Muy contentos y felones por estrenar la pluma de Efraín Patiño, super acompañado por la lente de Luis Gutiérrez y Martínez


Muy felón, José se sentó en una banca de la Emiliana de Zubeldía, en Hermosillo, Sonora, México. En su mano izquierda traía un raspado de limón con bicarbonato de sodio que recién le había comprado a Don Paco frente a la facultad de Ingeniería Civil y Minas de la Unison. En la mano derecha traía enrollado la edición de La i de ese miércoles 18 de mayo de 2005. Iban a ser las 11 de la mañana y ya estaba haciendo un calorón de la chingada.

Espanta unas moscas con el periódico antes de empezar a leer la nota que le interesaba en la página 3-C y por la cual había lo había comprado afuera del Sanborns. El Piter, su parna, su hommie de la San Benito, su carnal de mil batallas y fumadas, le dijo temprano que había salido en «La i» y también que lo había escuchado su jefa en «Bandas y Bandidos» cuando le hacía el lonche a su padrastro.

Muy felón, casi mata a tubazos a su patrón resaltaba el titular con letras coloradas y contornos amarillos. Continúa en la página 3-C. La imagen acaparaba casi toda la portada y aparecía una ambulancia de la Cruz Roja y un chingo de mitoteros cruzados de brazos afuera del Car Wash.

«Veeestebato ¡Qué verbo!» Dijo José en voz alta con tono burlón. Un doguero interrumpe su silvido mientras asa unas cebollas en la plancha y lo voltea a ver pero José ni cuenta se da. «Si fue con una cruceta, ¡qué mamón!», dice. Sonríe cínicamente y le da un trago a su raspado-suero. Queda conforme al ver que pusieron al revés sus apellidos: él no es José Martínez Sánchez. «Sepa-la-verga quién es ese cabrón». Hojea hasta el final pero no encuentra la sección de Económicos. «Chale, no trae anuncios de jale esta madre y ya me gasté los 20 baros, ni pedo».

Las cebollas asadas ponen a trabajar sus papilas gustativas y en huelga a sus tripas que reclaman un espeso guacamole, tocino, grasa, colesterol. Se levanta y se va con rumbo al Centro.

«Pinchi foquemón pirata, ha de traer el cerebro todo chupado, como su cara», piensa el doguero con sonrisa de taxista mientras enrolla tiras de tocino en las salchichas con sus manos puercas.

Cholo hermosillense que pudiera ser José

José faltó el domingo y lunes al trabajo. Sus descansos eran los miércoles, el día más flojo en el Car Wash de su tocayo el Pepe, frente a la Comandancia Norte. Ahí le lavaban los carros a casi todos los «mulas». En cuanto puso un pie en el negocio, a las 9:40, tarde como siempre, el Pepe se le fue encima. Creía que no regresaría pero había saboreado su monólogo todo el fin de semana y se lo dejó caer de una.

– «Pinchi lacra, me chingaste con 500 bolas de la caja el sábado ¿qué crees que no supe? ¿Me crees tan pendejo que no me iba a dar cuenta? No es la primera vez que me robas y no te corro a la chingada porque me los tienes que pagar», se la cantó inmediatamente el dueño.

– «Nel Pepe, yo no te chingué, siempre me echas la bronca a mí pero yo ni entré para la caja, no mames.»

– «¡Si ya me dijeron, pendejo! Te lo gastaste todo en crico y fumaste todo el fin de semana, por eso no viniste a chambear. Ya ni sigas negándote porque más me voy a embarillar y entonces…»

– «¿Entonces qué, verga?» –lo interrumpe–, «a mí no me andes amenazando madeverga, ¿eh? Yo si te voy a arrebatar a putazos, no como esta bola de culones, pinchi chivo.»

Eso no se lo esperaba el Pepe, una posible rebelión no la había planteado en el guión que había ensayado en su mente los últimos 3 días. Estaba acostumbrado a que nadie le contestara, mucho menos que le cantaran un tiro. Le gustaba infundir miedo a sus empleados imponiéndose con su corpulencia y sus tatuajes culeros de tinta Pelikan. Les contaba anécdotas de sus tiempos de cholo de El Ranchito. Sus incursiones apaches a El Coloso alto y bajo, El Mariachi, La Cañada de Los Negros, La 5 de Mayo, Los Naranjos, La Metalera, Las Amapolas… «pinchis pelones de La Revo me los paso por los huevos», decía siempre.

