El tiempo y la distancia


El Valle de San Fernando California despertó radiante para todos, sin excluir a inmigrantes ilegales como Vinicio Portillo que esperaba su desayuno en la barra de la taquería y panadería llamada El Milagro. También esperaba la llegada de Frank, un amigo extravagante que había conocido en ese lugar. El negocio de comida mexicana iniciaba la jornada con la dinámica de siempre, los empleados se movían apresurados atendiendo con esmero a los clientes que, en la mayoría de los casos compraban comida para llevar. El amigo de Vinicio  llegó antes que el desayuno y se dirigió al asiento que tenía apartado. 

—¡Hi, Vinicio! ¿ya pediste tu breakfast?—

—Sí Frank, ya está—Dijo Vinicio mostrando una calmada alegría por la llegada de su amigo.

—Sabes qué, ese, me he clavado pensando en lo que me contaste ayer, es duro bro, ya me imagino, chale ese. Tener a tu jaina y estar tan lejos de ella y de tus babys, me parte la coraza wacha, y no es puro verbo, créeme. Aquí uno se encuentra con muchas historias de paisanos, pero con tu historia no es que me identifique, al contario ese: Tú que te casaste con ese rollo de ser hombre de una sola mujer y yo me divorcié y tengo una pareja acá. Tú que nunca has pisado un reclusorio y yo hice años de sombra en una prisión estatal. So, será que quisiera haber tenido una juventud limpia como la tuya acá—

—Oye, Frank, y cómo sabes que yo tuve una juventud limpia—

Frank pertenecía a la generación de los primeros cholos que surgieron después de que desaparecieron los pachucos en Los Ángeles, por lo cual la brecha generacional entre ambos era amplia, no obstante, la empatía entre ellos era como si se conocieran de siempre.  Frank se quitó el sombrero de ala corta y acarició su barba de candado antes de contestar la pregunta de Vinicio pero una voz femenina irrumpió entre los dos.

—Combo tres, buen provecho—Dijo Mariana al poner el plato en la barra y después levantó la vista que se estrelló con los ojos ligeramente asiáticos de Vinicio y se produjo una pirotecnia que llegó hasta donde estaba Frank.

Hi, Mariana, yo quiero pan y café, una concha de chocolate— Dijo Frank— y en cuanto Mariana se retiró, Frank se dirigió a Vinicio. 

—Qué pues Viny, te estoy wachando, la carne es débil ya lo sé. Mírame a mí, está bien que la morena tiene la boca chiquita y los ojos de paloma y mejor no le sigo porque eso de ser hombre de una sola mujer se me hace buena onda, y más si tienes dos babys— 

—La carne es débil Frank, tienes razón, yo también fui cristiano, bueno, lo soy, por qué no, aunque me haya descarriado—. Pero además de eso, están los consejos de mi padre. Tienes que aprender a ser hombrecito me decía el viejo, y yo creo que una de las formas de ser hombrecito es siendo hombre de una sola mujer. Nos pusimos de novios desde la secundaria, me embarqué pronto, por lo mismo trunqué mi carrera de ingeniero civil en el ITSON, tenía que trabajar de tiempo completo. Un compañero de la preparatoria, el David, fue alcalde de Agua Prieta, me invitaba a colaborar con él pero opté por esto que llaman el sueño americano, un sueño del que ya hace mucho tiempo que desperté—

—Mira Viny, es muy raro. Wacha, yo nací aquí pero hay veces que quisiera vivir allá en México, cuando voy a Nayarit a visitar a la family me siento bien, allá la comida es mejor que la comida de aquí aunque sea comida mexicana también, el agua del mar es una bendición ese, aquí en Califas el agua en la playa está congelada, no te puedes bañar. Y la música pues es lo mismo aquí que allá, pues en esta taquería ponen pura música mexicana, me gusta oír al Pepe Aguilar, a los Temeduermes y a Los Bukis, pero lo que más me gusta son Los Temeduermes. A veces sientes que hay algo que te jala de allá wacha, sabes que eres de aquí pero en parte de allá también, me entiendes? Por eso los chicanos como que tenemos un alma errante que no encuentra sosiego, digo yo, pero bueno, donde quiera está el señor, Alcance Victoria es la onda wacha. So, piénsala bien Viny, regrésate a México con tu jaina, antes de que te claves con esta morena que te sirve el desayuno o antes de que te apañen los de la migra, sal de aquí por tu cuenta ese—

Ese día cerraban el swap meet donde trabajaba Vinicio y tampoco llegaron por él para ir a limpiar una yarda en una ciudad vecina que se llama Sylamar, por lo cual tomó con calma el desayuno y la conversación, le dio un sorbo a la tasa de chocolate y ensimismado tomó una servilleta para limpiarse la boca y responder—Si, mira, con la soledad llega la necesidad de una mujer a tu lado, o enfrente de ti aunque se interponga una barra para servir comida, pero no es ella quien me detiene, no es para tanto, y si así fuera, cuánto puede durar una querencia? y más si solo es infatuación. Todo lo borra el tiempo y la distancia. Me puedo ir a San Diego también. Y para regresarme a México no es tan fácil, hay que hacer a un lado el orgullo, me falta humildad, lo admito. Lo que pasa es que al salir de tu tierra buscando progresar no quieres regresar como un perdedor, lo que quieres es llegar con un trofeo, no con las manos vacías. Un hermano mío se llenó de orgullo cuando en la calle alguien que me vio pasar dijo: Ese es Vinicio Portillo, el campeón anotador en el estatal de basketball. Fueron pequeños triunfos, pero me dieron fama de la buena. Es bonito ser ganador, y por el contrario, nadie quiere fracasar. Harías bien en comprenderme Frank—.

