Eran como las 230 de la tarde.

Nos había antecedido una plática en compañía de una capirotada de cervezas en diferentes temperaturas y presentaciones, también dos botellas de vino uno tinto y el otro claro, “chardonnay” dijo la Janny Barrera, para mí iguales de ponedores ese día y peligrosos por los efectos de la cruda al día siguiente.

Al pretexto del encuentro, las coincidencias estaban ahí presentes, las preocupaciones y el reto periodístico en el estado ante el nuevo acontecer político me hicieron despertar de un letargo y desenfado ante “la nueva realidad”. El reciente coraje por la prostitución de “las benditas redes”, el embate de los voceros por las oportunidades de empleo gubernamental, la nueva y amplia camada de seguidores del presidente y del nuevo gobernador, el anhelo de estos voceros de verse en alguna oficina bien refrigerada del palacio de gobierno y/o sus alrededores… 

Todo esto haría el coctel perfecto para meterle pilas a lo que por mucho tiempo practiqué como deporte olímpico: la crítica al sistema. Ahí siguen inamovibles soplando el aire las verijas a las mismas muchas preguntas de siempre. 

Así comenzamos la charla en torno a esa invitación, a las 230 de la tarde, rodeados de comida china del Mirikon y una impresionante jarra de limonada bien fría con un chingo de azúcar para bajar los corajes.

La razón la impone la Lupita, mi mujer; quien ante sus atinados análisis nos hacía regresar la atención a sus críticos y bien fundados comentarios, mientras yo seguía dándole vueltas a la inmensa cantidad de arrogantes e interrogantes:

¿Qué se podría aportar a esta realidad desde nuestra humilde perspectiva?

Aterrizamos en la misma clásica respuesta: “son chingaderas”. 

Nos recetaron, con puntos y comas, una fórmula muy parecida, cuando menos en el inicio de este empañalado sexenio, ante la desfachatez y la indolencia de la nueva clase política entrante y la vieja clase política saliente (que muchas de las veces son la misma) y su desvergüenza de haber dejado el estado y sus instituciones bien saqueadas en el tan celebrado, por ellos, y apenas concluido año de Hidalgo.

Repasamos los últimos acontecimientos de semejante conclusión, el desaseo de las finanzas públicas, el saqueo indiscriminado del Hospital Chávez, orgullo de los trabajadores del estado convertido en caja chica de administraciones que van y vienen, la famélica situación de la SEC con escuelas de todos los niveles saqueadas hasta el cimiento, entre otras muchas más, preocupantes todas pero al mismo nivel que la pérdida de la seguridad pública, generadora de una violencia sostenida a fuerza de plomo e impunidad en el estado desde los cinco sexenios recientes, con Cajeme y Empalme encabezando las infames primeros lugares en la lista de ciudades que no deben ser visitadas por el turismo internacional, ni el nacional y muy atracito de estos Hermosillo, Caborca, Sonoyta, SLRC y Nogales, “el majestuoso” desierto de Altar en todos sus rincones pues, a merced de los cárteles. 

La violencia desatada por el narco y un estado fallido que le encanta nadar de a muertito no es noticia para la mayoría de los habitantes en Sonora. Los abrazos preocupantes del presidente a l@s bad hombres y bad mujeres, señal inequívoca de impunidad, como el emblemático apapacho mediático a la exgobernadora, nos pone en perspectiva de la desfachatez de la Lady de los moches para aliviar el estrés ocasionado por su esfuerzo administrativo, gastando carretadas de dólares en los moles de Arizona, lugar favorito de ésta a pesar del cierre fronterizo para la mayoría de los sonorenses, sin rubor y en complacencia.

La incursión de verdaderos vivales de la política en las posiciones de “la burocracia dorada” nivel 11, 12 y 13 del viejo gobierno en el nuevo gobierno, la extraña y socializada en redes sociales incursión de los mismos, los de  los mismos resultados y ahora reforzados por la nueva clase política entrante, clanes familiares enteros de certera infame reputación insertados en las decisiones claves del presente y futuro para Sonora, todo cargado a los votantes sonorenses y sostenido por el erario gubernamental en un hediondo ambiente de nepotismo, amiguismo, tráfico de influencia y arreglos en lo oscurito. Lo bueno que va comenzando el sexenio, diría algunos de los comensales, “brindémosle el beneficio de la duda”. 

Así, como novela de Alfred Hitchcock transcurrió la plática y el análisis. Finalmente y después de darle trámite al arroz frito cantonés y las carnitas de cerdo coloradas, alcanzamos a concluir en la invitación de colaborar juntos coincidiendo en la Crónica Sonora, el proyecto periodístico del buen Benji.

Comenzamos.

Por Julio Sánchez-Pasos

El autor mostrando documento presentado ante Relaciones Exteriores para denunciar irregularidades del consulado mexicano en Tucson, EU, en agosto de 2019.

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