Como decíamos ayer, una cosa es la foto con el «me encantan los libros» y otra muy distinta es hacer lo que te toca como gobierno.

Así nomás


El Instituto Sonorense de Cultura (ISC) se encuentra actualmente, respecto al Concurso del Libro Sonorense 2020 (de aquí en adelante por sus siglas CLS), en omisión respecto a la publicación de las seis obras ganadoras en cada uno de los géneros literarios establecidos: crónica, cuento, dramaturgia, ensayo, novela y poesía. Desde el año 2005, que he podido participar en la edición de mis obras en dicha institución, no he visto que la publicación de algunos de mis libros mediante la convocatoria del CLS se haya retrasado tanto, y hablo de ocho trabajos en total, algunos de los cuales incluso ha sido en coedición o ha estado atrapado en el proceso de cambio en la administración estatal. El ISC ha incumplido en el compromiso que ellos mismos estipularon en la cláusula XIV de la convocatoria del susodicho concurso, en la que se especifica que cada ganador(a) se hará acreedor a un estímulo económico, a un diploma y a la edición de la obra, esta última aún sin ser solventada.

El 22 de abril del año 2021, aún bajo la administración del aquel entonces director Mario Welfo Álvarez Beltrán, recibí un correo electrónico masivo, dirigido a las y los ganadores del CLS 2020, donde se nos indicaba que daba inicio el proceso editorial, por lo que al día siguiente envié la versión final en archivo Word, previendo que las correcciones serían más engorrosas en otro formato de diseño que podría desconfigurarse y retardar más la publicación de mi libro (por cierto, ganador en el género de Poesía). Tradicionalmente, las ediciones quedaban listas para presentarse en la Feria del Libro local del año siguiente del anuncio de los ganadores del CLS, es decir, en un año como máximo, en este caso, en la feria del año 2021, finales de octubre, inicios de noviembre.

Sin embargo, el cambio de administración estatal, quise entender, podría ser una atenuante para retrasar aún más la edición de la obra, aunque me pareció una perspectiva cómoda y cuestionable, ya que los recursos y programas se deben continuar aplicando debido a que se establecen anualmente, precisamente, para que la administración pública pueda cumplir con sus encomiendas; así también, la actual directora del ISC, Guadalupe Beatriz Aldaco Encinas, participó en el proceso de entrega-recepción correspondiente a la institución que ahora dirige, por lo que me resulta aún más incomprensible que a casi ocho meses de estar al frente del ISC, aún no se inicien los trabajos editoriales. Y es que desde aquel 22 de abril de 2021, hace un año ya, no he recibido ningún tipo de comunicación o información del estado que guarda la publicación de mi obra. 

Así, pues, considero que si el ISC ha privilegiado el silencio como una estrategia para relegar o incumplir o retrasar o ignorar la edición de esas seis obras ganadoras de este concurso que pertenece a los sonorenses y, aún más, a la tradición literaria de esta región, y ha dejado de lado el diálogo y el acercamiento de buena fe, con argumentos creíbles, solo habla del estado de deterioro en las relaciones que guarda el Estado con los artistas, de la poca importancia que se le brinda a la cultura del libro, a pesar de que crean que posteando en Facebook o Twitter, mediante el alarde o el simple postureo, una cita solemne sobre lo esencial que resulta para nuestras sociedades el acto de lectura sea suficiente para zanjar tan complicada cuestión.

Yendo más allá, incluso, el ISC incurre en infracción de los derechos de autor de forma clara. La carta de cesión de derechos que se firma cuando uno participa en el CLS, en específico  la que se entregó para la edición del 2020, en ningún lado menciona la fecha en que quedará lista la edición de la obra ganadora; tampoco menciona los elementos que la Ley Federal del Derecho de Autor menciona que ha de contener todo contrato de edición: 

Artículo 47.- El contrato de edición deberá contener como mínimo los siguientes elementos:

I. El número de ediciones o, en su caso, reimpresiones, que comprende;

II. La cantidad de ejemplares de que conste cada edición;

III. Si la entrega del material es o no en exclusiva, y

IV. La remuneración que deba percibir el autor o el titular de los derechos patrimoniales.

En futuras convocatorias, no solo el ISC deberá establecer una fecha exacta razonable, en favor del artista, puesto que para las y los ciudadanos existen compromisos legales que deben cumplirse sí o sí en fechas puntuales, ¿por qué el Estado no ha de comprometerse en algo tan importante como lo es la edición de obras ganadoras de un concurso que lleva décadas de tradición en nuestro estado? Empecemos por darle la importancia y la seriedad que se merecen las obras ganadoras y a sus correspondientes creadores, solo así el ISC puede emprender todo tipo de discurso que pretenda tener algún tipo de credibilidad, sobre todo lo que respecta a la cultura y difusión del libro.

