Una propuesta del profesor Bustillos


Recién acabo de leer un artículo interesantísimo sobre museos en Sonora. Lo rubrica Mirinda-GD, su firma de autor de los textos en la revista Crónica Sonora. Este hace un comparativo de la cantidad de museos oficiales en nuestro estado respecto de otros estados del país. Lo mismo a nivel de las principales capitales y sobre el número de museos por habitantes de las mismas. 

En primer lugar, sorprende la cantidad de museos que se señalan para Sonora (29), aunque la nota señala claramente estos adolecen del tema de la revolución mexicana donde el autor propone trabajar en su difusión. También, su análisis comparativo -a partir de la investigación realizada- nos coloca en la parte media de la lista de estados en cuanto al número de museos, que no son pocos, aunque no todos están operativos o abiertos, cifra que no resulta tan baja como en BCS (10) y ni tan alta como la CDMX (164), lo que es muy bueno. Enfatizando que en Sonora hay un museo por cada 101,000 habitantes

Aprovechando los reflectores en el tema de museografía del estado de Sonora, me parece que, además del tema señalado de importancia general e histórica para todos los mexicanos por lo que implicó la revolución de 1910 que puso fin al Porfiriato, habría que aprovechar la discusión y considerar también otras opciones. 

Entiendo que habría que “renovar la flotilla” de museos

Entiendo entonces que habría que “renovar la flotilla” de museos, pero en cuanto a la forma, coincidiendo  con el autor del primer artículo, Mirinda, en la necesidad de renovar no solo su museografía sino contar con “propuestas museográficas modernas, didácticas e interactivas“para hacer que la ciudadanía los visite, recomiende y regrese”, entiéndase para los museos más antiguos. Por otro lado, solo difiero al tratarse de temas de historia natural, paleontológicos y antropológicos, los cuales sí requieren de exhibir objetos del pasado en su recorrido para “divulgar, transmitir y enseñar la historia que queremos”. 

En las últimas tres décadas, el menudo pero significativo cuerpo de arqueólogos con que el INAH ha dotado al estado de Sonora (6), ha permitido conocer que nuestro territorio es donde mayor número de puntas Clovis se han encontrado en el país con cerca de 140 de ellas, las cuales representan más del 80% de las encontradas en todo el país. Siendo la cultura Clovis parte de los primeros poblamientos del continente americano con dataciones por radiocarbono de hace más de 12,000 años, las cuales derivarían en los primeros grupos de pobladores de Norteamérica, y de donde seguramente surgirían a la postre tanto las culturas que sucumbieron en épocas precolombinas como fueron la Tradición Trincheras; los Hohokam en Arizona; o los Casas Grandes en Chihuahua; como las etnias que conocemos actualmente y subsisten al paso del tiempo.  

En el caso de la tradición Trincheras, y después de dos décadas de estudios en la zona, hace apenas 10 años el INAH abrió al público la zona del Cerro de Trincheras.  Igualmente se puede visitar la zona de petroglifos de la “Proveedora” y Cerro San José en Caborca de la misma tradición Trincheras. Luego entonces, sería conveniente explorar la posibilidad que se produjeran para la capital del estado algunas réplicas o audiovisuales que permitan sensibilizar a las nuevas generaciones de sonorenses al respecto, donde algunos despistados aún no han caído en la cuenta de su existencia. También se podría hacer un museo itinerante por las distintas regiones del estado.

Igualmente importante resultaría reproducir, mediante la nueva tecnología de la información, los descubrimientos del sitio arqueológico denominado “La Playa”, ubicado también en Trincheras, y parte de la tradición del mismo nombre donde se han encontrado vestigios y evidencias de que fueron posiblemente los primeros agricultores del estado, quienes sembraban maíz para su sustento y donde por 20 años han trabajado los Doctores Guadalupe Sánchez y John Carpenter.

