Invitación a pisar huellas ajenas


No me quiero explicar por qué hago ciertas cosas. Sería como aceptar que algo no anda bien en la cabeza de los escritores y los otros artistas que inventan mundos y personajes. Pero varias veces me encontré visitando en México y el extranjero ciertos lugares que fueron habitados o estratégicamente visitados por escritores que, claro, son de mi absoluto agrado.

Ya sé, entiendo perfectamente que lo mejor que se debe hacer es leerlos, claro si te gusta; hundirse en la obra hasta que uno se parezca a uno de los personajes que se leen. Es preferible leerlos y sugiero que los libros traigan advertencias como “Por favor, no intente ir a Comala porque ahí no vive su padre” o “José Revueltas tuvo mejor estilo literario que estilo de vida. Por favor no vaya a molestar a los que ahora ocupan la que fue su casa”.

Es probable que haya acudido esos lugares por un mero afán anecdótico para relatarlos en mi limitada posteridad… En todo caso hoy cierro, con este texto, ese capítulo de mi culposo y geográfico placer.

Desposada en un cementerio de provincia

Viví 10 años en Chiapas. Me sé de memoria algunos poemas de Sabines. Cierta vez, me vi en un cementerio del municipio de Berriozabal, ése donde dicen que vivía la Tía Chofi. En ese panteón el cuidador y el enterrador dijeron que no descansan ni los domingos. También aseguraron no conocer a ningún Jaime y mucho menos a su jorobada Tía Chofi. Me mostraron cuatro tumbas con el nombre de Sofía, pero ninguna tenía epitafio y tampoco tenía los apellidos del conocido vate. Vaya inútil turismo necrológico. Salí sintiéndome extraño del panteón, y  esa tarde no fui al cine y tampoco hice el amor.

Pasaron un par de años y en una ocasión charlando con un sobrino de Jaime Sabines –quien ahora es un repudiado exgobernante chiapaneco- pero como diría la señora gorda del anuncio “esa es otra historia”-, le conté de mi insana curiosidad de conocer la tumba de la Tía Chofi. Al terminar de contarle mi anécdota con cierto lujo de detalles, el Sobrino Sabines me dijo:

– Nunca la hubieras encontrado ya que al que fuiste fue al panteón nuevo ¿No se te ocurrió ir al panteón viejo.

Claro… el panteón viejo, cómo no.

Por supuesto que este sobrino del poeta no leía ni de broma, sin embargo tenía muchas anécdotas que yo desconocía del poeta; entonces yo le platicaba lo que leí en las biografías de Jaime y él me soltaba situaciones que conoció de primera mano. Como esa en la que Emmanuel, el de la chica de humo, le llevó con sobrada emoción alrededor de  300 cuartillas con textos y más textos para que el poeta se los revisara y le diera sugerencias u opinión; cosa que no fue nada agradable para la estrella del canal de las estrellas:

– Escribes demasiado y sólo tres poemas son buenos. Deberías salir a vivir un poco y portarte mal.

Tooooda la viiiidaaaa (parampampam).

Un asteroide habitando la Tierra

Más allá de Chiapas, pero aún en Centroamérica, se encuentra el Lago de Atitlán, considerado uno de los cinco más hermosos del mundo… Vaya que lo es, al menos a la contemplación. Los lugareños nos asustaron, nos dijeron que el lago estaba embrujado y que si llegase a tocar el agua se me llenaría la sangre de plomo y de bacterias malignas. Después de esa advertencia nos largamos a la ciudad de La Antigua, ahí mismo en Guatemala. Y ahí estaba en esa ciudad con calles empedradas que es vigilada por tres volcanes, y también es conocida como la  ciudad de las perpetuas rosas:

¿Tres volcanes?… Sí, tres, como los del Asteroide B612 del Principito.

A ver… recordemos nuevamente el Capítulo XV:

¡Oh! Mi planeta – dijo el principito – no es muy interesante, es muy pequeño. Tengo tres volcanes. Dos volcanes en actividad y un volcán extinguido. Pero nunca se sabe. / – No se sabe nunca – dijo el geógrafo. / – Tengo también una flor.

¿Una flor? ¿Cuál flor?

Mi flor es efímera, se dijo el principito, ¡y tiene cuatro espinas para defenderse contra el mundo! 

