El sapo de Sonora. ¿Subcultura psicodélica o revolución enteogénica?


Hermosillo, Sonora.-

“¡Ya se oyen las chicharras! ¡Ya va a llover!”

Desde morrita oía a los adultos decirlo casi como amenaza y eso significaba que ya no tardaba en acabarse la primavera, se dejaba venir el verano y ay, ¡qué calor!

Pausa. El calor es un fenómeno infernal que cuando eres del desierto sabes que al salir de la frescura de casa se te empiezan a dilatar los poros del vaporazo de la calle, abres el carro y te pega el hornazo (algo invisible pero que quema y acorta la respiración) miras el retrovisor y ya estas chapeteado del calorón ¡y eso que apenas llevas tres minutos fuera de tu zona de confort! ¡Chin, hasta el rimel se corre! Por eso es bueno traer al menos un suerito bien helado y un trapito pa’ secar el sudor.

Eso no ha cambiado, cada año está igual o pior. Lo que sí cambió y lo recuerdo muy bien, es que antes, cuando por fin llegaban las lluvias, salían montones de sapos y tortugas de los canales de desagüe ahora cubiertos de asfalto. Se desbordaban un chorro de bichos por todos lados y he ahí que Mamá tenía que barrer gigantescos sapotoros (nombre coloquial del Bufo Alvarius/Incilius Alvarius) que se amontonaban afuera de la puerta o se acumulaban bajo los focos de las casas para devorar bichos tanto voladores como ponzoñosos, ratones, hasta aves nocturnas y uno que otro murciélago descuidado se llegaban a regurgitar esos animalones.

Eran toscos y feos, tan grandes que parecían alcancías de kermesse en el porche. Los mayores advertían que si te acercabas mucho a ellos te tiraban una leche venenosa que ¡te podía dejar ciego!, mito popular que se dice viene de los tiempos de la colonización. Y lo mejor era echarles sal para que se murieran… Uy, alguna vez presencié eso, fue horrible ver cómo la sal les carcome la piel y luego explotan, cual acto de brujería de las malas… Lo han de haber hecho tanto que en la actualidad ya ni se dejan ver los sapos por la ciudad.

Mi primera vez con un sapo

Se me viene a la mente el momento que me ofrecieron por primera vez una fumada de sapo. Yo tenía catorce años y ni siquiera sabía fumar. Sólo pensé: “¡Ve estos batos, hasta con un animal quieren loquiar! Ya no hayan con qué drogarse”… Obvio me negué y pues ahí quedó la cosa.

Pero años después empecé a tripiar. Adquirí experiencia en psicoactivos. Para informarme hice casi un doctorado empírico en psiconauteada… ¡Puff! Viajé por todo México (porque en este país tenemos los mayores psicoactivos del sistema solar) en busca de un no sé qué que qué sé yo que ¡ya sabes qué! Incluso me mamé toda la info de la red y un buen de bibliografía. Tiempo después, y en diferentes circunstancias, llegó de nuevo la oportunidad y lo probé. Me fue muy bien, encontré una estrecha relación entre el viaje sapo y El libro tibetano de los muertos, vinculado a la muerte-renacimiento.

Tesoro nacional

Resulta que la mentada “leche de sapo” (mucosas del Bufo) no es tan tóxica, es el psicodélico más potente del mundo, además la criatura que lo produce de una metamorfosis compleja sólo habita en esta región sonorense. Ha sido usado por nuestros antepasados, considerándolo de uso ritual-chamánico. Fue sintetizada químicamente en 1936. En la actualidad varios países lo prohíben, pero tanto FDA (Food and Drug Administration, agencia federal gringa) como farmacéuticas ambicionan patentar su molécula, la cual, de hecho, forma parte de nuestro Tesoro Nacional Tangible e Intangible; en el futuro será reconocido como Patrimonio Bio-Cultural de la Humanidad, como lo es la Ayahuasca en Perú.