Adicionalmente, e igualmente trascendental, sería ir dando a conocer al público los hallazgos encontrados en el sitio arqueológico “El Fin del Mundo”, del cual no se brinda la ubicación para preservarlo, pero que podría compartirse de manera virtual o con réplicas a los visitantes y no tener que esperar otros 20 años para ello. En dicho lugar, donde se han encontrado restos de dos animales prehistóricos ya extintos llamados “Gonfóteros”, proboscídeos de la misma familia que los actuales elefantes y que al igual que los Mamuts y Mastodontes sirvieron como alimento a los primeros pobladores de América de hace 13,500 años, y encontrados en relación con puntas Clovis (evidencia indirecta de humanos).

Si a eso sumamos, ahora hablando de paleontología, que hace 65 millones de años Sonora era tierra de dinosaurios, los cuales dejaron huella en las piedras “Lajas” encontradas en las inmediaciones de la población norteña de Esqueda, nos hace sentido que, considerando la distancia al lugar, valdría la pena reproducir los hallazgos en la capital, donde habita la tercera parte de la población del estado y concentra el mayor número de escuelas.  

Con todo esto en mente, la conclusión es que hace falta crear un Museo de Historia Natural en Sonora

Con todo esto en mente, la conclusión es que hace falta crear un Museo de Historia Natural en Sonora, el cual se encuentra completamente justificado con todo lo antes mencionado. Estos, a diferencia de otras exhibiciones museográficas que de no tener cuidado pueden resultar aburridas y habría que trabajar mucho en ellas para que no resulten así a los visitantes y regresen o los recomienden, los Museos de Historia natural son siempre muy atractivos porque su atmósfera del pasado crean grandes expectativas en la imaginación, de los niños principalmente.  

Es importante señalar que, adicionalmente en Sonora, se ha contado con el trabajo exhaustivo y las respectivas contribuciones científicas de connotados arqueólogos que hicieron sus carreras en prestigiadas universidades del país vecino y su trabajo profesional en nuestro estado, mismos que vinieron a reforzar el trabajo realizado por los antropólogos y arqueólogos mexicanos. De tal suerte, que su ayuda enriquecería con mucho un museo de historia natural en Sonora, además de hacerse las respectivas vinculaciones con museos de historia natural, tanto de nuestro país como del extranjero. 

Cabe agregar el trabajo de distintos antropólogos norteamericanos que, sin estar adscritos a instituciones mexicanas sino a sus propias universidades, han trabajado con etnias sonorenses desde hace 70 años, quizás aportando más que los investigadores mexicanos, como los lingüistas que dotaron de un lenguaje escrito (Cmique iitom) a la etnia Comcaac en los 50s, Doctores Edward y Mary Moser en colaboración con Stephen Marlett. Además, de aquellos quienes convivieron con los  Comcaac cuando vivían como refugiados en Tahejoc (isla del Tiburón) hasta la primera mitad del siglo XX como William Neil Smith (“Seri Bill”). Algunos investigadores se quedaron en Sonora y tienen experiencia en curaduría en Museos de Historia Natural, como el Dr. Richard White.

Lo anterior serviría como un aliciente a que continúen las investigaciones en sitios arqueológicos por la vasta geografía sonorense, y quizás con mayor presupuesto de parte del INAH, quienes tan solo en la ciudad de México y zonas conurbadas tiene 300 arqueólogos contratados y donde, si bien han encontrado cientos de animales extintos como los Mamuts del nuevo aeropuerto de Santa Lucía, no se han encontrado Puntas Clovis de los primeros poblamientos americanos, como en Sonora.

Texto de Martín Bustillos

Fotografía de María Salguero

DINOSAURIO EN ESQUEDA, MUNICIPIO NORTEÑO DE SONORA

Sobre el autor

De profesión Oceanólogo por la Facultad de Ciencias Marinas de la UABC, con especialidad en Química, Generación 1984. Grado de Maestro en Ciencias por CIAD 2008. Actualmente prestador de servicios al sector pesquero y acuícola. Residente de Bahía de Kino Sonora.

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