Morir en el golfo: cuando el desastre es un éxito


Como cada semana, la fina y cinéfila pluma de Horacio Vidal en Crónica Sonora


Durante los setentas uno de los géneros cinematográficos que mostró mucha energía y vitalidad fue el de “las películas de desastre”. La premisa era simple: imagine usted una catástrofe mayúscula. Puede ser un trasatlántico puesto de cabeza por un tsunami, The Poseidon Adventure (1972) de Irwin Allen; una ciudad que se derrumba, Earthquake (1974) de Mark Robson o bien, un rascacielos en llamas, The Towering Inferno (1974) de John Guillermin.

 

Así, cuatro décadas después este tipo de cintas hacen un buen regreso con Deepwater Horizon (2016), dirigida por un eficiente Peter Berg a cargo de esta producción basada en hechos reales. Se trata del relato ficcionado sobre la explosión y el hundimiento de esta plataforma petrolera ubicada frente a las costas de Louisiana y colocada, por lo tanto, en el Golfo de México.

 

Deepwater Horizon decide abordar su historia como un gran argumento de acción, respetando el viejo código de “las películas de desastre”, pero sin las subtramas melodramáticas a cargo de actores y actrices un poco pasados de moda, como Ava Gardner, Jennifer Jones, William Holden, Fred Astaire o Ernest Borgnine.

 

Si en aquellas cintas la devastación estalla como la erupción de un volcán de pasiones, como un castigo divino ante la ambición, la vanidad, la corrupción o la lujuria, Deepwater Horizon selecciona un solo pecado, la avaricia, construyendo la aventura a partir de su condena.

 

Aquí se cuenta la versión de los caídos y los sobrevivientes. Será el enfrentamiento, previo a la calamidad, entre Mike Williams (Mark Whalberg) y Jimmy Harrell (Kurt Russell), técnicos experimentados y por lo tanto prudentes, contra el villano, el usurero e irresponsable Don Vidrine (John Malkovich, de vuelta con su maquiavélico antagonismo), quien ha colocado la rapidez sobre la seguridad.

 

Al principio de la película aparecen premoniciones que nos advierten que algo no anda bien, que algo malo está a punto de suceder: un auto que no enciende, una coca cola que explota y arruina el desayuno familiar, un pelícano que se estrella contra la ventana y una corbata incómoda, entre otras nefastas profecías.

 

Por supuesto, hay actos de heroísmo que han sido documentados y presentados en esta película. Sacrificios que sin duda ayudaron a disminuir el número de víctimas de esta tragedia.

 

Y ahí es cuando Deepwater Horizon toma fuerza y captura la atención del espectador. Un diseño de sonido claustrofóbico y amenazador, efectos especiales que explotan cercanos a la perspectiva del auditorio, una fotografía estilo corresponsal de guerra y un argumento concentrado en el evento humano producen una muy buena película de drama y acción.

 

Deepwater Horizon toma prudente distancia respecto a la tentación, políticamente correcta, de alegar a favor del medio ambiente o bien, contra la desmedida codicia de las grandes corporaciones petroleras. Después de todo, la catástrofe del Deepwater horizon ha sido señalada como “el peor desastre ecológico en la historia”.

 

La gente, si lo desea, podrá obtener sus propias conclusiones mientras corre un filme con la suficiente dosis de suspenso y adrenalina para definirlo como la digna continuación de las venerables “películas de desastre” de hace más de cuarenta años.

 

-We are confident in the integrity of our cementing, clama Vidrine;

-So, why skimp on a $125,000 concrete safety test?, inquiere Harrell y obtiene esta respuesta:

-That’s why we’re a $186 billion dollar company

 

Un dialogo digno de The Towering Inferno y que recuerda, en mucho, la escena entre Paul Newman, el héroe y Richard Chamberlain, el villano, casi por la misma razón: ahorros, negligencia, corrupción y arrogancia.

 

La diferencia es que The Towering Inferno, The Poseidon Adventure ó Earthquake son cintas de ficción. Y Deepwater Horizon parte de hechos reales. Claro, Hollywood siempre se tomará ciertas libertades para trazar sus películas, pero en este caso la verdad testimonial al final permanece.

 

En The Poseidon Adventure, el héroe, el reverendo Scott (Gene Hackman), en un climax dramático y teológico a la par, reclama a Dios no solo por haberlos abandonado en esa tremenda aventura, sino por hacer más y más difícil el escape; aquí, en Deepwater Horizon, cuando los sobrevivientes se arrodillan para rezar el Padre Nuestro, recordamos que el verdadero valor de la religión está en darnos fortaleza y consuelo ante el insondable misterio de la muerte.

 

Podéis ir en paz, la película ha terminado.

 

¿Y que sigue en la dupla Mark Whalberg, como actor y productor y Peter Berg como director? Esperemos, en diciembre, Patriot’s day, que promete ser, según esto, el documento definitivo sobre el ataque terrorista ocurrido durante el maratón de Boston. Ya veremos.

 

Deepwater Horizon. Director: Peter Berg. Guión: Matthew Michael Carnahan y Matthew Sand, basados en un reportaje del New York Times. Con: Mark Whalberg, Kurt Russell y John Malkovich.

 

Por Horacio Vidal



Acerca de

Horacio Vidal (Hermosillo, 1964 ) es publicista y crítico de cine. Actualmente participa en Z93 FM, en la emisión Café 93 con una reseña cinematográfica semanal, así como en Stereo100.3 FM, con crítica de cine y recomendación de lectura. En esa misma estación, todos los sábados de 11:00 A.M. a 1:00 P.M., produce y conduce Cinema 100, el único -dicen- programa en la radio comercial en México especializado en la música de cine. Aparece también en ¡Qué gusto!, de Televisa Sonora.


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