«Trainspotting 2»: ¿jodidos pero contentos?


Escoge una razón para ver Trainspotting, 2.

Escoge a Danny Boyle, que ha construído una reunión generacional de nuestros perdedores favoritos, bajándole dos rayitas a la primera película, que ya tiene más de 20 pachecos años.

Escoge a Renton (Ewan McGreggor). Avanzando, hacia ningún lugar, sobre una caminadora que le provocará un evento cardíaco y el inexorable deseo de volver a los brazos de mamá, en Edimburgo. Sólo que de mamá apenas queda una pálida sombra.

Escoge a Spud (Ewen Bremmer). Adicto, mil veces adicto, incapaz de rehabilitarse. Reducido a una vida indigente, es visto por su hijo y la madre de su hijo con la vergüenza de ver un alienígena en desgracia, un viajero del tiempo (del peor de los tiempos: el tiempo perdido) o, a lo mejor, un cronista en absoluta y suicida decadencia: todo un papadzul.

Escoge a Sick Boy (Jonny Lee Miller). Envejecido, con el cabello teñido como antes, convertido en estéril proxeneta siempre dispuesto a la extorsión.

Escoge a Begbie (Robert Carlyle). En el bote. Y luego, logra escapar. Como un tiburón en busca de sangre, gira sobre la venganza. El mundo no basta para ser el villano necesario, ahora a lo Mark Twain, persiguiendo a Renton en las oscuras cuevas de la noche en Edimburgo.

Rodea a estos cuatro fantásticos con basura, pilas de basura, edificios en ruinas, montañas de inmundicias y toneladas de fierro viejo que serán duras referencias a estas vidas desperdiciadas a lo bestia: uno desea lo que ve todos los días.

Súbele al soundtrack. Pero no mucho. Renton, en su antigua recámara, no podrá escuchar el vinyl de “Lust for life” de Iggy Pop, sin arrepentirse por puro miedo o escalofríos; apenas suena por ahí “Perfect day”, de Lou Reed, y en el mejor momento de Sick Boy – una parranda personal – aparece “007”, escrita por John Barry. Pero nada más. Esa banda sonora que prendió a todos en 1996 es ahora una leve, vaga y ambigua referencia.

Donde hubo anarquía, melancolía queda. Las travesuras y excesos de estos nuevos “chavorrucos” no irán más allá de la búsqueda de una zona de confort que les permita seguir sobreviviendo a la antigua, cuando todo era para siempre: turistas de su propia juventud.

Nostalgia, nostalgia y más nostalgia. Trainspotting, 2 está en busca de su propia voz, pero su antecesora no se lo permite. Los golpes y reclamos a Renton tienen, por supuesto, el sabor del pasado, pero son inevitables también los flashbacks que aderezan, eso sí, una impecable factura en fotografía y edición.

En esta ocasión no habrá una escena memorable – como la del peor baño de Escocia -, sin embargo hay espacio suficiente para considerar a esta segunda entrega como un digno, muy digno, epílogo.

A estos pobres cabrones sus hijos les escupen las diferencias generacionales. Begbie intentará guiar a su primogénito por el camino del hampa, pero el millenial ya tiene planes para su propia vida. Choose life.

Spud es prácticamente ignorado por su vástago. El chamaco, en definitiva, no quiere saber nada de él. ¿Quién va a querer a un adicto convertido en espantoso espantapájaros?

Este reencuentro es la historia de la incapacidad de cerrar el capítulo para seguir adelante. La nostalgia huele a cerveza rancia, tabaco, baba y heroína. El mundo ha cambiado y estos desgraciados no encuentran lugar en el futuro.

El célebre monólogo de apertura en Trainspotting de 1996, tiene su actualización. Sin la arrogancia y la actitud retadora que cautivó a toda una generación hace años. Ahora sabe a derrota y a una extraña tristeza.

“Choose life. Choose Facebook, Twitter, Instagram and hope that someone, somewhere cares. Choose looking up old flames, wishing you’d done it all differently.And choose watching history repeat itself. Choose your future. Choose reality TV, slut shaming, revenge porn. Choose a zero hour contract, a two hour journey to work. And choose the same for your kids, only worse, and smother the pain with an unknown dose of an unknown drug made in somebody’s kitchen. And then… take a deep breath. You’re an addict, so be addicted. Just be addicted to something else. Choose the ones you love. Choose your future. Choose life”.

Dignos de lástima y piedad. Dignos de nuestro más sincero sentimentalismo, porque más jóvenes los conocimos. Dignos de una ronda más de cervezas y moho en el Pluma Blanca.

Por Horacio Vidal

Pluma Blanca es una cantina de Hermosillo. Fotografía tomada su página no oficial de Facebook.



Acerca de

Horacio Vidal (Hermosillo, 1964 ) es publicista y crítico de cine. Actualmente participa en Z93 FM, en la emisión Café 93 con una reseña cinematográfica semanal, así como en Stereo100.3 FM, con crítica de cine y recomendación de lectura. En esa misma estación, todos los sábados de 11:00 A.M. a 1:00 P.M., produce y conduce Cinema 100, el único -dicen- programa en la radio comercial en México especializado en la música de cine. Aparece también en ¡Qué gusto!, de Televisa Sonora.


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