El verdadero cambio para México: reflexiones de un neoliberal extremo


Esta es una pregunta que ahora, en tiempos electorales, cobra mucha relevancia, popularidad y mistificación. Hay rebatinga de los actores políticos, sean de partidos políticos, empresas o religiones para ser el garante del cambio que se requiere. Lemas, políticos y sus discursos lo atestiguan. Lo prometen, y normalmente no lo logran o empeoran todo. Pero el cambio por el cambio, no es lo que buscamos. Normalmente se quiere un cambio específico: que haya menos desigualdad social y económica, o menos corrupción, o más empleo, mejores salarios, más facilidades para hacer negocios, etc. Casi todos los que  se interesan por esta pregunta, tienen alguna idea de cómo se debe ver el verdadero cambio. Aquí voy a complicar un poco las cosas.

A los que somos anarcocapitalistas – vecindario que colinda con el de los tea partiers, los libertarios, liberales clásicos, y otros semejantes, siempre nos llama la atención hacer una lectura de la carga fiscal de las sociedades. Pensamos que la existencia del Estado implica que se nutre o alimenta de algún modo. Esa nutrición sucede con los impuestos. Los anarco-comunistas conciben al Estado como la mera existencia de la desigualdad económica, de modo que creen que si se elimina ésta, muere aquel. Los anarco-ecologistas identifican al Estado como una especie de impulso de enseñoramiento destructivo de la naturaleza. Casi todos los anarquistas de izquierda piensan que los impuestos son compatibles con el anarquismo. Esta postura no carece de sentido del todo, pero muchos de mis correligionarios anarcocapitalistas pensarían que sí. La idea es que puede haber cero cobro de impuestos pero un alto control coactivo de la conducta y personalidad de los miembros de la sociedad. Así con el mero hecho de reducir el cobro de impuestos y derechos a cero, no garantizaríamos la inexistencia del Estado.

Pero la tesis de que la existencia de los impuestos indica inequívoca y necesariamente la existencia del Estado como fenómeno, es cierta. No puede haber un cobro de impuestos, un pago forzoso para la manutención de las funciones públicas o concebidas públicas por los agentes políticos de una sociedad, sin que exista un Estado. La efectividad en la aplicación de las normas fiscales, es asimismo un indicativo fuerte del vigor con el que dicho fenómeno existe en una sociedad dada. El anarquismo capitalista así, no sólo aboga por la reducción de los impuestos, sino por la liberación de las actividades económicas: no sólo no me cobres impuestos, sino que no necesito pedirte concesión alguna para hacer lo que quiero hacer y que otros me quieran pagar. Así podemos definir el anarcocapitalismo (una versión radical de neoliberalismo): menos prohibiciones para dedicarse a lo que queramos, y cero cobro de impuestos o derechos por hacer profesionalmente lo que podemos.

Un matiz más. Reducir los impuestos a cero, sí mata todas aquellas funciones que para su subsistencia, requieren de ciertos insumos económicos. Por ejemplo, pensemos, ¿cuánto tiempo duraría la Secretaría de Educación y sus planteles educativos si de pronto el trabajo de los profesores al servicio del Estado se deja de pagar? Por lo menos en mi caso, yo tendría que renunciar a mi trabajo formal para buscar algo que me permitiera sobrevivir. La educación que yo diera sucedería en mis ratos libres, platicando y discutiendo con amigos, familia, o clientes si siguiera ofreciendo servicios educativos. El caso de la policía es interesante. Un número grande de policías, si no es que el 100% de ellos, renunciarían igualmente, porque la mayoría viven de su trabajo, pero las funciones policiales de vigilar, detener delincuentes y cuidar la vida, la integridad y el patrimonio de las personas no cesaría sólo por el hecho de que no hubiera policías. Ese servicio se trasladaría simplemente, a quienes tenemos vida, integridad física y patrimonio que cuidar. Ha pasado. Durante el huracán Wilma en Cancún, cuentan los que lo vivieron, que cuando no había rondas policiales, los habitantes de sus casas organizaron vigilancia privada. El verdadero cambio de México.

