“Yo me voy al norte”. Conversaciones con el arquitecto Gustavo Aguilar Beltrán


En estas fechas del siglo XXI, mi abuelo materno Balvanero Robles Terán tuviera la edad de 117 años y el único amigo que le sobreviviera sería el arquitecto Gustavo Aguilar Beltrán, quien ya casi llega a los 100 años de edad y aunque era más joven que él, coincidieron en una etapa fundamental de Sonora que los historiadores llaman el Abelardismo, época del general Abelardo L. Rodríguez. Ellos supieron ser grandes amigos, conjugado todo en una etapa interesante del Sonora posrrevolucionario.

Así que me decidí a buscar al arquitecto Gustavo Aguilar hasta su casa en la Colonia Pitic, aquí en Hermosillo, y descubrir que este forjador de instituciones -dirigió la construcción de más de mil escuelas en el estado, entre otras miles de obras. nota del editor- no es sólo un patriota sino un sobrino del expresidente Francisco I. Madero.

¿Qué me puede comentar acerca de su familia?

Cuando Carranza habla con el General Felipe Ángeles le dice que lo va a nombrar segundo de a bordo con Francisco Villa en la División del Norte y Ángeles acepta como buen militar y como buen celoso, disciplinado del sistema. Entonces este hombre se va y se lleva del Estado Mayor a sus alumnos de artillería que tenía del Colegio Militar. Ahí iba mi papá, que era artillero del Colegio Militar, pero además mi papá era primo hermano de Madero el presidente.

¿Cómo se llamaba su papá?

Mi papá era Eugenio Leandro Aguilar González y eran primos hermanos él y el expresidente Francisco I. Madero, porque la mamás de los dos son González Treviño, eran hermanas. Entonces se va Ángeles con su Estado Mayor y sus alumnos y ahí se encuentra mi papá con Villa, que fue muy maderista, y se encuentra también a sus primos Raúl y Julio, hermanos del presidente y tíos míos. Y estaba un hermano de mi padre que también fue General, es decir mi tío Francisco Gabriel Aguilar.

Pues mire qué curioso es el mundo. Obregón, que era un tipo muy inteligente, se va a visitar a Villa, pero el objetivo de Obregón era ver qué tan fuerte era realmente la División del Norte, y los del grupo que estaban con Villa le dicen a este: “Ahorita que tienes a Obregón fusílalo, porque si no él te va a fusilar a ti”. Y Villa lo deja ir.

Entonces mi papá termina la revolución armada con la División del Norte. Y me cuenta que los gringos, que en todo se meten, decidieron ayudar a Álvaro Obregón pensando que sus antecedentes eran mejores que los de Villa, porque este era un bandolero, sin tomar en cuenta que cuando Villa tenía quince años un capataz abusa de su hermana enfrente de él.

Es por eso que en la Batalla de Celaya el americano que mandaba las municiones a Villa se las manda defectuosas, por eso pierde en Celaya. Mientras tanto, mi papá estaba en el Paso, Texas con el general Felipe Ángeles tratando que los norteamericanos apoyaran a Villa; él, mi padre, no lo dudaba.

Después se casa mi papá y lo primero que le dice mi mamá es que se saliera del ejército. Y bueno, pues a sufrir porque en ese momento no había trabajo para nadie, todo el mundo andaba a balazos queriendo ser presidente, y mi papá tuvo una época muy difícil porque tuvo que ser profesor de primaria para sobrevivir.

¿Pero por qué usted es de la Ciudad de México si se crió en Coahuila?

Porque en el pueblo en que yo iba a nacer no había médicos, era un pueblo muy chico que se llama San Pedro de las Colonias, en Coahuila, a cien kilómetros de Torreón. Pero mi mamá era de Tacubaya y hacen el viaje a la Ciudad de México para que naciera yo. Y ya llegando a este mundo en la Ciudad de México, me llevan a San Pedro de las Colonias, es decir yo soy coahuilense.

¿Y qué pasó después?

Cuando yo termino la carrera a mi papá le prestan dinero sus primos de Parras para que sembrara algodón. Entonces mi papá ni era agricultor ni tenía la capacidad para combatir la plaga del gusano de no sé qué fregados, así que se queda en la calle y se va a México derrotado.