Venga, por esas calles anduvo Antoine Saint-Exupéry de la mano de su esposa Cosuelo Suncín. Dudo que la hayan pasado mal pues La Antigua es el lugar más claro y placentero que he visitado; creo que si el planeta suspira lo hace a través de esa ciudad. Los cerros y los volcanes alrededor se imponen como monumentos en honor a lo que pueden hacer los dioses cuando están de buen humor.

Estuve ahí durante Semana Santa, durante la cual, tradicionalmente, las calles de La Antigua se cubren de una impresionante alfombra de flores de todos los colores conocidos. Carajo, es un gran lugar en medio de toda esta pinche convulsión mundial de principio de siglo que ya nos tiene hasta las madres.
Hay un agudo estudio sobre Saint-Exupéry en el cual, Jorge Carrol, explica toda esta teoría de que La Antigua, Guatemala, es el asteroide donde nació El Principito. Búsquelo en Google, lo encuentra como “La Antigua, Guatemala es el Astroide B612 Donde nació El Principito”.

Se lo digo acá, de compas, si algún día puede viajar al extranjero, hágalo a La Antigua, Guatemala. Caminar en esa hermosa ciudad le hará ver que sí es muy posible que una de las obras más entrañables que se hayan escrito, ese extraordinario tratado sobre la amistad y el amor pudo haber sido concebida sólo un lugar como La Antigua. A eso fui.

To Beat or not to Beat

El Centro Histérico de la Ciudad de México tiene, después de Tijuana, una de las mejores vidas nocturnas del mundo. Nadie se la debe perder. Los Beatniks lo sabían, en particular William Burroughs y Jack Kerouak que tuvieron a bien pasar una temporada en Chilangotitlán. Verán, estos Beatniks llegaron a escribir sobre la Ciudad de México, su submundo resplandeciente de belleza. En muchos de sus textos hicieron profundas referencias a la CDMX (¡Ya estoy en onda!); y según les he leído no hay mucha diferencia de entre la ciudad de aquellos años a la de hoy. Releeré Tristessa, esa extraña novela de Kerouak, situada en la Gran Ciudad y en parte de la ruralidad mexicana; donde también poetiza un poco sobre la insondable sordidez en el límite de la condición humana.

Y muchas veces estuve ahí, en Garibaldi, por ejemplo: Esa fortaleza resguardada por José Alfredo Jiménez, Chente y otros, y en la cual, es casi seguro, algunos de mis Betaniks preferidos debieron haberse puesto una buena e inspiradora borrachera en medio de ese monumento aturdido a la surreal vida nocturna de la Ciudad de México.
Cuando voy solo o en manada, hago un extraño ritual alrededor de la Plaza Garibaldi, suelo perderme del grupo –si es que voy en grupo- con una caguama llena de cerveza: Tomo un trago y derramo un poco de cerveza al piso, en varias partes de Plaza… Es que no sé, es probable que ande por ahí el espíritu del autor de ese inmenso poemario titulado Aullido… Podrían andar vagando por ahí como antes lo hicieron en su forma corpórea y estoy absolutamente seguro que necesitan un trago de cerveza. Salud, que arrieros somos y on the road andamos.

Por Omar Gámez Navo

En portada, Jack Kerouac captado por la lente de Allen Ginsberg / Corbis


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Acerca de

Narrador. Originario de Navobaxia, municipio de Huatabampo, Sonora.


'Invitación a pisar huellas ajenas' tiene 4 comentarios

  1. marzo 27, 2017 @ 11:41 am Gasoiir

    Chingón como siempre Navo !! Un abrazo!!

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  2. marzo 27, 2017 @ 12:55 pm Erika

    No pinches mames!!! viví cada palabra, cada viaje, cada lugar…. ¿será que los conozco cada uno de ellos? pero ahora esos lugares tiene pasión, …. Navo Gracias!!!!

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  3. marzo 27, 2017 @ 2:30 pm GABRIELA

    BRAVO!! gran motivación para seguir viajando y como dice, pisar huellas ajenas.
    debo conocer La Antigua!

    Responder

  4. marzo 27, 2017 @ 3:03 pm Lidia

    Quiero conocer Antigua, Guatemala!

    Responder


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