Descentralizar sí, pero hasta dónde


Abrimos semana estrenando colaboradora 🙂


De entre el cúmulo de propuestas lanzadas por Andrés Manuel López Obrador y su equipo de gobierno, ha llamado poderosamente la atención de analistas, twitteros y demás criaturas que pululan en las redes sociales, el proyecto de descentralización de las dependencias del gobierno federal. Se trata de un megaproyecto que pretende movilizar desde la Ciudad de México miles de empleados de 30 dependencias hacia un número igual de ciudades por todo el país. Un plan de estas dimensiones en sí mismo es polémico y aunque no es nuevo hablar de redistribuir la inversión pública y por ende reubicar a la población, el programa del presidente electo ha sido objeto de mucha más discusión que las propuestas descentralizadoras expuestas por otros presidentes, como fue el caso de Miguel de la Madrid Hurtado en la lejana década de los ochenta.

La polémica puede explicarse en dos factores muy claros. En primer lugar, reconocemos que al tratarse de un programa emanado de un gobierno de corte “izquierdista”, no solo esta, sino cualquier iniciativa que presente el equipo entrante será revisada con lupa por la sociedad. La tortilla ha dado la vuelta y la otrora oposición más crítica del país se encuentra en el centro de su propio huracán y deberá aguantarlo con sus vientos, rayos y centellas. Para eso están las redes sociales, el otro gran componente de la discutida etapa que inauguramos en México. Benditas redes que no dejan títere con bonete y son tan democráticas que nos permiten a todos opinar desde el sentido común, desde la comodidad de nuestra casa. Rico seguirle el hilo al acalorado diálogo que el tema provoca entre los asiduos al debate en la comunidad virtual: que si van obligar a la gente a moverse; que no les alcanzará el salario; que si se aprovechará para disminuir a la burocracia. Y luego entran los pesimistas quienes sostienen que, al igual que con Donald Trump, se va a separar a las familias… y no podían faltar algunos despistados, quienes en su alegato refutan que no es justo, que de aquí en adelante vamos a andar en cinco ciudades diferentes realizando cinco trámites distintos. Como si en la vida real los ciudadanos hiciéramos trámites cada dos meses y cada uno en dependencias distintas. Alegan como si no hubiese llegado la realidad virtual, esa que hace posible el intercambio de información en tiempo real y que sin duda es uno de los paradigmas en los que se apoya el controvertido proyecto.

Llegados a este punto, el del aterrizaje de las ideas, conviene reparar en la experiencia del Inegi que, como usted ha de saber, constituye el único ejercicio de descentralización concretado al día de hoy. Partamos de que un proceso de este tipo irradia su impacto en muy distintas direcciones y por lo mismo debe basarse en serios análisis del costo/beneficio para todos las partes involucradas. Simplificando, veamos primero las cosas desde la visión de los trabajadores. En aquel momento, el Inegi levantó una encuesta entre sus más de 4,000 empleados, de los cuales más o menos 3,000 aceptaron trasladarse a la ciudad de Aguascalientes; de estos, el 20%  no logró adaptarse mientras que el resto se quedó con todo y sus familias a radicar e iniciar su particular integración a la sociedad hidrocálida.

Ubicándonos en otra esquina, pensemos en las implicaciones que representó para el estado de Aguascalientes el hecho de ofertarse como la sede ideal del mencionado instituto. Por principio, el gobierno debió donar 75 mil metros cuadrados para la construcción del edifico central, así como 37 hectáreas en las que se levantaron las viviendas y la infraestructura necesaria para la integración de los nuevos pobladores que en este caso y en número redondos se calcularon en 15,000. En palabras de Eduardo Sojo, ex presidente del Inegi, fue un proceso bien planeado, que duró cuatro años y se se trabajó de la mano con el gobierno receptor y concluye que a la distancia el saldo es positivo tanto para el Inegi y su personal como para la ciudad de Aguascalientes. Sin duda una buena noticia para los partidarios de la amlodescentralización, no obstante hay ciertos aspectos de la experiencia que deben revisarse por lo menos para echar más leña al asador.

