El rock otra vez tiene razón. O, ¿por qué no llueve en mi rancho?


Un tributo de Omar Gámez Navo y Gaspior Madrigal a la cultura regional, popular y rockera


De repente habla por teléfono el Gaspior Madrigal un viernes por la tarde; llama para una invitación de esas que no se pueden rechazar, de esas en las que hay cheves, pláticas y música de por medio (no importa el orden). Estuvo lluvioso ese día. Entonces llega este pillo del Gasparín y sacamos las sillas a la calle y la hielera por supuesto.

Ya saben, todo agarra su rumbo y con los buenos compas siempre se arman bien los rompecabezas, suelen tener las piezas que te faltan; y llegó la memoria. Resulta que tiene razón el Madrigal: Van tres veces que éste me presenta sus discos antes de que salgan. Oímos las rolas y las “peloteamos”. Las comentamos. Este extraño ritual ha sucedido desde que estaba en el Ruletero, hasta ahora que hace country. Así que aprovecho para anunciar que el Gaspior trae disco nuevo bajo el sobaco.

Esa tarde también conversamos sobre las bandas que nos gustan a los dos. Planeamos un viaje lejos del continente. También el Gaspacho me dijo que hacía rato traía ganas de grabar la rola de ¿Por qué no llueve en mi rancho? del grupo huatabampense La Lukre. La rola la compuso el Enrique Valenzuela. Vaya -le dije- yo tengo un texto por ahí que habla de esa rola y de más o menos la carrera del Enrique en diversos grupos allá en el sur del estado. Acordamos que yo reescribiría el texto y él haría su versión de la rola mencionada… Y a la semana nos enteramos amargamente de la Muerte del Enrique de un cáncer agresivo… Y bueno, aquí está la rola en la versión del Gaspior Madrigal y mi texto. Entonces lo que queríamos hacer por mera diversión, ahora lo hacemos como un homenaje para el Enrique.

***

De repente, hace dos o tres años surgieron unos plebes del Valle del Mayo cantando hip hop y otros rapastreos. Acá lo interesante es que para interpretar los géneros utilizan instrumentos autóctonos de la región, además de guitarras y hasta algún scratch por ahí; además de que sus rolas se cantan en dialecto Mayo y castellano. Hay más o menos tres grupos. Hicieron hasta giras dentro del país, ya no digamos en distintos festivales en Sonora. Hasta aquí todo bien; deberíamos dedicarle un buen texto a estos morros y su rollo dentro de la escena… Pero… venga, muchachos, tienen rolas en las que mencionan a varios, muchos pueblos de allá del Valle Mayo y me dejan fuera a Navobaxia… cómo pues La Tuna Lavada no entra en sus rolas. ¿Por qué no, locos? Ya están igual que el mural que está en el Palacio Municipal de Huatarrancho en el cual también se omite a la Navobaxia y…

No hay tos, pero de Navobaxia sí se acuerdan los roqueros de allá de sur del estado. Un día mi sobrino Uriel, mejor conocido en el inframundo como “el Hozo”, del meritito Barrio El Mechón, allá en la colonia Unión, en Huatabampo, se acercó con su celular a ofrecerme a escuchar una rola.
-Wache, tío, esta rola de “La Lukre”. ¿Usted conoce al Enrique, vocalista y guitarra de éste grupo, verdad?

De volada me acordé de un montonal de situaciones: De cuando me colé a una tocada sin pagar y al final tuve que ayudar a los organizadores a subir el equipo de sonido para desquitar la entrada. Que tuve que repartir volantes para ganarme la entrada VIP a otro toquín (chistoso eso de entregar el volante a la mano y el cliente cuestione sobre dónde, cuándo y quién tocará… ¡ah raza!).

Está lloviendo en Yavaros, en Moroncarit y Mochibampo.

Ahí conocí al Enrique Valenzuela; si mal no recuerdo el grupo en el que tocaba se llamaba Excalibur, le rascaban al metal y otras distorsiones incomprensibles y berridos igual de inenarrables:
-La siguiente canción se llama  “trruuujj buujj fraaagg tdaaaaa tdaaaaa”.
Uno se limitaba a gritar y a menear la chompa cuando oía esto, aunque entendiera un carajo de aquella inclemente tortura al tímpano. Después el slam. Eran varios los grupos de esa estirpe de incomprensión gutural que íbamos a ver tocar en vivo, pero carajo, era thrash metal y nos gusta (ba).

