Hace tiempo que una historia no me conmovía hasta las lágrimas ni removía en mí tantas emociones, como Lengua dormida, de Franco Félix, la novela acerca de su madre.

Sometimes I feel like a motherless child, a long way from home…

Traditional Spiritual 

He pasado las últimas semanas releyendo algunas de sus páginas para ver si logro entender qué es lo que provoca no sólo mi afinidad con la historia, sino con los personajes, y he llegado a la conclusión de que los motivos de mi simpatía son muchos. Soy madre y tengo un hijo y la novela me hizo preguntarme si sería posible que mi hijo sintiera un amor así por mí y si escribiría sobre mí algo parecido. Pero cada madre y cada hijo somos distintos y también lo son nuestras historias.

La novela es la historia de la vida de Anita, madre del autor, recientemente fallecida y a quien éste amó profundamente. Narra no sólo los últimos tres años de vida a su lado, durante los cuales ella, Ana María, entraba y salía del hospital por complicaciones después de un accidente. Su hijo pasa largas horas a su lado mientras ella, llena de tubos, permanece postrada. Durante ese tiempo, comienza a escribir su historia, la que él conoce de primera mano, y la otra, pues su madre tuvo una vida anterior a la de su familia actual, pero esa vida ha sido un misterio y está llena de secretos que muy probablemente se lleve con ella a la tumba.

Me hizo pensar en mi madre anciana y en su salud que, al igual que la de Anita (que así la llama cariñosamente su hijo), ha ido menguando y su cuerpo maltrecho se ha ido debilitando al punto de que ahora camina con dificultad y, además, está perdiendo la vista. La sola noción de que su fin se aproxima me llena de angustia y de miedo. Siento un apego muy grande hacia mi madre y, al igual que Franco, la he visto resurgir de entre las cenizas después de superar pérdidas dolorosas, como la muerte de su hermanita menor cuando ella apenas tenía 7 años, su divorcio de mi padre, el abandono de su casa, de su lugar de nacimiento y de toda su vida anterior, para comenzar una totalmente nueva muy lejos, con sus tres hijos menores, una serie de intervenciones quirúrgicas y de enfermedades a las que ha hecho frente con valentía y fortaleza, y, lo más terrible, la muerte de mi hermana menor con tan sólo 12 años.

Franco Félix ve a su madre en cada una de las etapas de su vida junto a ella, y, a través de su mirada y de la reconstrucción de su historia gracias a viejas fotos, recuerdos y anécdotas contadas por familiares, vamos conociendo a la Anita niña, muchacha y mujer. Su historia es la de alguien que sufrió mucho desde la infancia y que cargó con su dolor a cuestas y con su hija para huir de una vida llena de vejación y abusos. Se fue muy lejos y rehízo su vida en un lugar desértico e inhóspito (Hermosillo) pero que le devolvió la ilusión de amar y de construir una nueva familia. Y así lo hizo. Y aunque siguió enfrentando a los fantasmas de su pasado, los exorcizó volcándose en sacar adelante a sus hijos y ayudando a su marido en todo lo que pudo. 

La novela es acerca de la orfandad, de la desolación y la desorientación de un hijo sin la brújula de su madre, quien le señalaba las coordenadas por las cuales andar a través de este mundo caótico sin perder el norte. Es también acerca de una familia como cualquier otra, pero con la singularidad que le da el ser narrada por uno de sus miembros, quien recuerda minuciosamente incluso los detalles mínimos de, por ejemplo, una fiesta familiar, una tarde viendo películas en la televisión todos juntos, a su padre y a su madre bailando y bebiendo hasta caerse de ebrios, a las amigas de su madre,  a quien él llama las “clepsidras”, quienes, junto a Anita, formaron una hermandad en el barrio al que todas llegaron casi al mismo tiempo y quienes hacían de nanas para los hijos e hijas de las demás cuando era necesario. 

Los recuerdos se han vuelto más nítidos desde que murió Anita, tal vez porque la memoria se afana en recuperar a la persona amada y en retenerla en este mundo hasta reunirnos con ella en otra parte y para siempre. Anita es vista por su hijo con un amor que jamás cae en la cursilería ni en la idealización. Franco Félix amó a su madre (y la sigue amando) porque no puede hacer otra cosa. Porque su ausencia le causa un dolor inmenso, porque Ana María y todo lo que él conoce de ella, pero también lo que desconoce, representan la ternura, el refugio en la tormenta, la fortaleza, la lucha, la alegría de la casa, el dolor, la indefensión y todas las formas y matices que el amor materno puede tomar, incluso si no se dice ni se traduce en caricias. Franco sabe que su madre lo amó y a su padre y a su hermano, aunque jamás se los haya dicho y, más bien, les haya mentado la madre varias veces.

Lengua dormida es una hermosa canción de amor que un hijo huérfano canta a su madre muerta. Es la conversación que Franco sigue sosteniendo con su madre niña, con su madre joven y con su madre vieja. Es el testimonio de una vida narrada desde el desamparo, desde la tristeza y la añoranza no sólo por la ausencia de Ana María, sino porque su hijo querría haber podido compensar todo su dolor y su sufrimiento, hubiese querido llevarla a Australia, país que Anita siempre soñó con visitar y hubiera tal vez querido decirle cuánto la quería, cuánto hubiera deseado contarle el sueño en el cual ambos, él y Anita, atraviesan juntos el portal cósmico y se echan sobre una cama de estrellas a ver la absurda película del tiempo. Pero ya no será posible, al menos en este plano. Sin embargo, al contar su historia, honra su memoria a través de las palabras, pues, como pregunta el mismo Franco, “¿Qué somos sin lenguaje sino personas anuladas en la historia? ¿Qué somos si la lengua se duerme permanentemente?”.

Por Teresa Padrón Benavides

Hermosillo, Sonora, enero de 2023

En portada, Franco Félix presenta Lengua dormida en Biblioteca Rafael V. Meneses de Hermosillo el 19 de diciembre de 2022. Fotografía de Instituto Municipal de Cultura y Arte de Hermosillo.

En interiores, presentación de Lengua dormida en Librería Gandhi de Hermosillo (ahí pueden comprar el libro) el 20 de enero de 2023. Fotografías de Benjamín Alonso Rascón para CRÓNICA SONORA.

Sobre el autor

Originaria de Mexicali, avecindada en el DF, con casa en Hermosillo. Estudió las licenciaturas en Traducción en la UABC y en Letras Inglesas en la UNAM.

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