Sin embargo, aunque en México se regule el uso del sapo y la sociedad lo reconozca de uso indígena/ritual, el estatus que se gane con la regulación no lo libraría de su marginalidad, pues el chamanismo ‘como concepción milenaria del mundo y modus vivendi’ indígena se ha desvirtuado.

El sapo post-“findelmundo”

Desde antes de 2012 y a la fecha, una marabunta de “desempleados” de todas las nacionalidades emergió con un profundo complejo de chamán, guiando a otros con afán de “ayudar” y con el cuento de que dios se fuma, en aras de obtener poderes, facilidades y tentaciones que ofrece la sustancia, !ya hasta mercado negro hay y bufo-gánsters! Y es que la escena se presta para muchas cosas, inclusive se ve una latente imitación de la indigenidad o imitadores culturales con usos urbanos de la molécula, así como también chamanes corporativos. Además se desarrollaron un penoso esnobismo dogmático que raya en lo fanático y un sadismo espiritual gore donde aplican técnicas de sapo-bullying terapéutico y electrochoques.

A la par de numerosas investigaciones multidisciplinarias, análisis, estudios farmacológicos, psiquiátricos, médicos, científicos, antropológicos, sociológicos, periodísticos, colaboraciones, obras de arte, tesis, antítesis, documentales, series televisivas, noticias, novelas y libros enfocados en el tema… Pero todavía se quedan cortos, pues el sudor del sapo se cotiza mas alto que el oro, es un recurso natural agotable de dificultosa obtención, debido a que proviene de una especie endémica, la cual ha decrecido y migrado significativamente cada año.

No se sabe a ciencia cierta si es realmente medicina, si cura algo o no, tal vez solo funciona como un placebo que ayuda a mejorar patologías. Podría ser una práctica psico-espiritual o mas bien será que se están modificando procesos y formas psico-sociales para evolucionar.

No creo que la iluminación consista en ver lucesitas, pero confieso que probar el sapo de mi tierra es una experiencia TOP. Después del orgasmo carnal, la experiencia del sapo es el orgasmo cósmico: un suceso momentáneo, sólo dura unos segundos que parecen prolongados a casi una eternidad, tan efímero instante en el que confirmas el origen divino de todo. Básicamente una experiencia vital porque te lleva al estado puro sin ego, revelándote la identidad divina. En alguna cultura oriental ese momento se le conoce como satori.

El sapo y mi amá

Para no hacer mas largo este mitote, cuento que efectivamente cuando probé el sapito todo cambió y logré comprender muchas cosas de la vida, de la existencia, de lo absurdo, de lo paradójico, del tiempo, pero sobre todo de la muerte, suceso en el cual comencé a meditar desde que mi amá enfermó.

Ella pasó siete años en execrable agonía. Siempre que la veía postrada pensaba, casi como recurrente puñeta mental, en darle sapo y con ello, según yo, una “ayudadita”Por fin llegó ese momento y pude hacerle respirar la molécula. Se abrazó ella misma y con voz gutural, ya sin aliento, alcanzó a decir:

-¡GRACIAS! Ahora sí, ya estoy lista para morirme. ¡Siento alivio!

Cerró los ojos, suspiró. Mi piel se enchinó, quedé tiesa, muda, con un nudo en la garganta, los ojos vidriosos. Tragué gordo. De pronto un gran alivio me invadió, la sensación de haber culminado un ciclo. Tenía sentimientos encontrados, parecía una bizarra lucha entre el bien y el mal, luz y oscuridad, verdad y mentira, locura y cordura. Quince días después, ya relajada y entregándose, exhaló la vida.

