejo y ella me tranquiliza y orienta, de algún modo me hace que aclare y vislumbre; ya luego, esperanzado y seguro, decido.  Nunca me falla.  En ella creo.  Le tengo mucho respeto y siempre la tengo presente.  Es mi patrona.  Desde chiquito le bailaba a la Virgen y le cantábamos ¨ En el cielo, una hermosa mañana, en el cielo una hermosa mañana, la guadalupana, la guadalupana, la guadalupana bajó al Tepeyac¨, en las peregrinaciones, vestidos de matachines, con unos trajes rojos bordados de pequeños carrizos amarillos y cascabeles plateados, en huaraches con suela aún no de hule  neumático.  Éramos chorros de gente, caminando desde la Alameda hasta la iglesia de la Madonna, pegada a la Alianza, del otro lado de la ciudad. Durábamos dos horas peregrinando.  Bailábamos de cuando en cuando, al ritmo de un tamborcito y una flautilla de junco.  Los carrizos en nuestros trajes, sonaban como si estuviese lloviendo.  Al entrar, la iglesia estaba llena de incienso y, en lo alto, en el mero centro bajo la cúpula, había imágenes de la patrona, nuestra madre de todos los mexicanos, mi más pura verdad.  Por eso uso este escapulario, para traer siempre a la virgencita cerca de mi corazón.  Es como un escudo.  Un tiempo traje una medalla de oro, con su cadena dorada, pero la perdí, como que a la Morena no le gusta la ostentación.  Lo mío es la Lupe, qué va: en lo que crees, está tu verdad.

Pero, la verdad, mi verdad, mi mera neta, ahora que lo preguntas estimado Michell, lo mío, mío, en el fondo es el Santos.  

Yo soy Santista de hueso colorado, lo llevo en la sangre desde que nací, iba en la leche que en el pecho de mi madre mamé.  Ella me llevaba al fut pues no se perdía ningún partido.  Y, allí, en el estadio lleno a reventar, entre la gran afición, en medio del griterío en el graderío, se sacaba una con discreción y yo me prendía a ella con toda fruición y ahí estaba a dale y dale hasta que el Santos metía gol, entonces sí, con el brinco que pegaba mi Madre, de la chichi me tenía que desprender y no me quedó de otra que sumarme a la afición, de verdad, aunque parezca increíble, así fue, así ha sido desde entonces.  Y como pienso que la verdad de cualquier persona se encuentra donde está su pasión, por eso digo que dejé los pechos de  la mujer, por el equipo Santos de fútbol, ¿qué iba a hacer? Como que salí perdiendo, dede hace rato se me afigura.  Cambiaré de verdad.

Pero, no. La verdad, la mera netota, es que no tengo verdad. O no sé cuál es.  A veces la busco, a veces no.  Me pierdo y me canso. Cuando la encuentre no lo voy a decir.  Es tan íntima que sacarla a flote será como mostrarme sin máscaras, en total desnudez.  Nunca he visto a mi verdad, tampoco la he oído, tiene cierto sabor, sí, la supongo en mis células, en sus mitocondrios y protoplasmas.  Tu verdad es lo que no puedes evitar.  Y ahí cabe hasta el mentir.  La mentira se confunde con la verdad.  Ahora ya no hay verdad.  La verdad ya no existe, sería la frase de hoy.

No, bueno, ahora sí, en serio: Lo mío es escribir.  Como que fue la parte libre del cuadro que me dejaron. Soy el sexto, séptimo de mi familia.  Llevo el nombre de uno que me precedió.  Y el de mi tío y de mi abuelo y de dos primos.  Dos hermanas y tres hermanos me aventajan.  Y son virtuosos en muchos modos, campeones, protagonistas, sobresalientes.  Mi única verdad es mi historia, supongo, lo que he hecho en mi vida.  Y es poco, no mucho.  Y lo que he soñado, que es más.  Una historia de perdedor, un lamento.  Pero soy muy bueno para reponerme, sublimo a todo dar.  Una historia no muy agradable, la verdad.