Lo más grave, sin embargo, es que de acuerdo con el artículo 55 de la Ley Federal del Derecho de Autor, cuando el contrato no señale la fecha para la publicación de la obra, se entenderá que este periodo deberá ser de un año, a partir de que el editor, en este caso el ISC, reciba la versión definitiva, en mi caso sería el día 23 de abril del año 2021, es decir, que el contrato de cesión de derechos ya expiró. Quizá cause confusión el hecho de que en la convocatoria del año 2020 se señala en su cláusula X que “Los derechos de la primera edición de los trabajos premiados serán propiedad exclusiva del Instituto Sonorense de Cultura hasta que la edición se agote”, pero ¿cómo es que una edición que no se ha publicado se puede agotar? Por supuesto que la normativa de derechos de autor es cuando resulta aplicable para proteger la obra y la reputación de sus creadores(as), impidiendo de esta manera que un libro quede paralizado ad nauseam en el limbo de la eterna promesa de su publicación. De este modo, la misma ley tutela dos opciones a favor del autor(a): exigir el cumplimiento del contrato o bien darlo por terminado mediante aviso escrito al editor; en ambos casos, el editor, en este caso el ISC, deberá resarcir los daños y perjuicios causados. Y sí, hay eventos, ferias de libros u oportunidades con otras editoriales (o simplemente optar por la edición de autor o con otras entidades culturales) a las cuales se renuncia porque no existe obra publicada y los derechos de publicación los mantiene el ISC. Por ello también la ley ya citada establece que el autor(a), como titular de los derechos morales de sus creaciones, en todo momento puede exigir respeto a la obra y oponerse a toda acción o atentado a la misma que cause demérito de ella o perjuicio a la reputación de su autor(a) (artículo 21, fracción III). 

Aparejado al asunto de que el contrato deberá ser preciso en las fechas de publicación de las obras, limitado a un año tal cual lo señala la normativa vigente, la convocatoria del CLS deberá renunciar al tiempo abusivo que pretende ostentar los derechos de edición, que es cuando se agote esta: basta con dejar una caja o una edición en inventario para mantener dichos derechos el tiempo que se desee. Para nadie es un secreto, además, que el ISC nunca se ha caracterizado por ser un ejemplo en la difusión de las obras que edita, lo más se limita a donaciones a sus bibliotecas y a escuelas, y eso me parece positivo que se mantenga tal cual, incluso incluir presentaciones pro bono por parte de cada uno de las y los autores del ISC, pero se debe sumar la presencia de los libros editados por dicha institución en las librerías a nivel nacional y al fin cumplir la inmortal promesa que, ahora sí en este sexenio, sus ediciones se exhibirán en algún estante de las librerías Gandhi o Porrúa, las más importantes que tienen presencia en la capital del estado. Esta situación debería corregirse y el ISC establecer un término de dos años como titular de los derechos, un tiempo más que razonable para ambas partes y, no obstante, con una cláusula especial donde se comprometa a liberar los derechos si el autor(a) acredita una nueva edición o contrato en una casa editorial o equivalente, con el fin de no obstaculizar su crecimiento artístico.

El ISC debe entender que el autor(a), propietario inalienable de los derechos morales y propietario primigenio de los derechos patrimoniales de sus obras, merece ser tratado, junto a su producción artística, con respeto y bajo estrictas garantías jurídicas que lo favorezcan, pero que también beneficien al ISC como garante de esos derechos de autor, como un bastión para cada una de las y los artistas, de sus obras y del acervo cultural único que posee. A final de cuentas, el Estado mexicano da la razón a las y los artistas al haber firmado El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, que reconoce que toda persona tiene derecho a beneficiarse de la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora (art. 15); lo mismo se incluye en el Protocolo Adicional a la Convención Americana sobre Derechos Humanos en materia de Derechos Económicos, Sociales y Culturales «Protocolo de San Salvador», en cuyo artículo 14 se indica que los Estados Partes reconocen el derecho de toda persona a beneficiarse de la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora.