Homo Sapus

En los aparentemente pueblos fantasmas del desierto de Sonora, que a veces ni el Google registra, se ven más extranjeros en pleno verano a deshoras de la noche con un costal levantando cuanto sapo se encuentran. No les importa si es o no la especie que buscan, son biopiratas que se pasan por el arco del triunfo la Ley General de Vida Silvestre del Estado y la Ley del Equilibrio Ecológico y Protección al Medio Ambiente. Además, dejan a un lado usos y costumbres de los pueblos indígenas y colectan tesoros ancestrales de mi Sonora querida, tierra consentida…

A como van las cosas, nomás falta que los chamacos se ilusionen con ser chamanes cuando crezcan. ¡Si no sale drogadicto saldrá chamán! ¿Hacia dónde apunta todo esto? Acaso será que de fumar tanto sapo evolucionaremos a homo sapus? ¡Quién sabe! Pues el anfibio es un ancestro respetable, literalmente un dinosaurio viviente que ha pasado millones de años en esa mismo forma; se posa nueve meses bajo tierra fotosintetizando luz solar, metabolizando ponzoñas, venenos en escatofágica, dieta que ingiere durante los tres meses que sale a la superficie.

Al menos el empoderamiento del sapo penetra en la psique como un inminente florecimiento cultural, contrastando con el ecocidio resultante de la era del plástico de la que todos somos partícipes.

El sapo como recurso

Mientras tanto en este desierto paralelo donde las temperaturas son tan hostiles que sobrepasan los 55 grados a la sombra, seguimos resistiendo un fenómeno bio-psico-socio-cultural frente a desórdenes de personalidad inducidos sistemáticamente que han generado una crisis de identidad y despersonalización global. La ignorancia rebasa los límites, se empieza a notar la esquizofrenia colectiva.

El consuelo es que el sapo de Sonora a estas horas de la historia va tocando mentes, da pistas al inconsciente colectivo para transformar la realidad. Porque una experiencia de esas SÍ cambia el modo de percibir, abre los ojos, brinda herramientas y habilidades para crear realidades a partir de infinitas posibilidades, hecho que pone a temblar a la religión y a la ciencia misma por significar un poderoso reforzador cultural y un profundo reformador de la personalidad.

El detalle es que vamos muy rápido, con pasos tropezados y no hay conocimiento en tiempo real de lo que está pasando con el uso de un psicoactivo tan poderoso. La verdad es que, como buenos sonorenses, con fama de tener muchas bolas, deberíamos de salvaguardar a toda costa este invaluable tesoro.

Texto y fotografía por Odily Fuentes

Enteogénico. Del griego éntheos (ἔνθεος), significa “(que tiene a un) dios dentro”, “inspirado por los dioses”. Y génos (γένος) quiere decir “origen, tiempo de nacimiento”. El sustantivo “génos” pertenece al campo semántico del verbo gígnomai (γίγνομαι), que significa “llegar a ser”, “volverse”. Por tanto, el significado etimológico de enteógeno alude a la posibilidad de llegar a ser inspirado por un dios, así como al “nacimiento” que esto supone. (Nota de la autora).



Acerca de

Simple mortal hermosillense (1981), de orígenes apaches, que lucha en el día a día por su propia libertad. Esclava de sus propias decisiones. Elige cada vez que puede ‘salir de la caja’ para experimentar otras realidades, otros reinos, lugares y situaciones que amplíen su acervo de vivencias. Es aeroanfibia, soñadora lúcida, fiel viajera, psiconauta, rebelde. Es hedonista a la vez que absurdista, multifacética y psicomaga. Creadora de Proyecto OTAC 2011. Contacto: odilyfuentes@icloud.com


'El sapo de Sonora. ¿Subcultura psicodélica o revolución enteogénica?' tiene 5 comentarios

  1. agosto 27, 2018 @ 5:41 pm abraham soto

    Bullshit

    Responder

  2. agosto 31, 2018 @ 11:28 am Adriana olea

    Información muy completa e interesante. Gracias Odily por compartir 🙏🏼

    Responder

  3. octubre 26, 2018 @ 6:37 am Santiago

    Magnifica exposición, gracias 🙏

    Responder


Quieres compartir tus ideas?

Tu email no será publicado

Crónica Sonora