Yo tuve una niñez muy dura porque había muchas carencias en mi casa. Muchas. Mi papá no ganaba dinero y no había trabajo, no había nada. Entonces yo me hice el ánimo de estudiar muy fuerte para que no me volviera a pasar eso en mi casa; por eso, además de arquitecto soy calculista, porque ni todos los arquitectos ni todos los ingenieros son calculistas. Pero yo soy calculista porque estudiamos el mismo sistema de matemáticas, pero son diferentes profesiones, arquitectura e ingeniería, el ingeniero es utilitarista cien por ciento y el arquitecto no es así, pues aunque construye edificios para  que habite el hombre, este no nada más quiere vivir en un lugar para protegerse del medio ambiente sino que quiere una casa bonita, entonces una parte de la inversión no es utilitarista sino estética.

Yo estudié con mucha fe, pero un día le dije a mi papá: “Yo me voy al norte, porque México aunque tiene mucha historia y es muy bonita ciudad, aquí no quiero ni vivir ni trabajar”. Ahí me salió lo norteño y me fui a Tepic. Estando ahí un día me habla por teléfono mi papá y me dice: “Viene de Nogales un doctor Romo, amigo de nosotros, con su mujer. Ve a saludarlo en la Estación del Tren”.

Y fui a saludarlo y no solo eso, sino que también abordé el tren, y en el camino de Tepic a México este señor venía con el ingeniero Paco Salazar, que era el ingeniero de Obras Públicas que había nombrado el General Abelardo L. Rodríguez, y le comenta que entre otras cosas iba buscando a un arquitecto joven que tuviera buen récord en la escuela, y que quisiera irse a trabajar a Sonora.

El viaje termina en la Estación de Buena Vista, Ciudad de México, donde estaba mi padre esperándonos y me dice: “Vete a Hermosillo con el General Rodríguez, porque ahí está tu porvenir. Abelardo es una persona fuera de serie, ponte listo”. Y es cuando ya me vengo para acá.

¿Cómo conoció a su esposa?

En aquella época, cuando fui a ver al general Rodríguez, el Salón de Gobernadores del Palacio ocupaba de lado a lado todo el salón y con barandillas se dividían las oficinas, de tal manera que la antesala del general era el final de toda esa zona, y ahí observé un par de ojos femeninos que me encantaron.

¿Era doña Joaqui verdad?

Sí, con esa muchacha me casé.

Y para toda la vida, ¿verdad?

Así es.

La primera vez que estuve en su casa, arquitecto, para entrevistarlo sobre el Hotel Laval, estaba todavía doña Joaquinita.

Así es, qué bien te acuerdas. Ya murió, que en paz descanse.

Texto y selfie por Cipriano Durazo Robles



Acerca de

Cipriano Durazo Robles es Licenciado en Periodismo por la Universidad Kino y Presidente de la Sociedad Amigos del Museo de Historia de la Universidad de Sonora. Articulista de radio y medios digitales. Se desempeña como dictaminador sanitario de la Publicidad en COESPRISSON (Comisión Estatal de Protección Contra Riesgos Sanitarios del estado de Sonora).


'“Yo me voy al norte”. Conversaciones con el arquitecto Gustavo Aguilar Beltrán' tiene 8 comentarios

  1. octubre 27, 2017 @ 1:02 pm Mario Maynez Urias

    Muy buena entrevista

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  2. octubre 27, 2017 @ 2:17 pm Renée Guadalupe Pérez Ríos

    Otra para el joyero de Cipriano 💎

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  3. octubre 29, 2017 @ 9:49 am Rene Estrada

    Excelente entrevista. El Doctor Romo que se menciona será acaso el Dr. Vasquez Romo, destacado médico que se casó con una hermana del Arquitecto. ? Ellos formaron una apreciada familia hermosillense.

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    • octubre 29, 2017 @ 7:26 pm Cipriano Durazo Robles

      El Dr. Juan José Vázquez Romo se casó con una hermana del arquitecto llamada María Eugenia “Chacha” Aguilar, ellos vivían en Huatabampo, mucho tiempo después de vinieron a vivir a Hermosillo como 20 años después, para fundar “La Maternidad Teresita”, junto con el propio arquitecto Gustavo Aguilar.

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  4. octubre 30, 2017 @ 10:27 am Esgardo Gracia

    Buena entrevista!!!.

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  5. octubre 30, 2017 @ 2:36 pm cipriano durazo robles

    Gracias

    Responder


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