Los de Huata íbamos a los toquines a Navojoa y vicerveza. Es larga la lista de grupos roqueros del sur de Sonora que rifaron a principios de los noventas. La sesera me da para acordarme de: Hecatombe, Opresor, Omisos, Voltaje (donde por cierto, tocaba el Gaspior Madrigal, el del Ruletero), Ethos, los funerales de la mamá grande, Cementerio, los puñets machin…

Las “tocadas” se volvían internacionales cuando llegaban bandas del centro-norte del estado a presentarse al barrio: Sectas (creo que aun tocan), los hidroprietos de Wicked,  los de Obson Khafra, los guaymenses de Astaroth, la Cruda de Marte (que en realidad eran de Guaymas), entre otro mazacote de bandas que nos hacían brincar como si estuviéramos pisando tizones ardiendo y correr como cuando haces pisa y corre con el taquero.

La gente mete la ropa y las aves que se alocan

Y bien, hace algunas madrugadas nos dijeron en un aguaje que había una tocada, ahí mix en Huatarrancho, cerca de la Comandancia de Policía. Nos arrancamos inmediatamente para allá. Pura plebada en el toquín, la mayoría menores de 20 años. Deseé tener menos panza y el pelo bonito, pero no es así, resulta que tengo aspecto de mujer despechada o de señor chichón. Cuando llegamos la tocada casi terminaba; los asistentes se tiraban con envases, cartones y camisetas. Una bandita tocó algo de punk español (de España, pues), no sé, extremoduro, la polla records, skape y cosas así. Y por ahí divisé al Enrique capeándose los proyectiles que tiraba el respetable a quienes estaban tocando.  Él Enrique es de los que se quedó en el rancho, al igual que otro par de compas que conozco: Resistiendo, tocando y organizando rockanrol.  Ahora su apuesta es por un grupo donde fusiona un montón de distorsiones y sus letras ya no hablan de cataclismos, de sentencias para dictadores o catástrofes venéreas, como sucedía con los grupos en los que antaño formó parte. A fuerzas que me acerqué a saludarlo y me dio gusto. Le hablé de la rola “Por qué no llueve en mi rancho”… Donde sí, finísimo lector como usted bien supone ¡menciona a Navobaxia!.
A la fecha, el buen Enrique Pacheco milita en una banda que se llama La Lukre y sus rolas ya hablan de esposos de pueblo que se agarran a machetazos a otro por andar de wachanamaka (palabra en dialecto Mayo para referirse al gozoso “sancho”); o sobre los pormenores que se sufren cuando se quiere bajar avión después de una buena pachequiza. Ya encontró ese desparpajo acertado en las letras que hace buena a las bandas. Nada que ver con ponerse serio y aburrido. Lo municipal-rural pidiendo querer bailar al son de lo global radical.

Está lloviendo en La Loma y en el Riito Mazaray

La rola de “Por qué no llueve en mi rancho” se escucha al meritito estilo de The Clash; una suerte de agropunk orgánico a la ruralidad que rodea al municipio de Huatabampo. La grabación es de calidad muy pero muy baja, pero no hay problema con eso: tiene el poder suficiente para atrapar desde que empieza a mencionar a pueblos y caseríos de la región. La letra no es lo de menos, son los ejidos y caseríos catalizados desde la cabecera municipal. Es “la cura” validada desde el juicio despreocupado que la gente ha acuñado desde que uno se acuerda:

-No llueve porque hay muchos locos.
-No llueve porque hay muchos jotos.
-No llueve porque hay muchos mariguanos.
-No llueve porque hay muchos borrachos.

La Lukre agrega a la lista a los licenciados y a uno que otro artista como responsables de que en Huatabampo sólo haga viento y no caiga una sola gota de agua. Esto de echarle la culpa al otro porque no llueva es una cura bien sonorense. Al menos en el mayo desértico, en cuanto entra el verano (ano ver) la raza empieza a decir “ojalá este verano haya menos mariguanos y jotos”. Ya sin más, mejor pónganle La Lukre en el yutub y ponga la rola de “Por qué no llueve en mi rancho”.

Por Omar Gámez Navo

Enrique en pleno tokín



Acerca de

Narrador. Originario de Navobaxia, municipio de Huatabampo, Sonora.


'El rock otra vez tiene razón. O, ¿por qué no llueve en mi rancho?' 1 comentario

  1. septiembre 22, 2018 @ 2:05 pm Jorge I Guevara

    Estimado Navo, agradezco tu omisión, dada la rebeldía gremial al respecto de un motivo más manifiesto de por que no llueve en el rancho, aunque creo que es imposible evitar el referirlo a estas alturas ya que la popular versión del Gaspior ha hecho que todo mundo la canturree; me refiero a que también menciona que hay mucho Licenciado, Mucho Arquitecto. Además te informo que el mural será sujeto una remozada y aprovecharé para incluir la comunidad casi con-urbada de Navovaxia, más ahora que goza de una acceso pavimentado que ha incrementado la velocidad de los ciclistas que se trasladan inspirados en el aroma del café de talega y el comal de las tortillas que gracias a los vientos a favor inspiran a darle mas duro al pedal al regresar de la jornada diaria.

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