—Si te sientes solo lo menos que debes hacer es buscar al señor bro—

Para cuando mermó la gente en la taquería, Vinicio había terminado el desayuno y el café de Frank era refill que lo acompañaba con un cortadillo. En eso Mariana se dirigió a ellos disparando miradas directas al ilegal, caminando con un estilo seductor que no tenía necesidad de improvisar. Al acomodarse en la barra les habló con su voz desenfadada. 

—¡¡Hi, cómo están¡¡ no es que sea metiche pero aquí se escuchan muchas cosas, ni modo de taparse los oídos. Pero no es común que la gente hable de Dios. Yo por mi parte voy a veces a misa con mi mamá, eso es desde que vivíamos en Michoacán,  a ella le gusta ir a misa al centro de Los Ángeles, siempre lleva una veladora para la virgen, algo me ha de tocar porque estoy con ella un rato en misa y después me salgo a la plaza Olvera. Allí me gusta oír a un ecuatoriano que le dicen el indio y toca música andina con muchos instrumentos. También me gustan los mariachis que tocan en las fondas de comida mexicana, eso casi es estar en México y……………………….y—.

 Mariana dejó de hablar ya que estaba sentada frente el estacionamiento de la pequeña plaza comercial y se puso de pie al ver que entraban del boulevard Foothill al estacionamiento varias camionetas blancas muy relucientes y bajaban de ellas agentes muy fornidos que parecía robots con uniforme color verde olivo. Ante esa escena, Frank exclamó muy agitado.

—Chale ese, es la migra, van a hacer una redada—

Vinicio se puso de pie pero rápidamente Mariana colocó su mano en el antebrazo y le dijo con firmeza—No salgas, te van a llevar, te voy a esconder en la panadería por si entran, ¡¡vamos!!—

—No, gracias, puedes perder el trabajo—dijo Vinicio que tampoco tuvo necesidad de improvisar su consideración.

—Me la juego—le dijo Mariana echando el resto

Vinicio puso su mano con grato silencio sobre la manita color de barro que estaba sobre su antebrazo, luego inclinando la cabeza, retiró su mano y volteó para ver a Frank que le habló sensiblemente.

—Ni modo Viny, ha llegado la hora, te tocaba este día bro, por fin te vas a ir con tu jaina. Por lo menos no vas a pagar el bas de San Fernando a TiYei—

Cuando salieron de la taquería dos agentes estaban por entrar, otros ya habían detenido a tres trabajadores ilegales que ofrecían sus servicios en el estacionamiento en lo que se conoce como la liebre. Los agentes se dirigieron directamente a Vinicio quien solo los miró esperando la pavorosa pregunta: ¿Your pepers?

Mientras tanto Frank se acercó a un grupo de activistas que llegaron como abejas a defender al enjambre y se unió a ellos con el grito de batalla ¡¡Raza sí, migra no, raza sí, migra no, raza sí, migra no!! Después buscó a Vinicio con su vista y lo encontró cuando estaban a punto de subirlo a una camioneta. 

Manso como un cordero, Vinicio recordaba antes de abordar una imagen que le resultaba fascinante; La de las paradas de camiones por las tardes, atestadas de obreros y estudiantes regresando felices a casa después de terminar una jornada más. 

Frank buscó un último contacto y dejó el grito de batalla para lanzarle un grito de consuelo a Vinicio—¡¡Viny, cuando vaya a México voy a llegar a Navojoa para verte carnal!!— 

Vinicio quiso contestar levantando el puño pero no pudo porque estaba, como un criminal,  maniatado hacia atrás con una cinta de plástico. Pero en cambio no quiso, aunque podía, voltear a ver al escaparate de la taquería de donde salían para él, las miradas de unos ojos de paloma. Porque Vinicio había decidido ya que comenzaran a correr el tiempo y la distancia.

Por Abraham Mendoza

Fotografía de Benjamín Alonso

Un candidato a inmigrante -en Estados Unidos- posa pensativo en las vías del tren a las afueras de Hermosillo en diciembre de 2009


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Acerca de

Abraham Mendoza vio la primera luz en San Pedro El Saucito el 2 de abril de 1960. Es geólogo de profesión y narrador nato que escribe como Dios le da a entender. Tiene por hobby caminar por todas partes excepto en andadores y le gusta que le lleven serenata aunque no sea su cumpleaños.


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