«Hazlo como hombre»: tolerancia en rosa mexicano


Dos bromas han sobrevivido en la memoria de amigos y compañeros: ¿sabes cuál es el colmo de un homosexual promiscuo? Enfermar y verse obligado a solicitar sangre, “de cualquier tipo”.

La otra: ¿dónde están archivadas las actas de los “matrimonios gay”? Pues en los anales del Registro Civil.

Y así, entre burlas, inocentadas y chacota, todos – sin importar raza, credo, condición social o preferencia erótica – hemos escupido sobre el sexo. Porque hacerlo es liberador. Porque la risa es cosa del diablo. Porque es sano no tomarse las cosas tan a pecho.

De eso va Hazlo como hombre (Nicolás López, 2017) comedia gay mexicana que se atreve a sacar ciertos esqueletos de los roperos. No solo de los “monstruos retrógradas”, sino también de los «políticamente correctos”.

Tres amigos. Raúl (Mauricio Ochmann), Santiago (Alfonso Dosal) y Eduardo (Humberto Busto, la participación más hilarante y sincera de toda la película). Una clicka entrañable de treinta-ñeros que sigue reuniéndose para competir en videojuegos y fútbol. Entre albures y carne asada. La calca de la normalidad masculina.

Entonces “la jotería” asoma su rostro subversivo. Santiago se confiesa, justo antes de casarse con Nati, la hermana de Raúl (Aislinn Derbéz) y su tardía salida del clóset provocará los enredos y dislates en Hazlo como hombre.

A partir de ese momento la cinta se transforma en un juego de espejos donde los estereotipos confeccionan un argumento bien planeado que se da tiempo para la crítica pareja. Todos tenemos una zona de confort muy difícil de cambiar.

Ahí está Raúl, el líder, el macho alfa, vendedor de autos símbolos de la supremacía viril que considera la epifanía erótica de su mejor amigo como una traición, no por abandonar a su hermana, sino por la repulsión que le provoca la homosexualidad.

Y Nati, víctima histérica cuya actuación “over the top”, está en rango de novia sicótica que rechaza aceptar lo inevitable.

Ambos personajes funcionan para elaborar un reproche satírico: con amigos así y mujeres de semejante talante, es difícil es asumir con honestidad la identidad sexual.

Puede comprenderse, pero nunca justificarse.

María Félix lo resume con gracia e inteligencia: cuando un reportero le preguntó si era lesbiana, la Doña de Sonora respondió “Si todos los hombres fueran como usted, sin duda lo sería”.

Hazlo como hombre cuestiona, en tono de sátira y comedia, la idealización que se ha construido a partir de la tolerancia del amor que no se atreve a ser llamado por su nombre.

Santiago emprenderá un camino que le revelará que el objeto de su afecto, Julián (Ariel Levy), chef de mundo, sofisticado, internacional – sí, un estereotipo más -, puede resultar tan vacío y frívolo como la Daisy de “El Gran Gatsby”.

La razón es sencilla. Los seres humanos nos encargamos de complicarlo todo. Podemos resolver problemas insondables, pero nos perdemos en las nimiedades. Y lo mismo vale para heteros que para homos.

El filme del chileno Nicolás López está consagrado a Raúl, no a Santiago, ni a Eduardo.  Mucho menos a las mujeres, excepto Nati, siempre sobreactuada.

El proceso de negación, ira, negociación y aceptación del “monstruo retrógrada”  tomará la mano de un terapeuta español (Luis Pablo Román), quien en la cima de la colonización repetirá fórmulas maniqueas que provocarán la risa del espectador y la proverbial reacción de Raúl: “estoy jodido, estoy jodido”.

No se pierdan el libro de autoayuda que el siquiatra presenta a lo largo de la película. Es un comentario demoledor al ego y la soberbia del pensamiento positivo.

No hay una sola escena de sexo explícito en Hazlo como hombre.  En su lugar plantea situaciones cómicas a partir de la determinación de Raúl por volver a la heterosexualidad a su más querido amigo.

Lecturas de libros imposibles, mujeres escorts en prepago, equinoterapias que recuerdan a Equus (Sidney Lumet, 1977) y a los esperpénticos delirios de Pink (Paco del Toro, 2016) son el bagaje emocional y cultural de Raúl, anti héroe que merece mayor tolerancia y aceptación que cualquier manifiesto LGBT.

Hermes Ceniceros arrancó de Oliver Rendón, talentoso realizador sonorense,  una declaración de inteligencia y sentido común: “Creo que el movimiento gay, en un momento de la historia, tiene que acabar, porque siento que a veces lo que logra es separar en vez de hacer que la banda se integre”.

Tiene razón. Es tan absurdo avergonzarse por la identidad erótica individual como sentir orgullo.

Y Hazlo como hombre, a su manera, lo demuestra.

Por Horacio Vidal



Acerca de

Horacio Vidal (Hermosillo, 1964 ) es publicista y crítico de cine. Actualmente participa en Z93 FM, en la emisión Café 93 con una reseña cinematográfica semanal, así como en Stereo100.3 FM, con crítica de cine y recomendación de lectura. En esa misma estación, todos los sábados de 11:00 A.M. a 1:00 P.M., produce y conduce Cinema 100, el único -dicen- programa en la radio comercial en México especializado en la música de cine. Aparece también en ¡Qué gusto!, de Televisa Sonora.


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