Bajo esta óptica, se debe partir desde el razonamiento de que el derecho de cualquier persona sobre sus creaciones es un derecho humano fundamental y al cual no se puede renunciar o se puede enajenar mediante un formato que incumple los requerimientos de ley. La nueva administración del ISC tiene la oportunidad de dar un paso decisivo y corregir de raíz, con la normativa que protege las obras de los artistas siempre a la vista, los probables abusos o ambigüedades en la redacción de sus convocatorias y derivados que tengan como objeto la edición, transmisión, uso, entre otros, de las obras artísticas, y evitar con ello incurrir en infracciones a la ley en la materia, si es que quiere que sus palabras y largos discursos sobre la importancia del libro y el arte en general tengan algo de crédito.

Lupita Aldaco, directora del ISC, capturada en pantalla por Mauricio Marat en noviembre de 2021

Texto y portadas por Hugo Medina

 

Sobre el autor

Licenciado en Letras Hispánicas por la Universidad de Sonora y maestro en Letras Españolas por la UNAM. Ha obtenido, en diversas ocasiones, el premio del Concurso del Libro Sonorense en poesía, cuento, ensayo y novela.

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3 comentarios

  1. Pertinente y exacto artículo de Hugo Medina. Autor protagonista de la literatura sonorense del siglo XXI en ensayo, poesía y narrativa. Con al menos el 75% de sus obras editadas por el Instituto Sonorense de Cultura. Al paso que lleva, para el 2040 habrá ganado 18 concursos del libro sonorense. Tres veces en cada una de las seis categorías. Es decir lo que permite legalmente el concurso. Y es legal.

    En cuanto a los atrasos de las ediciones, otro destacado autor sonorense, al cual le toca ganar este año otra vez el género de cuento del concurso del libro sonorense para completar su trilogía, como Selene Carolina y como Carlos Padilla… me refiero a Gerardo Hernández Jacobo, en 2010 ganó el género de novela con Crucigrama y se la publicaron en 2013, yo lo presenté en Caborca y él me lo contó. Fue en tiempos del buen Nacho Mondaca, en paz descanse. En esos tiempos se redujo el número de libros impresos de las obras ganadoras de 1000 a 500 y autores que sí promueven por su cuenta como Carlos Sánchez resultaron perjudicados porque sí tienen penetración en todo el estado y lo hacen por iniciativa personal y por ganas de llegar a los lectores.
    Después se perjudicó tanto a los autores como a los lectores reduciendo el tamaño de la letra de las obras, eliminando automáticamente a la mitad de los lectores que son, somos, débiles visuales.
    Por ejemplo, el libro llamado Biblioteca Mínima, de un tal Alejandro no sé qué, premio nacional de narrativa breve Edmundo Valadés, es una auténtica burla para el lector, es un mini libro que no se puede hojear ni mucho menos leer, editado por el ISC. Una mentada de madre para los débiles visuales, que también es una forma de discapacidad. Lo mismo pasa con el libro de Fernanda Ballesteros, de crónica, del CLS.

    En otro orden de ideas relativas a la misma publicación que nos atañe, Hugo Medina está perfectamente enterado de que en la parte final de la gestion de Mario Welfo, hubo al menos cuatro coordinadores editoriales en el Instituto Sonorense de Cultura: Josué Barrera, Selene Carolina Ramírez, Fernanda Ballesteros y Diana Acosta. Me parece que con esa inestabilidad, en medio de una pandemia en que las librerías estaban cerradas, no había ferias del libro, no se editaban libros ni siquiera por parte de las firmas importantes a nivel nacional y, sobre todo, y en esto tiene toda la razón Hugo Medina, la falta de claridad administrativa no sé si originada por la dedicación de recursos a la atención de la pandemia por parte de la administración correspondiente en perjuicio del presupuesto o editorial; o para cuestionarlo abiertamente: si estaban los dineros etiquetados para la edición de esa generación de obras ganadoras, estamos hablando de otro caso más de vil corrupción del que este gobierno de la 4T no quiere responsabilizarse porque proviene de un ejercicio presupuestal pavlovichiano… pero sin darle tantas vuieltas al asunto, la pregunta debe hacerse directamente ¿qué pasó con el dinero? y cómo dicen en Hermosillo ¿si se va a hacer o no se va a hacer la carne asada de los libros CLS 2020?
    Porque habiendo ganado 8 veces el concurso y habiendo tantas lagunas o fallas como los señalas, nada ha quitado a Hugo Medina de seguir concursando cada año y ganando el CLS, quedando claro para los que saben que la carrera editorial de este escritor laureado y multitalentoso está sustentada en tal concurso y su editorial de cabecera es el ISC. Y ahora el IMCA.