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Les propongo considerar la siguiente hipótesis: la mayoría de las fuerzas políticas, es decir, ideologías y personas que llevan ciudadanos a diputaciones, gubernaturas, presidencias municipales, senadurías y presidencia de la república, han buscado incrementar la recaudación, ya sea por medio del incremento de impuestos o mejora del pago voluntario bajando el monto exigido.

Supongamos que una sociedad dada produce un total de bienes y servicios por 100 unidades. Supongamos que el 25% se grava. Si se grava la renta de los individuos, pero no se grava el consumo, ese 25% hay efectos naturales. Marx por ejemplo, decía que si no se logra imponer de tajo el socialismo, que se haga poco a poco, llevando los impuestos al 100%, abolir la herencia, expropiación progresiva de los medios de producción, etc. En un Estado en el que el 100% del output económico es gravado a favor del Estado ningún particular es dueño de nada. Así, las personas y sus acciones son propiedad jurídicamente de la comunidad. Si viviéramos en un régimen social-democrático tales personas y acciones serían propiedad de la popularidad, esclavos de nuestras reputaciones. Mucho de lo que pasa hoy en las democracias del mundo.

Considérese una hipótesis:

                        h1) En México el impuesto total o la recaudación total desde 1917, jamás ha bajado.

Una hipótesis subsidiaria de la anterior es la siguiente:

                        h2) En México ninguna ideología efectiva para bajar los impuestos y la recaudación ha sido electoralmente exitosa (de lo contrario, habría bajado los impuestos o la recaudación).

Si tengo razón hasta aquí, lo único que jamás ha sucedido en México desde 1917 es el anarquismo capitalista. Lo que ha sucedido es que si las personas que pueden extraerse del cumplimiento de las leyes fiscales, lo hacen: el mercado negro o informal a costo de volverse criminales. Normalmente en este mercado están los económicamente más débiles. No paga lo mismo fiscalizar a Wal Mart o a Coca-Cola, que fiscalizar a Juan Pérez que tiene un puesto de frutas en Tepito. No sólo nos hemos acrecentado el control del Estado a la economía. La política, la mayoría de las ideologías, nos mueven hacia cosas como el incremento de la recaudación, la regulación de tal o cual industria, redistribución de la riqueza y la disminución de la desigualdad (material), la inversión pública para el desarrollo, confiscación de la plusvalía, improcedencia del amparo (vigilancia del respeto a los derechos humanos) en temas recaudatorios, leyes de expropiación, denegación de permisos, y otras semejantes. La educación obligatoria se orienta para allá, la televisión, el cine, todo lo que patrocina el Estado parece requerir de encarnar esos valores.

¿Qué es la esclavitud? Muy sencillo, es la condición en la cual una persona no puede ser dueño de nada, ni de su esfuerzo, ni de su cuerpo, ni del producto de su esfuerzo y su cuerpo. Si gravamos al 100% toda una economía y toda una sociedad, entonces tendrán una sociedad esclava. Simple y sencillo. La ayuda al débil, una especie de obligación moral íntima, se trastoca cuando se vuelve una obligación penada por los demás, sin contar con que la pobreza se vuelve un negocio para los que saben explotar públicamente una obligación íntima.

Ningún político en sus cinco sentidos ofrecería al desconfiado electorado mexicano subir los impuestos al 100% de los sectores económicos. Pero disfrazan en principios como que el impuesto debe ser progresivo. Es decir, el que produce más, debe pagar más. ¿Desde qué ingreso, por ejemplo, pagas impuestos? Bien el ISR más o menos se paga cuando ganas 7,000 (siete mil) pesos al mes. Antes de ganar formalmente eso, pagas un ISR simbólico de cero pesos. IVA pagas aunque ganes 10 pesos. Si compras unas papas en la tienda, ya te viene cobrado el IVA. Tenencia, predial, impuesto aeroportuario, impuesto a los trámites notariales, pago de derechos o cuotas del seguro social las pagas solamente si eres dueño de vehículo automotor, casa o si tienes empleo formal. Pero dentro del precio de las papitas de 10 pesos no sólo está el pago del IVA sino el del ISR de los productores o administrativos que ganan buena quincena, el pago de derechos de uso de suelo comercial de la tiendita, el impuesto a la gasolina que costó llevar las papitas hasta donde las vas a adquirir. Así, esas papitas en realidad podrían serte vendidas en, acaso, 2 pesos, más o menos. Para nuestro sistema fiscal si ganas 10 mil pesos al mes eres del 10% más rico, así que el ISR, el IVA total, y otros impuestos que crecen si ganas más (predial en zona residencial, multas, pago de servicios médicos, etc.) van in crescendo. Para este sistema, ganar 13 mil pesos al mes, te pone en el 7% más privilegiado del país, y la consecuencia es que tu vida será más cara. No le importa al sistema si tienes dos, tres o cuatro hijos, una abuela enferma, o si trabajas 12 horas al día, por lo que tienes que comer en la calle dos veces al día.

