Sobre algunas cláusulas del Concurso del Libro Sonorense


¿Hay cláusulas ‘de mentiritas’ en la convocatoria del Libro Sonorense 2016?
“Es un caso que merece una explicación por parte del Instituto Sonorense de Cultura”
 
Hugo Medina pone el dedo en la llaga y así engalana el roster de CS.
‘Espalda con espalda’, otra vez, ahora por cuenta del mítico Club Chufa
Feliz monday

Este año, el Concurso del Libro Sonorense (CLS), organizado por el Instituto Sonorense de Cultura (ISC), aumentó sus premios económicos por cada categoría: de treinta mil a sesenta mil pesos. Ello derivó en la participación de 153 obras: 34 en cuento, 34 en poesía, 12 en ensayo, 43 en novela, 18 en crónica y 12 en dramaturgia, según la página web oficial del ISC. No hay duda de que esta ha sido una convocatoria exitosa, que ha premiado a escritores ya asiduos a este certamen y también victoriosos en otros de carácter regional y nacional.  Aunque no estoy acostumbrado a escribir acerca de los premios, creo que a estas alturas la redacción de las convocatorias en nuestro país es anticuada y ello ha generado debates acérrimos y polémicas por su incumplimiento y a razón de que no existe en la mayoría de los organizadores voluntad para corregir las cláusulas problemáticas. Julián Herbert ha documentado algunas de estas discusiones que incluso han empañado aquellas destinadas a regular la repartición de becas artísticas.[1] La más reciente disputa fue la denunciada por la poeta María Rivera acerca de la manipulación de la convocatoria para participar en la antología de poesía México 20. La nouvelle poésie mexicaine, preparada por la Secretaría de Cultura y destinada a presentarse y distribuirse en el mercado francés. Heriberto Yépez documentó en su blog y en su cuenta de Twitter el desaguisado.[2]

 

En Sonora, se ha abierto un abanico de propuestas que, algunas, datan de décadas atrás y otras solo se han hecho visibles a raíz del certamen de este año. Todas ellas van dirigidas a mejorar la situación de participación de los autores que, como sabemos, en la mayoría de los casos tiene que lidiar con limitantes absurdas para poder inscribir su obra. La cláusula que ha dado más de que hablar en estos días es, sin duda, la II[3], que consigna que los textos “deberán enviarse impresos en hoja tamaño carta enumerada, por cuadruplicado, engargolados”. Carlos Mal, en un artículo publicado en este mismo sitio, Crónica Sonora, estimó que el gasto que debe de hacer un autor por género es de cuatrocientos pesos. Si un autor prolífico quisiera entrar a cada género, debería gastar hipotéticamente dos mil cuatrocientos pesos, sin contar costos de envío y los traslados. Como un premio que utiliza recursos públicos para existir, se debe garantizar a los autores de bajos recursos, como la mayoría de los escritores en México lo somos, su participación sin obstáculo monetario alguno.

 

Es increíble que aún no se implemente algún sistema electrónico para recibir los trabajos o se diseñe un portal como el que ya utilizan los becarios del PECDA-FECAS, en donde todo documento se envía a través de un módulo digital. La convocatoria no específica qué se hará con el resto de los textos no premiados, en este caso, 147, aunque en la práctica tampoco a los ganadores les regresan el original. Así que tenemos 153 trabajos, multiplicados por 4, son 612 ejemplares que, en promedio, en cuento, poesía, crónica y ensayo rondan entre las 80 y 120 cuartillas; en dramaturgia, 50 cuartillas como mínimo, mientras que en novela tenemos un máximo de 200. Los libros recibidos en cuento, poesía, crónica y ensayo son 98, en conjunto; ahora, esa cifra la multiplicamos por 4 para obtener 398 volúmenes, puesto que cada obra debe ser presentada por cuadriplicado; establecemos entonces un estimado de 95 cuartillas en promedio por obra recibida, y de nuevo multiplicamos por esos 398 tomos o ladrillos, lo que arroja un total de 37,240 hojas, aproximadamente, solo en estos 4 géneros, sin contar las pastas y el plástico o metal de los engargolados.