    Matar, de Carlos Sanchez ganó hace 11 años el género de Crónica. A los pocos años se editó por parte de Nitro Press a una escala mayor. Ahora, desde el año 2020 Matar circula a nivel Latinoamérica editado por Proceso Editorial.

    En el mar de tu nombre, obra ganadora del CLS en 2012, del mismo Carlos Sánchez, circula ahora en Ghandi y en Porrúa y a nivel nacional a través de la firma Nitro/Press.
    No sé si Carlos Sánchez haya tenido alguna vez alguna traba por parte del ISC para hacer crecer su obra y su carrera. No me consta ni lo uno ni lo otro.

    Nueva Narrativa Caborquense es una obra compilada por un servidor. Se editó a fines de 2018 por parte del ISC con el pequeño tiraje de 300 ejemplares. Ya se agotó. Estoy seguro que sería viable volverlo a editar por medio de cualquier instancia. Pero dependerá de los que conforman esa antología y no del ISC. Trotamundos, mi último libro publicado, también fue editado por el ISC, a fines del año 2020, con trescientos ejemplares, lo cual no queda cabalmente explicado pero esas son decisiones unilaterales y no del todo explicable. Pero no va a ser seguramente el ISC el encargado de que esa edición se agote. Voy a ser yo, el autor, el encargado de seguir promoviendo ese libro por buen mío primero y por bien del ISC después. Como lo hace Carlos Sánchez y como lo hacen algunos otros, estoy bien seguro.

    En noviembre de 2020 se lanzaron tres obras: Sangre de ultramar, de Gabriel Osuna, Deamaturgia breve, de un connotado autor del género, perdón por no recordar su nombre; y Trotamundos, escrito por un servidor. La responsable de la edición a mi entender, era Diana Acosta, por lo menos ella fue el enlace, y en cuanto al lanzamiento de las obras, fue en el Otoño Literario, vía virtual, en condiciones de pandemia. La celeridad de la edición y también su calidad me sorprendieron positivamente. Incluso yo fui el que fallé al no revisar la ortografía final de mi obra debido a cuestiones de trabajo pues estaba colaborando en la organización de la 2da Feria del Libro de Caborca… pero yo creí que se iban a mantener en esa misma mística y tónica de trabajo y me parecía una buena noticia el ritmo que le estaban imprimiendo en esa coordinación del ISC. No sé qué pasó. Si se vaciaron las arcas del ISC. Si faltó capacidad o liderazgo o presión de parte de los mismos autores en conjunto. Pero es un problema grave para los escritores. Y esta carta publicada por Hugo Medina es lo mejor del mundo en este caso.

    Yo gané la convocatoria de la Colección Editorial del Centro Cultural Tijuana en el género de cuento en 2015. La obra se publicó en noviembre de 2016. Fue lanzada en el Festival de Literatura del Norte (Felino 2016) y la presenté nuevamente el Feria del Libro de Tijuana 2017 el siguiente mayo. Me quedé esperando por tres años que me invitaran a la FELIH a presentarlo. Así las cosas. El contrato con CECUT decía que Tijuaneados, el libro de marras, y sus derechos, pertenecían a la institución convocante por 5 años, es decir hasta el 2021. Que CECUT tenía derecho a reimprimirlo hasta cuatro veces más. Imprimieron 500 ejemplares y el 10% para el autor. En 2019 quedaban 40 ejemplares y hoy día deben quedar algunos cuantos. En 2019 envié una carta a la dirección del CECUT solicitando una reedición de mi obra dado los buenos resultados de la primera. No lo hicieron. Nunca han hecho una reimpresión de ninguna obra de la Colección Editorial de Centro Cultural Tijuana, por buena o exitosa que sea. Ni modos. Pero la obra ha vuelto a ser mía de acuerdo al contrato.
    Creo que de esa forma se deberían firmar los contratos de publicación con el ISC.

