Una mañana de primavera


Mi mamá nos levantó temprano. Aunque sea sábado a mí me gusta levantarme temprano, sobre todo en estos días cuando ya no hace tanto frío y en las mañanas se escucha el canto de muchos pájaros. En el pueblo las señoras se levantan antes de que salga el sol “para agarrar la fresca de la mañana”, dicen ellas, y se ponen a hacer tortillas de harina para el desayuno y el lonche. Después se ponen a barrer el patio al mismo tiempo que platican con las vecinas de las incidencias del día anterior. Los señores agarran el lonche y se van a la milpa, no sin antes tomar café.

Nos gusta mucho ir a la milpa de mi abuelito Lorenzo. Mi mamá nos dijo que fuéramos a pedirle unas calabacitas y le llevamos café en una botella de vidrio. Vamos por el camino más corto, eso mi mamá no lo sabe. Mis primos y yo lo descubrimos, por eso es nuestro camino. Tengo que agarrar de la mano a mi hermanito pues luego se va corriendo y mi mamá me lo encargó mucho. Yo ya estoy grande, tengo seis años; él tiene tres, está chiquito.

Los mezquites empiezan a brotar con ese color verde tierno, muy tierno, y luego sus flores tienen el aroma de pasto tibio y dulce que atrae a miles de abejas. La mañana es fresca y después se pone tibiecita. Me gusta respirar el aire tibio.

Tenemos que cruzar por el arroyo. Le ayudo a mi hermanito a subir el paredón, pues no puede subir solo. «¡Allá está mi abuelito!». Trae una pala en el hombro porque anda regando las calabazas. Nos sentamos a descansar debajo del palo fierro mientras mi abuelito nos platica de la siembra de calabacitas que le llaman italianas. Le da un sorbo al café caliente que le mandó mi mamá.

Mi abuelito sabe mucho de plantas y semillas. Nos dice que cuando las calabazas están grandes y maduras, están listas para sacarles las semillas. Nos dice paso a paso lo que hace:

 

– Las lavo y las pongo a secar en los cedazos de tela mosquitera. Si son muchas las pongo en el catre de ixtle. Ya secas las guardo en botecitos de cartón donde viene la avena.

 

Con la pulpa de las calabazas maduras mi abuelita María hace una mermelada con piloncillo, canela y clavo de olor; mis primos y yo la comemos con tortillas de harina recién hechas. Para media tarde nos parece deliciosa, después de jugar a las escondidas o buscar nidos de chuparrosa.

 

– Cuando se llega la temporada de sembrar las calabazas, que es a finales de enero, saco los botecitos de cartón donde guardo las semillas secas; las pongo en una bolsita de tela, las mojo y las dejo en un lugar tibio cerca de la hornilla. Esto para que se adelante la germinación y ya cuando las siembro en los surcos nacen más rápido. Cuando empiezan a brotar las plantitas las cubro con periódicos por las noches, que es cuando hace más frío y en las mañanas se los quito para que les pegue el sol.

Mi papá dice que cuando «canta la grulla» va a hacer mucho frío; pero yo no he visto ninguna grulla; yo creo que es sólo un dicho de él. Lo que si he visto son muchos tildíos cantando en las tardes. Son unas avecitas con patas largas que les gusta andar en el pasto y en el agua de las acequias; dice mi papá que les dicen así porque cuando cantan se escucha ¡tildío, tildío!, y eso es cierto. Mi abuelito nos sigue platicando:

 

– Se sabe muy bien cuándo va a haber heladas: se observa el cielo, la temperatura del viento del norte y nos vamos en la madrugada a encender las llantas viejas con aserrín. Éstas se colocan por el lado norte de la plantación para que el aire frío se caliente con el humo. También regamos la milpa porque esa agua tibia que sale del pozo protege las raíces de las plantitas…

 

Todo esto nos lo explica mi abuelito muy pausado y con muchos detalles para que se nos quede gravado en la memoria. Cruzamos la acequia de un salto y corremos entre las plantas que nos llegan a la cintura. Las flores de calabaza se abren cuando sale el sol y se cierran a medio día. ¡Es muy chistoso!, algunas abejas se quedan atrapadas dentro de las flores cuando éstas se cierran y se quedan allí hasta el siguiente día. En ocasiones voy de flor en flor abriendo un huequito para que salgan cuando las escucho zumbar desesperadas. Pienso que cuando se ven liberadas me lo agradecen; aunque las abejas no saben hablar.

Las flores de calabaza son del color del sol de la mañana, naranja clarito, y son peluditas muy suaves y delicadas. Mi abuelito nos dice que hay flores masculinas que contienen los granos de polen y las flores femeninas donde están los óvulos en los ovarios después se convertirán en una calabaza. Las que se encargan de llevar los granos de polen de las flores masculinas a las flores femeninas son las abejas. Las flores les agradecen regalándoles néctar y unos granos de polen, porque las abejas también comen granos de polen.

Mi abuelito nos corta las calabacitas. A mí no me gusta cortarlas porque los tallos de las plantas y las hojas tienen espinitas y son muy rasposas. Llevamos la bolsa que nos dio mi mamá llena, llena. Está muy pesada y mi hermanito no quiere ayudarme; pero yo puedo solo porque ya estoy grande.

Ya estamos en la mesa, mi hermanito, mi hermana que casi tiene un año y yo el más grande. Mi mamá nos sirve unas calabacitas con queso y tortillas de maíz hechas a mano. Todo se ve muy bueno. Mi mamá hace muy buena la comida.

Acaba de llegar mi papá; ya se lavó las manos; se quita su sombrero, lo pone a un lado y se sienta con nosotros a comer. Le digo que mi hermanito y yo fuimos a traer las calabacitas. Me da una palmada en la espalda y me dice:

 

– ¡Ah qué mi güerito!

 

Me siento muy a gusto, pues pienso que esto es ser feliz…

 

Texto y fotografía por Guillermo Valenzuela

San Pedro El Saucito, Sonora

Primavera 2017



Acerca de

Nací en 1970 en Hermosillo. Crecí y corrí descalzo por las calles polvorientas del poblado El Saucito. Mientras mis hermanos y el resto de los niños de mi generación cazaban cachoras, yo juntaba chúcata y atrapaba chicharras en los mezquites. Cuando llevaba a pastar las vacas devoraba libros como “Lecturas Clásicas para Niños” y “Platero y Yo” que tenía en mi casa gracias a mi abuelo materno. Él me decía: la lectura y el estudio te ayudaran a cruzar el rio, una vez en la otra orilla serás una mejor persona. En el 2012 me gradué como Psicólogo de la Salud y actualmente cuento ya 14 años como bibliotecario y Mediador de Lectura. Me gusta leer más que escribir, pero cuando escribo expreso las añoranzas y las emociones internas en relación con la naturaleza.


'Una mañana de primavera' tiene 2 comentarios

  1. abril 1, 2017 @ 10:36 am Santa

    Memo Valenzuela, soy tu seguidora. Me gusta lo que escribes. Me remontas a algunos recuerdos de mi infancia con tus relatos.

    Responder

    • abril 1, 2017 @ 11:38 am Guillermo Valenzuela Mendoza

      Gracias Santa (que bello nombre) son recuerdos, son vivencias, que seguiré compartiendo, de una infancia que a pesar de las carencias y el aislamiento que en cierta forma teníamos en El Saucito, contribuyó a que tuviéramos una niñez con inocencia y de aprendizaje en la disciplina y los buenos valores familiares…

      Responder


Quieres compartir tus ideas?

Tu email no será publicado

Crónica Sonora