– «Mira hijo de tu puta madre, aparte de rata, cínico.»

Coge una cruceta pero falla en atestar su golpe. José en un rápido movimiento alcanza a quitarse y aprovechando una mejor posición no duda en darle un patadón en las costillas.

Pepe pierde el aire, el equilibrio y su única oportunidad de demostrarle a la cuadrilla de empleados que él era la verga, que todos se la pelaban, que era El Pepe de sus historias. El más felón del barrio a principios de los 90’s, el perro más bravo de su clica. Pum, pa’l suelo.

José lo surte con más patadas. Lo chacalea. Toma la cruceta y lo machaca brutalmente por todo el cuerpo. Pepe ya ni reacciona. Ahí queda tirado en un charco de agua puerca, jabón y sangre: su propia sangre en su propio negocio. Allí yacía el gran Pepe del Ranchito hecho giras con los pómulos reventados, al igual que su orgullo y su reputación.

José se marchó corriendo y mientras huía por el Periférico con dirección al oriente pensaba: » pinchi Javi me puso el dedo el culero, todavía que fumó y me gorroneó crico todo el sábado me balconeó el vale-verga. Pero va a ver el hijo de su puta madre, me las va a pagar también.»

Rápido llegó a la Margarita Maza de Juárez donde no tuvo que esperar mucho y tomó un Ruta 4 para bajarse en Fátima. El andar del rula y la ventana lo invitaron a cuestionarse fugazmente: «¿Y ahora qué le voy a decir a la Rebe? La leche, los pañales, ¡pinchi morro cagón! ¿Y si este puto me denuncia? Seguramente lo hará, es amigo de todos los mulas de ahí… chale, falta que me salga lo del asalto a la Benavides…»–¡Bajan en la esquina!

– «Y eso tú, ¿por qué tan temprano? –cuestionó la Rebe al verlo entrar a la casa  –¿Te corrieron, vedá? Te dije que no te la iban a perdonar, no mames, 2 días faltaste por andar fumando»

– Andábamos, tu también fumaste amor, bastante. Y sí, si me corrieron y también me clavé al Pepe, ¡que se vaya a la verga ese culero!»

– «Al pinchi modo viejo tú todo varilla, siempre golpes. ¿Y al Javi no lo corrieron?

– «Nel. A ese pinchi gorrón ni me lo menciones, solo faltó el domingo que se quedó aquí pero ayer sí fue a trabajar. Fue el que me puso el dedo, ¿quién más?»

– Pues mira amor, ya ni modo, tienes que encontrar trabajo lo más pronto posible… de los 800 que me diste el sábado pues ya compré mandado, está muy cara la leche…»

– «Si ya sé, y los pañales. Mañana hago eso, hoy quiero dormir»

– «Ah, mira que a toda madre, ahora quiere dormir el nene… si no vas a ir hoy a buscar jale ya de jodido ayúdame con el niño no seas cabrón, tengo que lavar.»

– Está bien amor, mañana hago todo eso, voy a comprar el periódico pero ya no me estés cagando el palo, mejor dame un beso.»

Y le da una nalgada.

Texto de Efraín Patiño

Fotografía de Luis Gutiérrez / Norte Photo

Sobre el autor

Yumano. Maestro de primaria. Trotamundos de tocadas y cantinas de mala muerte. Amante de las cumbias y el death metal. Reportero odiado y cimarrón. Director de Autonomía Comunicacional AC. Buho. Carece de realismo y autocontrol. Es simplemente un manojo caótico de deseos primarios.

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2 comentarios

  1. Yo me pego el tiro con el a la vergara, lo voy a tumbar de un chingazo como el Canelo, si pa culo no se estudia, como se pone a pegarle con un tubo, no trae nada el cholito mion

  2. Entretenido contenido, cada parte que iba leyendo me iba trasladando a cada una de las situaciones, imaginándome cada escena mentalmente y ¡Vaya! que cree un peliculón, soy nuevo en este WebSite, recomendación de un amigo, muy agradable contenido.

    Felicitaciones a cada uno de los colaboradores.

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