    Estaría muy bien que Hugo Medina nos ilustrara si alguna vez el ISC lo ha obstaculizado de reeditar sus obras con otra firma editorial, sobre todo los ensayos que son excelentes y los de poesía que lo son también… porque a Cool Katana todavía no le toca, porque no la han llevado a ningún lado ni aun cuando la invitamos a la feria del libro de Caborca en 2021. Pero a Necropulsiones sí le toca, creo. Ya podría andar circulando a nivel nacional.

    Que se resuelva a favor de los escritores. Es el deseo de todos.

    1. Mi estimado Luis, excelente análisis que realizas, el que sabe sabe, sin duda. Por ello, siempre es importante que las instituciones de cultura se acerquen a los artistas, a quienes conocemos por experiencia propia, y por años, estos asuntos. Hay temas que desconocía, como por ejemplo el atraso en la publicación de la obra del buen Jacobo, aunque han de haber más casos; obviamente, al escribir la presente reflexión, quise apegarme a mi experiencia sin citar otras testimoniales, debido a que las condiciones de contratos de edición y procesos editoriales no son del ámbito público, sin embargo, cabría muy bien investigar cuáles obras padecieron estos terribles atrasos en sus publicaciones (y cuáles ya no tienen derechos vigentes con el ISC), por ello se deberían elaborar verdaderos contratos de edición apegados a la Ley Federal del Derecho de Autor, y en favor del autor o autora, con cláusulas especiales para que se puedan editar en otros lares (siempre y cuando ello conlleve una mejora para el autor); el problema lo encuentra uno cuando es la casa editorial la que ve un obstáculo en la posible publicación de una obra cuando existe vigente un contrato de edición (o peor aún, que exista pero sin las formalidades de ley), prefieren dejar pasar la oportunidad antes que meterse en un lío legal, porque no tienen tiempo ni dinero para gastar en un proceso legal, así que es preferible para ellos optar por una obra «virgen». Igualmente, se deben considerar los aspectos que acertadamente señalas, como cuidar las dimensiones del formato y de la letra; la Ley de Autor señala incluso que se debe especificar el número de libros con los que contará el primer tiraje para evitar con ello “reducciones” de última hora. La idea es terminar con prácticas mercenarias que dejan en desventaja a los escritores, como esos tiempos de derechos de autor que son por cinco años, cuando se agote la edición o cuando se reimprima, etc. Es claro que muchos artistas han padecido múltiples abusos por parte de las instituciones culturales, las cuales deberían, al contrario, velar por los derechos consagrados en las leyes correspondientes y dejarse de lado esas prácticas capitalistas dirigidas a explotar la obra o simplemente dejar sin esos derechos a los autores por varios años, se publiquen o no sus libros.