 

Haciendo el mismo ejercicio matemático en dramaturgia, obtenemos, si establecemos un estándar de 65 cuartillas presentadas por obra, un total de 3,120 hojas; en novela, con un aproximado de 120 cuartillas por trabajo presentado, obtendríamos alrededor de 20,640 hojas. El número absoluto, entonces, es de un aproximado de ¡61,000 hojas! ¡Son 122 paquetes de 500 hojas tamaño carta, de esos apilados en el Office Depot, seguramente incinerados! Es una situación inverosímil que debe resolverse de forma urgente; ojalá todo este material se reciclara al menos o se hiciera llegar las copias al autor con los apuntes del jurado para cerciorarse de alguna forma de que sí fue leído o, aunque sea, para que le conste que fue descalificado por presentar serias faltas de ortografía en las primeras páginas o que carece de pericia literaria. Esperemos que el año entrante se avance en el tema y que se dé facilidades a los escritores, garantizar su participación sin importar el aspecto económico, y así no desalentar a los que prefieren comer, pagar el recibo de la luz o el agua, mantener a sus familias, que imprimir un montón de copias, comprar sobres y, en dado caso, cubrir envíos costosos.

 

Relacionado con esto, también, el CLS 2016 sorprendió porque, en contra de lo que tradicionalmente establecen las bases de los concursos literarios en nuestro país, estuvieron dos jueces a cargo de las deliberaciones por cada género, cuando lo ideal es un número impar, en estos casos se opta por 3 jurados para evitar el empate en la resolución de los ganadores. Esto también atenta contra la cláusula que establece la entrega de 4 juegos de la obra por participar, lo que hace pensar que algo ocurrió con la asignación de los jueces una vez lanzada la convocatoria o simplemente no releyeron las cláusulas cuando acordaron que serían dos jueces por género los que determinarían a los ganadores, antes de lanzar las bases de participación. Es un caso que merece una explicación por parte del Instituto Sonorense de Cultura.

 

Otro de los puntos medulares de la convocatoria es el que se establece en el punto VIII: “No se aceptarán trabajos que hayan sido premiados, se encuentren participando en otros concursos, estén a la espera de dictamen (…)”, porque impide que un autor entre a otro certamen de forma simultánea. La convocatoria del CLS 2016 se emitió a mediados de febrero y se darían a conocer a los ganadores el día 14 de octubre, pero “ante el número de obras inscritas” se aplazó hasta el 21 de octubre: son alrededor de 8 meses en lo que una obra queda paralizada, a riesgo de ser descalificada de todos los concursos a los que entre en dado caso de ser elegida como ganadora, caso que se actualizó con el poeta Manuel Parra, quien obtuvo el Premio Nacional de Poesía Amado Nervo 2016 y tuvo que retirar su participación del CLS 2016, aunque, en sentido estricto, debió proceder la descalificación del concurso nacional, decisión, por cierto, que sería injusta para el autor, pero mantendría credibilidad en las bases que los organizadores establecen. Se debería, en todo caso, anular esta cláusula o buscar flexibilizarla, y no solo en el CLS, sino en todos los certámenes nacionales, al menos en los más importantes o, en dado caso, los autores, al parecer, tendremos que interpretar algunas cláusulas como «de mentiritas”, como mera letra muerta, y “rifársela” sin más, ¡pardiez! Por otra parte, las instituciones convocantes deberían cumplir con los plazos por ellos mismos propuestos y así hacérselo saber a los jueces, cuya indisciplina para dictaminar perjudica los calendarios de los autores que quieren participar en otras convocatorias.

 

Otros puntos que siempre me ha parecido importante clarificar es el que atañe a la cláusula V, la que establece que “se admitirá una sola obra por autor en cada género”: ¿cómo se sabe que un autor no participó con dos, tres, cuatro, cinco o más libros en un género? ¿Nos apegamos a un código de honor superior que reina entre los escritores? Nunca me ha quedado claro cómo es que se determina que un participante no incurrió en violación de esta cláusula y, claro, el ISC no establece, al menos en su convocatoria, un mecanismo satisfactorio y transparente para garantizar el respeto a este requisito. Misterios sin resolver.