-Siempre fuiste un niño bonito, blanco, de pelo lacio, suertudo, privilegiado.  Un niño bueno, bien portado, querido.  Tuviste a tu padre y a tu madre ya hasta bien adulto.  Ambos cercanos, sanos, pendientes, inteligentes y retadores.  Te quisieron, se quisieron. No tuviste que defenderte por ti mismo hasta ya bien entrado en años, cuando te fuiste a trabajar y cuando te casaste, ya llevabas todas las herramientas, hasta una profesión.  Ya habías aprendido a llevarla suave, a no complicarte mucho, te faltó la ambición.  Te daba flojera hacer dinero, nunca te peleabas, te daban miedo los golpes.  Cuando te madrearon te salvó la divinidad encarnada en Verónica Melendrez, ay mamacita, ¿ la recuerdas?, la hermana de Neto, hermosa, se puso buenísima, un cuerpazo rozagante, pachoncita, ¿cómo estará hoy?-, todo esto imagino lo dice mi primo JJ, cuya vida ha sido tempestuosa, por lo que él si tiene verdad.

Profundicemos, entremos en el contexto, en lo que hay en el mundo.  Por ejemplo, el cuento aquel de los cinco ciegos sentados enseguida de un elefante, cada uno tocando una parte diferente del animal, de suerte que cuando les piden que describan cómo es un elefante, cada cual hace un relato distinto, lo que abona en el argumento de que la verdad no es única, cada quién tiene la suya.  El caso, sí, tiene dos fuertes debilidades.  Una implica que la verdad la formamos los humanos a través de los sentidos y, como estos en ocasiones nos engañan, pues no son de fiar mucho.  La otra es que el ejemplo aplica solo para cuando no ves, sea porque tienes los ojos cerrados o porque están fundidos. 

-Di la verdad-, recuerdo nos exigían nuestras madres u otras autoridades, cuando pasaba algo grave y querían saber quién era el responsable.  Ah, cómo me repugnaban estas situaciones, porque a veces no había sido uno testigo y otras no querías echar de cabeza a nadie.  Desde entonces tengo reservas con la verdad, no me cae bien, la detesto.  Y no puedo olvidar el lema de nuestra escuela veritas liberabit vos y su continua repetición en tono de cantaleta cual pastoreo para que no mintiéramos y soltáramos la sopa.

Por eso digo, estimado Michell, no me es fácil decir mi verdad.

Por Juan Enrique Ramos Salas *

Texto realizado originalmente para el Taller de Ensayo que dirige Michell Giovanni Parra en la Biblioteca Pública Municipal de Hermosillo, auspiciado por Instituto Sonorense de Cultura, mayo de 2019.

Monumento a Renatus Cartessius -o René Descartes- en La Haya

«Invitación iconoclasta súper efectiva», a decir del autor.

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Acerca de

Nómada irredento, originario de Torreón, Coahuila, en Sonora por más de 40 años. Pasajero de la nave tierra, con 66 vueltas al sol, aprendiz de escritor y tallador de madera en ciernes.


'¿Mi verdad?' tiene 4 comentarios

  1. mayo 13, 2019 @ 12:00 pm Maren Von

    Versión Ramos de Rashomon: 5 testigos/ 5 verdades. ¡Me encantó!

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    • mayo 13, 2019 @ 3:40 pm Ramos Salas

      Gracias, Maren, me da gusto. Que bueno que comentas. No se quien es Rashomon

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      • mayo 13, 2019 @ 9:09 pm Maren Von

        Rashōmon (羅生門) es una película japonesa producida en 1950 por el director Akira Kurosawa. Rashômon es considerada una de las obras maestras de Kurosawa, protagonizada por Toshirō Mifune. Está basada en un cuento escrito por Ryūnosuke Akutagawa en 1915. La película, que se desarrolla en el siglo XII, narra el crimen de un samurái con cuatro testimonios distintos: el del asesino del samurái, de la esposa del samurái, del samurái mismo (el cual habla a través de una médium) y de un leñador que fue testigo del hecho. Son 4 (no 5) testimonios. Está completa en YouTube. Me encantó tu artículo y tu afán de derrumbar el «mandato masculino».

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  2. mayo 13, 2019 @ 9:12 pm Maren Von

    Rashōmon (羅生門) es una película japonesa producida en 1950 por el director Akira Kurosawa. Rashômon es considerada una de las obras maestras de Kurosawa, protagonizada por Toshirō Mifune. Está basada en un cuento escrito por Ryūnosuke Akutagawa en 1915. La película, que se desarrolla en el siglo XII, narra el crimen de un samurái con cuatro testimonios distintos: el del asesino del samurái, de la esposa del samurái, del samurái mismo (el cual habla a través de una médium) y de un leñador que fue testigo del hecho. Rashōmon fue una de las tres películas en las cuales Kurosawa colaboró con el maestro cineasta Kazuo Miyagawa.

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