      En cuanto al recurso destinado a la publicación de las seis obras ganadoras del CLS, me pregunto lo mismo y solo nos queda ficcionalizar el asunto, puesto que en un mundo ideal, y teniendo presente que se trata de un concurso que se ha llevado a cabo de manera ininterrumpida por décadas, me parecería absurdo que a estas alturas no viniera etiquetado el dinero; así también, cabe recordar que la actual directora del ISC estuvo al frente del proceso de entrega-recepción de esta institución, por lo que debió enterarse de primera mano de lo que ocurría con la partida destinada a la publicación de las obras ganadoras del CLS y si hubo algún tipo de desfalco actuar en consecuencia, pero a estas alturas no sabemos en qué paró este recuso (igual suerte corrió el dinero, sesenta mil pesos, más el costo de la edición, de la obra del género de Poesía cuando se declaró desierto este rubro en el año 2019, esperemos que algún día nos digan qué ocurrió). Contraloría debería realizar una revisión a conciencia de lo que ha ocurrido en este último sexenio ahí en el ISC y fincar responsabilidades (es mucho pedir, pero bueno).
      Aún estamos a la espera de que el ISC nos proponga su compromiso de editar las obras del CLS 2020 con fechas precisas, de lo contrario, estamos facultados para dar por terminado el contrato de edición y realizar la publicación con quienes nosotros estimemos conveniente, lo cual sería algo sin precedentes en la historia de este concurso. Por lo pronto, estamos a la espera. (Gracias por tus comentarios, yo diría que el 90% de mi obra ha sido editada por el ISC, siempre he dicho que ha sido mi casa editorial, sin duda sus ediciones tienen una mística que perdurará muy bien a través de los años).
      También es urgente que el ISC busque siempre trabajar en coedición, está comprobadísimo que ello permite una proyección nacional y continental (bien merecida, y la cual documentas de forma exacta) para los talentos que tiene Sonora, y que son muchos, tanto veteranos como jóvenes que ya deberían estar publicando en otros lares, pero falta interés y voluntad por parte del ISC para no solo publicar a los ganadores del CLS, sino en verdad crear un instituto editorial del escritor sonorense, dedicado a la difusión nacional de sus artistas literarios, poniendo énfasis en los más jóvenes. El caso del CECUT es ilustrativo de lo que te comento, a pesar de los buenos resultados, prefirieron no reimprimir tu obra y privarte a ti de un mayor crecimiento artístico, cuando la coedición te hubiera resuelto media docena, por lo menos, de obstáculos. Sin embargo, también es cierto que a veces no es tan ideal, por ejemplo, mi libro «Adamantium», editada con Bonobos, llegó a estar a 250 pesos (hoy en de 180) en El Sótano, lo cual representa también un obstáculo para que llegue a más gente.
      En cuanto a «Cool katana», corrió con la desgracia de aparecer al inicio de la pandemia y se congeló bastante tiempo, quizá porque el nekomata extendió su maleficio al mundo real. Pretendo retomar sus presentaciones este año. Hablé con una editorial interesada en su publicación fuera del país, pero la vigencia de los derechos lo hicieron imposible, sin embargo, a descargo del ISC, aquí yo no moví nada porque yo firmé el acuerdo cuando ingresé al concurso y los tiempos de edición se cumplieron dentro de los tiempos previstos, por lo que lo de caballeros era simplemente respetar lo estipulado; ello me ha dado tiempo de escribir un par de novelas más que continúan «Cool katana», y que tengo previsto llevar a esa editorial y, por qué no, a Japón.
      Finalmente, agradezco tus amables palabras y que me hayas compartido tu gran conocimiento sobre el tema, ojalá pronto se nos haga saludarnos en persona. Un abrazo.

