La mordida del vagabundo


Hace tiempo, en una de tantas pláticas absurdas que he tenido con mi primo Damián, surgió la pregunta: ¿Si fueras un vagabundo, cómo serías?

-De los que se quedan en un solo lugar- Me contestó -Debajo de una buena sombra, sin hacer nada.- Extendió sus brazos y se los puso en la nuca recargándose en la barda de mi patio.

No se me antojó ser como él, así que imaginé mi propio personaje. Sería de las que no dejan de caminar, que paran sólo para disfrutar el paisaje. Vestiría con estilo y me bañaría donde se pudiera. Sin apegos, sin dinero, sin gobierno, no suena tan mal. Nos quedamos un rato en silencio imaginando nuestras vidas así.


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Pocos días después, mientras me paseaba tranquilamente en bicicleta, me persiguió una perra que al día siguiente, cuando fui a ver si no salía espuma por su boca, supe estaba recién parida. No tenía rabia, pero me dejó sus dos colmillos marcados para siempre en mi pantorrilla derecha.

Dos o tres días después tuve que ir a la proveedora por unos tintes, cerca de mi casa. Apurada como siempre le pisé al acelerador aprovechando una de las pocas calles en las que uno puede hacer eso, Camino del Seri, cuando a lo lejos lo vi: un vagabundo que vestía una blusa pegada color rosa en forma de corazón, falda negra a tiras y un morral lleno de palos. Caminaba por la banqueta directo a mí; al llegar al proveedor la curva contigua me impidió seguir admirándolo, así que recordé mi prisa, estacioné mi carro y entré. Hice rápido mi pedido, la linda chica de cabello afro me atendió rápidamente cuando, acto seguido, el estruendo de la puerta de cristal nos sacudió. Él entró muy campante bajo los ojos estupefactos de la señorita y de los míos que seguramente brillaban de fascinación. Llevaba un mallón corto debajo de las tiras negras de su falda que dejaban ver sus blancas pantorrillas sucias; sobre su cabeza portaba una tiara con largas tiras negras que caían en su cabello rubio y cano debajo de su turbante; gafas de sol tornasol, en su mano un cetro lleno de listones y plumas de colores, y su morral repleto de curiosos palos decorados.

Yo no podía dejar de observarlo. Él tomaba sus falsas mechas y buscaba el tono en la gama de color; le hizo una pregunta a la chica del mostrador que en ese momento estaba en shock, ninguna de las dos entendimos bien lo que dijo, pero era obvio lo que buscaba; yo me acerqué gustosa; para mi sorpresa, no olía mal. Tomé una de sus falsas mechas y la puse junto al mechón número 1: Black, luego tomé uno de su cabellos verdaderos y lo puse junto al 10.1: Extra Light Ash Blonde. Él me miró y bajó sus gafas recargándolas en la punta de la nariz mostrándome sus deslumbrantes ojos azules de contorno rojo.

¿Qué es eso?- Pregunté; él saca un palo de su bolso.

Arrow- Dijo con misterio apuntándome con ella y cerrando su ojo izquierdo. Todo era tan surrealista que me sentía en un cuento.

Un movimiento a mi lado me hace salir de la página; la empleada al otro lado del mostrador bailaba como quien ya no aguanta las ganas de hacer pipí abriendo exageradamente sus ojos que me veían desesperados como si en verdad pudiera salir una flecha de aquel palo, movía sus labios como si fuera muda mientras sacudía sus nerviosas manos.

-Tranquila, no hace nada.

Pagué mis tintes, él regresó la flecha a su aljaba, acomodó sus gafas y salimos de ahí.

Enseguida hay una pizzería, yo le invité un trozo pero al parecer no le apeteció. Se plantó frente a mí, acercó su cara a la mía y comenzó a hablar de una manera tan rápida que me impedía comprender. Le pedí al chavo unas papas fritas sazonadas y regresé a la puerta donde él seguía hablando su rápido inglés; yo sólo lo observaba detalladamente, creo que notó que no entendía nada, bajó sus gafas de nuevo, me miró fijamente, tomó mi mano y habló pausado, alzó los dedos índice y medio de su otra mano, mismos que señalaron sus ojos antes de señalar los míos, levantó mi mano, metió mis dedos a su boca, los mordió un poco fuerte (parecían dientes limpios), me soltó delicadamente, subió sus gafas y se marchó; tres segundos después salieron las papas sazonadas que terminaron siendo mi cena. Inevitablemente, ese episodio me hizo recordar a esa perra recién parida y, claro, a mi primo.

Un 10 de mayo regreso a casa, lo volví a ver, estaba acostado afuera de un Oxxo, por la Olivares. Yo traía mi cámara, así que me bajé y posó para mí.

 

 

 

No sé qué se sentirá no tener a nadie ni nada, o lo que para mí eso signifique; pero me gusta ver a los vagabundos, sobre todo cuando los veo en carretera. Este personaje en particular me pareció hermoso, sin querer sonar malinchista, más allá del color de su piel tiene una chispa que lo distingue: quizá fue un artista que enloqueció, quizá fue la droga, una decepción, o sólo un buen día se perdió en sus pensamientos y comenzó a caminar. Pienso en lo extraño que debe ser para ellos que alguien les dirija la palabra, y es que la mayoría huele muy mal. Me pregunto si tendrán una razón que los hace seguir, si la sinrazón en verdad es absoluta, si su familia los está buscando o si de plano agradecen la ausencia.

 

Fotografía y texto por Lorenza Val

«Would you like a cigarrete?»



Acerca de

Artista y peluquera.


'La mordida del vagabundo' tiene 5 comentarios

  1. enero 13, 2017 @ 9:25 am Joel García

    Vaya estimulante y tierno texto para iniciar mi mañana. Gracias, chicos. Insisto, Lorenza habría de dejar las tijeras y agarrar la pluma más seguido. Su pluma tiene la onza.
    saludos.

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    • enero 17, 2017 @ 9:17 am Lorenza Val

      Que lindo. Créame que no es por falta de ganas, muchas gracias

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  2. enero 19, 2017 @ 1:42 pm Héctor Ignacio Almada Vílchez

    …hola Lorenza, vivo por ese rumbo y en más de una ocasión me he topado con ese singular, exótico, extravagante y atípico personaje…debe de haber más epítetos para describirlo seguramente; es de llamar la atención y que bien aprovechaste la oportunidad de «entrevistarlo»…el inicio de tú crónica, el seguimiento del texto, la simetría del resto de los personajes en tú relato, hacen de ello una lectura lo mar de agradable…ni que decir de las fotos… exquisitas como tus papas sazonadas!!! Enhorabuena!!!

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  3. enero 19, 2017 @ 1:44 pm Héctor Ignacio Almada Vílchez

    ….se me pasó…dónde está tú negocio para aprovechar el comercial…?? Plática sustanciosa y corte de cabello van de la mano… como tú tijera y peine…seguro!!!

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    • enero 19, 2017 @ 2:41 pm Lorenza Val

      Sí, precisamente ayer que fui a visitar a mi mamá (que también vive por esos rumbos) me platicó que tuvieron que reportarlo por la peste que emanaba de su baño particular, que era debajo de las escaleras de unos departamentos aledaños al OXXO. Probablemente caminó lejos pues no lo he vuelto a ver.
      El salón está en Real del Crimen, con gusto le paso la dirección por inbox, me encuentra con este mismo nombre.
      Muchas gracias por leerme y al Benji por avisarme de su comentario.

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