 

En la cláusula VI, se pide que los trabajos sean inéditos. Algunas convocatorias definen el porcentaje de la obra que debe ser “virginal”. De nuevo no sabemos cómo se las arreglan para saber que una obra es “totalmente” nueva. En este sentido, ¿cómo un autor perdedor podrá protestar los resultados esgrimiendo esta cláusula si las obras son inaccesibles?, ¿una vez se hayan publicado, dentro de un año, los libros? Suena ridículo, pero cabe suponer que un equipo conformado por personal del ISC de perdida consulta en Google para garantizar se cumpla este requerimiento. Pienso que la razón de esta cláusula es la de mantener el anonimato de los concursantes y que el dictamen del jurado no se preste a suspicacias, como ya ocurrió con el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines en el 2009, por lo que resulta también aconsejable que se ponderen mecanismos para que se sepa, al menos rudimentariamente, si alguna obra cumple o no con esta base o de plano admitir un porcentaje válido.

 

En la cláusula VII, se lee que “no podrán participar en el mismo género los ganadores de las dos ediciones anteriores del concurso”, restricción que antes del 2015 solo consideraba un año de veto. Desconozco las razones para elevar el número de ediciones que impiden que un ganador pueda participar, pero sí debería sustituirse la palabra “ediciones” por la de “año”, puesto que a pesar de que en este contexto parecen sinónimos, no lo son: puede que un concurso no se realice en un determinado año por equis causa, digamos que en 2017 y 2018, así cualquier ganador actual podrá entrar en el 2019; pero si contamos “ediciones”, aunque el concurso se reactivara en el 2019, los ganadores no podrían participar, dado que la edición anterior sería la del 2016.

 

En esta misma cláusula, se prohíben que participen en el CLS a quienes “laboren o estén prestando actualmente algún tipo de servicio remunerado en el Instituto Sonorense de Cultura”, de lo que se infiere que quienes hayan cobrado algún servicio profesional por recibo de honorarios dentro del tiempo que va del lanzamiento de la convocatoria a la emisión del dictamen, quedarían fuera automáticamente, lo cual, de nuevo, requeriría al menos una solicitud de transparencia para saber si los ganadores han cobrado algún tipo de servicio profesional o que el mismo ISC descalificara a quienes incurran en tal supuesto; sería aconsejable retirar esa parte de la cláusula que recién se incluyó en esta convocatoria 2016, revisar si algunos de los autores participantes no entra en este cuadro o de nuevo dejarlo todo al código de honor. Personalmente, no le veo sentido conservar esa parte de la redacción, puesto que muchos autores nos beneficiamos (y a veces logramos sobrevivir) siendo jueces, dictando talleres o charlas pagadas por el ISC: al final de cuentas, es un trabajo eventual que no representa vínculo alguno con la estructura laboral de la institución.

 

En la cláusula XV, hay otra restricción que siempre me ha parecido endeble o simplemente difícil de cumplir: “En Ensayo no podrán participar tesis académicas destinadas a obtener un grado académico”. Como es sabido, el ensayo abarca muchísimos estilos, incluido el de estirpe académico, por lo que sería útil saber qué entiende el ISC por ello, porque en el año 2013, donde ya figura esta prohibición, se concede el premio al libro del escritor Marco Antonio Chavarín, Entre la crítica y la irreverencia: La novela de la Revolución Mexicana del centro a la periferia, de clara filiación académica (de los años posteriores no puedo comentar porque no he tenido el gusto de leerlos). Así, pues, se nos ocurre pensar que igualmente los jueces o un grupo de trabajadores del ISC se dedica a revisar que entre los ensayos recibidos no se haya infiltrado alguna tesis, lo cual es sencillo de determinar dado que el estilo de su redacción es riguroso y a veces formulaico. Al parecer, en el ISC hallan diferencias entre tesis y trabajo académico, tan así que especifican que no deben ser “destinadas a obtener un grado académico”; es decir, que si se demuestra que no se obtuvo una licenciatura, maestría o doctorado con un texto ensayístico, a pesar de mantener la estructura de una tesis, se debería dar por válido un premio otorgado a un texto de esta naturaleza. Sería menester aclarar tal cláusula o, como creo adecuado, descartarla.