  2. Mi estimado Luis, excelente análisis que realizas, el que sabe sabe, sin duda. Por ello, siempre es importante que las instituciones de cultura se acerquen a los artistas, a quienes conocemos por experiencia propia, y por años, estos asuntos. Hay temas que desconocía, como por ejemplo el atraso en la publicación de la obra del buen Jacobo, aunque han de haber más casos; obviamente, al escribir la presente reflexión, quise apegarme a mi experiencia sin citar otras testimoniales, debido a que las condiciones de contratos de edición y procesos editoriales no son del ámbito público, sin embargo, cabría muy bien investigar cuáles obras padecieron estos terribles atrasos en sus publicaciones (y cuáles ya no tienen derechos vigentes con el ISC), por ello se deberían elaborar verdaderos contratos de edición apegados a la Ley Federal del Derecho de Autor, y en favor del autor o autora, con cláusulas especiales para que se puedan editar en otros lares (siempre y cuando ello conlleve una mejora para el autor); el problema lo encuentra uno cuando es la casa editorial la que ve un obstáculo en la posible publicación de una obra cuando existe vigente un contrato de edición (o peor aún, que exista pero sin las formalidades de ley), prefieren dejar pasar la oportunidad antes que meterse en un lío legal, porque no tienen tiempo ni dinero para gastar en un proceso legal, así que es preferible para ellos optar por una obra «virgen». Igualmente, se deben considerar los aspectos que acertadamente señalas, como cuidar las dimensiones del formato y de la letra; la Ley de Autor señala incluso que se debe especificar el número de libros con los que contará el primer tiraje para evitar con ello “reducciones” de última hora. La idea es terminar con prácticas mercenarias que dejan en desventaja a los escritores, como esos tiempos de derechos de autor que son por cinco años, cuando se agote la edición o cuando se reimprima, etc. Es claro que muchos artistas han padecido múltiples abusos por parte de las instituciones culturales, las cuales deberían, al contrario, velar por los derechos consagrados en las leyes correspondientes y dejarse de lado esas prácticas capitalistas dirigidas a explotar la obra o simplemente dejar sin esos derechos a los autores por varios años, se publiquen o no sus libros.
    En cuanto al recurso destinado a la publicación de las seis obras ganadoras del CLS, me pregunto lo mismo y solo nos queda ficcionalizar el asunto, puesto que en un mundo ideal, y teniendo presente que se trata de un concurso que se ha llevado a cabo de manera ininterrumpida por décadas, me parecería absurdo que a estas alturas no viniera etiquetado el dinero; así también, cabe recordar que la actual directora del ISC estuvo al frente del proceso de entrega-recepción de esta institución, por lo que debió enterarse de primera mano de lo que ocurría con la partida destinada a la publicación de las obras ganadoras del CLS y si hubo algún tipo de desfalco actuar en consecuencia, pero a estas alturas no sabemos en qué paró este recuso (igual suerte corrió el dinero, sesenta mil pesos, más el costo de la edición, de la obra del género de Poesía cuando se declaró desierto este rubro en el año 2019, esperemos que algún día nos digan qué ocurrió). Contraloría debería realizar una revisión a conciencia de lo que ha ocurrido en este último sexenio ahí en el ISC y fincar responsabilidades (es mucho pedir, pero bueno).
    Aún estamos a la espera de que el ISC nos proponga su compromiso de editar las obras del CLS 2020 con fechas precisas, de lo contrario, estamos facultados para dar por terminado el contrato de edición y realizar la publicación con quienes nosotros estimemos conveniente, lo cual sería algo sin precedentes en la historia de este concurso. Por lo pronto, estamos a la espera. (Gracias por tus comentarios, yo diría que el 90% de mi obra ha sido editada por el ISC, siempre he dicho que ha sido mi casa editorial, sin duda sus ediciones tienen una mística que perdurará muy bien a través de los años).
    También es urgente que el ISC busque siempre trabajar en coedición, está comprobadísimo que ello permite una proyección nacional y continental (bien merecida, y la cual documentas de forma exacta) para los talentos que tiene Sonora, y que son muchos, tanto veteranos como jóvenes que ya deberían estar publicando en otros lares, pero falta interés y voluntad por parte del ISC para no solo publicar a los ganadores del CLS, sino en verdad crear un instituto editorial del escritor sonorense, dedicado a la difusión nacional de sus artistas literarios, poniendo énfasis en los más jóvenes. El caso del CECUT es ilustrativo de lo que te comento, a pesar de los buenos resultados, prefirieron no reimprimir tu obra y privarte a ti de un mayor crecimiento artístico, cuando la coedición te hubiera resuelto media docena, por lo menos, de obstáculos. Sin embargo, también es cierto que a veces no es tan ideal, por ejemplo, mi libro «Adamantium», editada con Bonobos, llegó a estar a 250 pesos (hoy en de 180) en El Sótano, lo cual representa también un obstáculo para que llegue a más gente.
    En cuanto a «Cool katana», corrió con la desgracia de aparecer al inicio de la pandemia y se congeló bastante tiempo, quizá porque el nekomata extendió su maleficio al mundo real. Pretendo retomar sus presentaciones este año. Hablé con una editorial interesada en su publicación fuera del país, pero la vigencia de los derechos lo hicieron imposible, sin embargo, a descargo del ISC, aquí yo no moví nada porque yo firmé el acuerdo cuando ingresé al concurso y los tiempos de edición se cumplieron dentro de los tiempos previstos, por lo que lo de caballeros era simplemente respetar lo estipulado; ello me ha dado tiempo de escribir un par de novelas más que continúan «Cool katana», y que tengo previsto llevar a esa editorial y, por qué no, a Japón.
    Finalmente, agradezco tus amables palabras y que me hayas compartido tu gran conocimiento sobre el tema, ojalá pronto se nos haga saludarnos en persona. Un abrazo.

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