Para el sistema, si ganas 10 pesos pidiendo limosna, no te cobran ISR, pero sí IVA, uso de suelo, permisos de equis, ye y zeta cosas, más los impuestos de los ingenieros que revisan las máquinas, administradores que controlan los procesos y dueños de la empresa que invirtieron en su momento. ¿Exagero? Si recuerdan, en la década de los 90s el Banco de México quitó tres ceros a la moneda. Lo que quiere decir que las papitas que en ese entonces costaban 250 pesos, ahora cuestan 16,000 pesos (dieciséis mil) de entonces. El sistema democrático parece requerir de la participación ciudadana para justificarse. Pero sin dinero, empobrecidos, la participación se reduce de facto a un domingo cada seis años. ¿Quién puede independizarse de las presiones contaminadoras y competidoras de una economía centrada en el dinero y dedicarse a lo que le gusta si ni con ahorros cuantiosos puede garantizarse independencia?

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 ¿Dónde está el cambio en México? Busquen la opción política que les ofrece modificar las leyes para que paguemos menos impuestos, quitar requisitos de permisos para toda actividad económica, y en general, quitar de la economía al Estado. Busquen al político que no sólo se enoje cuando dicen que ustedes pueden comprar casa y carro con 6 mil pesos al mes. Busquen al que además de enojarse ante las cámaras, proponga modificar la ley del ISR, del IVA para que no pague nadie que no gane un salario formal que alcance para comprar todas las maravillas que ellos prometen: comida, casa, carro, salud, la mejor educación, cultura, vacaciones, internet, celular, y en general todo aquello que nos prometen los políticos a nosotros y a nuestros hijos. Quizá se requieran 30 mil pesos mensuales, quizá 40 mil pesos mensuales en la mayoría de las ciudades. Por eso sugería que no se cobre impuesto alguno sino a partir de los 40 mil pesos mensuales de salario neto. Sólo ahí deben empezar a cobrar progresivamene, si acaso empiezan, el ISR e IVA, y el resto de los impuestos indirectos y pago de derechos. Slims con super ingresos, hay como 30 o 40 mexicanos. Con el ISR y el IVA de esos 30 o 40 super-ricos no se financia mucho a la larga.

Si los políticos que veamos no nos ofrecen este plan, entonces no les importas real y seriamente puesto que te hacen vivir con un sueldo artificialmente bajo, reconociendo que de por sí, eres poco próspero si no estás dentro del 5% más rico. Así, van a quitarte sin remordimiento los 10 mil pesos anuales que podrías usar para un buen seguro médico privado, si con eso pagan 20 votos de 500 pesos en una zona empobrecida a propósito de la ciudad de México o algún otro bastión de la izquierda mexicana. Ese es el verdadero cambio con respecto a lo que hemos tenido antes. Todo lo demás es un – maldito— coitus interruptus de la política.

Por Víctor Peralta del Riego

Ilustración de Juanjo


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Acerca de

Victor Peralta nació en Hermosillo y creció entre Nogales, Ímuris, Hermosillo y Zacatecas, donde estudió Derecho y Filosofía. En 2005 entró a la Maestría en Filosofía de la UNAM de la que se está titulando con una tesis sobre la computabilidad de la mente humana y la incompleción de Gödel. Hoy en día se desempeña como docente-investigador en Cancún.


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