 

hidrosisa

 

Finalmente, en la cláusula XV se pide que la extensión de la obra por concursar en poesía debe ser entre 80 y 120 cuartillas, lo cual también resulta anómalo en el panorama de las convocatorias a nivel nacional. Generalmente, se ha establecido un estándar de 60 cuartillas como mínimo para los libros de poesía, aunque cabe preguntarse si este parámetro de extensión funcionaba para poemarios tan orgánicos como Zozobra de Ramón López Velarde, La estación violenta de Octavio Paz o Los hombres del alba de Efráin Huerta, que no estoy seguro si rondan entre las 40 y 50 cuartillas.  Tal extensión resulta excesiva, considerando que a veces se tiende a sacrificar unidad y funcionalidad por extensión, aunque no en todos los casos.

 

Formuladas las propuestas y las críticas, nos queda esperar si el ISC regresará como un Gokú después de entrenar en la Habitación del Tiempo, más revitalizado para el año entrante y se atreva a modificar algunas de las cláusulas nebulosas de la convocatoria para el CLS, sobre todo aquellas que han sido planteadas permanentemente por los escritores de la región. Creo pertinente que también se reflexione sobre las cláusulas muertas o de bulto, si es que es necesario conservarlas y, si es el caso, hacer transparentes los mecanismos que se emplearán para aplicarlas. Aunque el ISC no es una casa editorial, se pudiera retomar el Programa Editorial Sonora (PES), cuya última convocatoria se lanzó en el 2013 (ignoro si aún existe dicha convocatoria y, si así es, ha carecido de difusión) para publicar más obras en cada género. No resta más que felicitar a los autores ganadores, esperar a la publicación de sus obras y asistir a su premiación en la Feria del Libro local.

 

[1] Julián Herbert, “El cinismo de los puritanos”, Letras Libres, disponible en: http://www.letraslibres.com/mexico-espana/el-cinismo-los-puritanos. Y otro más sobre el Premio Jaime Sabines 2009: “Llegó la hora de exportar nuestras polémicas”, Letras Libres, disponible en: http://www.letraslibres.com/mexico-espana/llego-la-hora-exportar-nuestras-polemicas.

[2] https://borderdestroyer.com/2016/07/17/mexico20-y-la-violacion-de-una-convocatoria/.

[3] Puedes consultar la convocatoria para el CLS 2016 en este link: http://isc.gob.mx/descargables/Convocatorias_literarias_2016.pdf.

 

Por Hugo Medina

 

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Presentación de la convocatoria al CLS 2016 por Mario Álvarez, director del ISC, y Josué Barrera, coordinador de Literatura de dicho Instituto. Fotografía tomada de Telemax.com.mx



Acerca de

Licenciado en Letras Hispánicas por la Universidad de Sonora y maestro en Letras Españolas por la UNAM. Ha obtenido, en diversas ocasiones, el premio del Concurso del Libro Sonorense en poesía, cuento, ensayo y novela.


'Sobre algunas cláusulas del Concurso del Libro Sonorense' tiene 2 comentarios

  1. octubre 24, 2016 @ 11:08 am Heriberto Lazcano

    Como hay ardillas. Seguro, si hubieran resultado ganadores del CLS estarían recibiendo felicitaciones y montones de likes y caminarían con el pecho henchido. Yo también perdí y gasté una «fortuna» en copias y engargolados. Pero la neta, que feo es sacar el cobre. Lo que sí es verdad: es muy raro que un premio estatal de literatura tenga relevancia o que de perdida, alguien le dedique una reseñita. Son títulos, en su gran mayoría, con los que no pasa nada de nada. Esperemos que este año todas sean obras geniales. Por lo demás, una de los proyectos más relevantes que han sucedido en Sonora es El Club Chufa. Que yo sepa no necesitaron un premio para llegar a ese nivel que alcanzaron. La lana siempre hará falta, señores. Los libros intrascendentes no. Al final de cuentas, esa debería ser la verdadera preocupación.

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    • octubre 24, 2016 @ 2:24 pm Hugo Medina

      Coincido, aunque lo de las copias siempre ha sido una petición permanente en Sonora desde que existe el correo electrónico. Lo medular sin duda es la calidad literaria de lo que se produce. Saludos.

      Responder


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