Misóginos en la oficina: ¡YA BASTA!


Hermosillo, Sonora.-

¿Hasta cuándo una mujer tiene que soportar violencia en su centro de trabajo? Comentarios misóginos, tendencias a subestimar la función que desempeñas, comentarios irónicos o sarcásticos, necesidad de ponerte en evidencia o señalarte como la que no sabe o la que no domina el tema, o simplemente, el orden en una mesa de directivos de alto rango: hombres cerca del jefe y las pocas mujeres al final.

Y digo hasta cuándo porque una siempre teme ser catalogada de histérica, de que anda en sus días o de irracional, pues el principio general del no hagas nada, quédate callada o sé prudente se impone: a la más mínima reacción de una mujer a la que no le gusta ser denigrada o callada se impone el “mejor no digas nada” o el “así son ellos”. Entonces, si no es ahora, si lo que debo hacer es quedarme callada, ¿¡cuándo podré hablar y gritar a todos los cielos que no quiero ser subestimada ni maltratada?! Y que solo exijo lo que por derecho humano me merezco: un trato digno y equitativo.

El escuchar que tu propia madre dice que “hay trabajos en los que las mujeres debemos ganar menos que los hombres” y que en tu lugar de trabajo seas una directora de un área a la que le pagan menos que al resto de directores, sin olvidar el poco o nulo apoyo que recibes por parte de tus otras compañeras mujeres, ¿acaso todo eso no debe de ser un buen motivo para llamar la atención y decir que ¡ESTO NO ESTÁ BIEN!?

En un estado donde las dos posiciones más poderosas son ocupadas por mujeres, hablo de la Gobernadora y la Jefa de Oficina, ¿por qué el resto de nosotras tenemos que “soportar”? ¡¿POR QUÉ?!

Ahora algunas estadísticas. La ENADIS, que es la Encuesta Nacional sobre Discriminación Social, al inicio de su informe del año 2010 menciona que: “La situación de discriminación y desigualdad que sufren las mujeres en nuestro país es un problema arraigado, con raíces fortalecidas por construcciones sociales que han permitido su reproducción natural y han incidido en su invisibilización. Por lo tanto, su erradicación requiere de grandes esfuerzos y trabajo conjunto.”

Lo que hace ver que el hecho de que las mujeres sean minimizadas en sus centros de trabajo, peor pagadas, es algo que va más allá de lo puramente político o funcional, es algo de alcance cultural, de la forma en la que pensamos y en el cómo vemos el mundo. Es interesante cómo se hace evidente a través de los datos arrojados en esta Encuesta, que independientemente del nivel de formación escolar, las mujeres entre 18 y 80 años que respondieron a la pregunta “¿Cuál crees que es el principal problema de las mujeres en México hoy en día?” dicen que el mayor problema es el empleo y/o la economía. Asimismo, del porcentaje total de mujeres encuestadas el 56.6% dice creer que en México no se respetan los derechos de las mujeres.

Aunado a lo anterior, el 81% por ciento de las mujeres dijeron que es igual de importante para la mujer como para el hombre el que se tenga acceso a un trabajo bien pagado. Hay una consideración importante por parte de las mujeres hacia el hombre, la cuestión no es ser más que ellos, sino que se nos trate igual a las mujeres en términos laborales, no más ni menos. Tenemos tanta capacidad como ellos y aun así, por regla general se nos paga menos sin importar que la descripción del puesto o funciones ejecutadas sean iguales a las de un directivo general.

Mi experiencia personal es la siguiente: en algún lugar de trabajo tuve que soportar que un tipo, con un puesto de más jerarquía, me hostigara, tratara de humillar constantemente y de forma pública, frente a otros hombres y mujeres, quienes nunca intentaron hacer o decirle algo en mi defensa. La excusa era (y digo excusa, porque todos me decían eso, como para que yo “entendiera”): “es demasiado inmaduro”, o sea que él fuera inmaduro justificaba todo. Gran paréntesis. No toda la violencia que tuve que soportar fue por parte de este individuo de género masculino, sino también fue el objeto de violencia y constantes intentos de humillación, de la que en un inicio era mi jefa –tema para otro relato-. La misoginia no tiene género; la violencia no tiene género. Volvamos a él.

Qué tuve que hacer: primero aguantarme, segundo pensar muy bien lo que iba a hacer, tercero tratar de ser más inteligente que él. La cosa es que muy fácilmente pude haber denunciado ese tipo de violencia, pero eso me iba a costar mi propia credibilidad, que pienso es lo que este sujeto quería que yo perdiera.

Qué hice después: a él, lo ignoré públicamente cuando quiso (de manera grosera y abusiva) humillarme frente a otras figuras de mayor rango, qué hizo él: me amenazó, diciéndome que esto no se iba a quedar así. Qué realmente ocurrió:  proyecté fuerza, anuncié que yo no soy piso de nadie y el sujeto dejó de molestarme. La cosa es, ¿por qué tenemos que andar ese camino tan largo tortuoso como mujeres, a pesar de ser totalmente capaces, preparadas e inteligentes?, de qué sirve no hablar o “tratar de ser más inteligente que el otro”.

A final de cuentas, él se fue (lo corrieron) por inepto. Yo sigo aquí, dirijo un área, pero con el mismo sueldo que tenía cuando el tipo me molestaba y mi trabajo consistía en ser asistente. Sigo luchando, pero qué pesada la lucha y qué intrascendente frente al devenir de la vida.

*Los datos estadísticos los puedes encontrar aquí

http://www.conapred.org.mx/userfiles/files/Enadis-2010-RG-Accss-002.pdf

Fotografía (ilustrativa) de Luis Gutiérrez / Norte Photo



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La denuncia anónima es un recurso que en casos muy concretos -fuentes identificables y confiables; riesgo real de represalias- tiene cabida en Crónica Sonora


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