Denle el Óscar a Gary Oldman


El 23 de junio de 2016 una ligera mayoría votó por la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea. Las consecuencias de esta decisión – conocida como Brexit – están por verse. Resulta incierto el futuro de la UE, una comunidad anhelada por el mismo hombre que se levantó contra Hitler: Winston Churchill.

Paradoja de la historia. En la tierra natal de este líder se fortalecieron corrientes nacionalistas que desembocaron en el fatal referéndum. Tal vez por eso es oportuno que el cine nos devuelva la figura de quien es recordado como uno de los más influyentes guías en tiempos de guerra.

Darkest Hour (Joe Wright, 2017) es una película biográfica que si bien no es innovadora, se sostiene por la brillante actuación de un improbable Gary Oldman en el protagónico más afortunado del año. No es solo el movimiento corporal o el mimetismo en la voz y manerismos de Churchill, es el impresionante maquillaje que desvanece por completo al actor y nos convence desde el primer momento en la pantalla.

También es la arriesgada determinación por ubicar Darkest Hour en un período específico en la vida del líder para hilvanar esta breve línea de tiempo a partir de los tres discursos de Churchill con mayor trascendencia política y literaria.

Darkest Hour es así un homenaje a la palabra.

Presenta el poder del pensamiento claro y la elocuencia magnífica. Contundente, persuasivo, tenaz y atrevido, Winston Churchill fue el hombre indicado en el momento preciso. En las horas más oscuras.

La renuncia del Primer Ministro Neville Chamberlain (Ronald Pickup) y el relevo por Winston Churchill (Gary Oldman), el 10 de mayo de 1940, marca el inicio de la cinta. Es ahí, en la Cámara de los Comunes, donde la retórica permite el mayor lucimiento.

“I have nothing to offer but blood, toil, sweat and tears”, dice Churchill para demostrar su oposición a cualquier negociación de paz con la Alemania de Hitler.

Con la música de Dario Marianelli y las tomas aéreas y cenitales de la cámara por Bruno Delbonell – amenazantes como los bombardeos nazis contra Londres – , comienza el viaje del héroe a través del Palacio de Buckingham, el claustrofóbico cuarto de guerra, las calles de la ciudad, su propio hogar e incluso un paseo por transporte urbano.

En medio aparece la Operación Dynamo, el plan de evacuación en las playas francesas de Dunkerke, que resultó fundamental para el curso de la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, las batallas son apenas sugeridas en Darkest Hour. Para Joe Wright es mucho más importante el temperamento y el carácter de Winston Churchill, dispuesto a ganar la guerra contra sus enemigos internos y contra el adversario listo para conquistar la Gran Bretaña.

Es recomendable revisar Dunkirk (Christopher Nolan) para comprender el contexto total de Darkest Hour.

Tres paseos en automóvil manifiestan los cambios en una ciudad que debe prepararse para enfrentar su destino. Cuando Churchill arriba a la Cámara de los Comunes por vez primera, los ingleses viven ajenos a la próxima tragedia; un segundo viaje los muestra preocupados, caminando entre improvisadas barricadas; y en el tercer recorrido, una lluvia inclemente cae y los ciudadanos ya no pueden evitar el caos del aguacero.

Un elenco discreto, pero eficiente, acompaña a Gary Oldman. Clemmie, la esposa (Kristen Scott Thomas), el Rey Jorge VI (Ben Mendelsohn), Elizabeth, la secretaria (Lily James) y el antagonista, Halifax (Stephen Dillane), son cubiertos por la sombra todopoderosa de Winston Churchill, por lo que resultan reflejos de las ideas y la visión del Primer Ministro.

La apuesta general de la cinta puede ser sintetizada de esta manera: Gran Bretaña es una isla, Londres es una prisión y la mente de Churchill es el lugar donde la película se esfuerza por mantenerse. La secuencia en el transporte urbano de Londres puede ser la más inocente del filme. Y aunque se justifica, tal vez muchos esbozarán una sonrisa al recordar las actitudes populistas de nuestros políticos siempre dispuestos a dar la cara, su mejor cara, en época de elecciones.

El corazón de Darkest Hour es Gary Oldman. Como también lo es el parlamento que se ha colocado en Halifax, autor de todo el fuego amigo contra Churchill: “He mobilized the English lenguage and sent in into battle”.

Un hombre viejo, medio sabio, medio loco, me dijo un día: “Si actúas solo con la cabeza te van a decir idealista, romántico; si actúas solo con el corazón, te van a llamar sentimental; y si actúas con la tripa te van a partir el hocico. Lo mejor es pegar un solo golpe, con la cabeza, el corazón y los huevos”.

Churchill era de esos.

Denle el Oscar a Gary Oldman.

Por Horacio Vidal



Acerca de

Horacio Vidal ( Hermosillo, 1964 ) es publicista y crítico de cine. Ha colaborado para la prensa escrita y electrónica. Actualmente participa en Z 93FM en la emisión "Café 93" con una reseña cinematográfica semanal, así como en Stereo 100.3FM, con crítica de cine y recomendación de lectura. Y en esa misma estación, todos los sábados de 11:00 A.M. a 1:00 P.M., produce y conduce "Cinema 100" el único programa en la radio comercial en México especializado en la música de cine. También ahí hace critica de cine y recomendación de lectura en "Reporte 100", con Sergio Valle.


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