Detengámonos en la aceptación y disposición que mostró el gobierno hidrocálido y preguntémonos: ¿Qué dicen los gobiernos estatales sobre este programa de redistribución? ¿Cómo se seleccionaron las ciudades? O más importante aún, ¿cuáles serán los efectos para los habitantes de las ciudades elegidas? Desde un ángulo territorial, recordemos que en el caso del Inegi se ponderó que para lograr una descentralización real, la ciudad receptora debería localizarse a una distancia de entre 300 y 800 kilómetros del Distrito Federal. Estamos en otros tiempos, se dirá por ahí, y el país se empequeñeció merced los avances en las llamadas “Ntics” (Nuevas Tecnologías de la Información y de la Comunicación). Cierto. Sin embargo, resulta prioritario contemplar el costo social que tendrá para los trabajadores el mudarse hacia zonas tan alejadas del lugar de origen, pues no es lo mismo trasladarse a las ciudades de Durango, Oaxaca, Torreón o Querétaro, que se localizan a una distancia promedio de 555 kilómetros de la CDMX, que emprender la marcha hasta Ciudad Obregón, Mérida, Mexicali o Chihuahua, cuya distancia desde la capital del país promedia los 1,400 kilómetros. ¿Cada cuánto se podrá viajar para visitar el terruño? Desde un punto más positivo puede argumentarse que a mayor demanda disminuirá el costo de viajar desde y hacia estos destinos.

En términos más solidarios, dígame usted, mi tercer lector, ¿qué beneficio puede haber para los trabajadores del SAT si los trasladan a Mexicali? ¿Qué pecado cometieron, más allá de corretearnos con la guadaña tributaria, para que los manden al infierno? Si la idea es favorecer a todas y cada una de las entidades, ¿por qué no pensar en establecer el SAT en Ensenada o por lo menos en la coqueta Tijuana? Mexicali, al igual que otras ciudades del país, debe mitigar su crecimiento poblacional y buscar el mejoramiento de las condiciones de vida de sus habitantes, que desde ahora enfrentan graves problemas en el abastecimiento de agua y una gran contaminación por polvo derivada de las condiciones del suelo. Dicho de otra forma, a la ciudad fronteriza le urge consolidar el crecimiento cualitativo de su población. Trasladar personas no es un asunto menor y debe pensarse en todo. En todo.

Por último, y siguiendo con el argumento, cabe cuestionarse también si es absolutamente necesario que todas las entidades alberguen una dependencia para detonar el desarrollo regional por todo el país. ¿No podría pensarse en un esquema de descentralización en un rango de distancia más corto respecto a la CDMX, un esquema que al  mismo tiempo garantice que aquellas entidades que no fuesen elegidas para albergar una secretaría no se queden al margen de la anunciada redistribución de la inversión? En otras palabras, la descentralización geográfica de la función pública es una forma más de reasignación del presupuesto federal, no la única. De donde podemos cuestionar, ¿qué necesita más Sonora, las oficinas de la Secretaria de Agricultura o una real reactivación del campo y el impulso de otras actividades económicas? Tal vez deberíamos de centrarnos en exigir que se concluya con la eterna modernización de la carretera cuatro carriles y que avancemos en la interconexión de todo el territorio con vías de comunicación mínimo al nivel de nuestros vecinos. O siendo más ambiciosos, podríamos proponer que se asigne un gran, gran presupuesto y cristalizar el proyecto de producir energía para el país; obviamente, nos referimos a explotar en su máxima capacidad al astro rey que tan generosamente se derrama sobre Sonora. Si hace décadas fuimos el granero del país, quizá podríamos convertirnos en el gran panel solar de México.

Por Ana Lucía Castro

En portada, la fotografía de Benjamín Alonso muestra la condición de desastre en la que se encontraba -al menos hasta julio de este año- la entrada norte de Ciudad Obregón, paisaje que mereció un tuitazo de Erika Tamaura, conocida periodista de la localidad: “Qué penita con los de SAGARPA que ahí vienen, eh”.



Acerca de

Cajemense. Demógrafa. Profesora investigadora de El Colegio de Sonora. Contacto: lcastro@colson.edu.mx


'Descentralizar sí, pero hasta dónde' tiene 10 comentarios

  1. septiembre 3, 2018 @ 8:38 am Enrique Ramos

    Excelente artículo, te escribe tu tercer lector, con humor y profundidad haces propuestas muy interresantes, orioginales, como la del panle solar de México, que deben considerarse…

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    • septiembre 4, 2018 @ 10:09 am Ana Lucía Castro

      Heit, no sabía que tu eras mi tercer lector… Gracias por tus comentarios y si me gusta la idea de que seamos el panel solar de México. La discusión apenas empieza, hay que entrarle; en realidad, tu tienes buenísimas ideas.

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  2. septiembre 3, 2018 @ 2:46 pm Antonio Gastelum

    Sonora es el Segundo estado más extenso del país, más que carreteras y vías de comunicación, es más importante detonar la producción agropecuaria, donde sabemos que en cárnicos somos lo mejor, nos falta el impulso para que el productor pequeño obtenga los frutos del Olimpo, que actualmente solo los acaparadores obtienen por la enorme burocracia y corrupción. Quienes quieran conservar su posición de burócrata, deberán adaptarse a las nuevas regiones y convertirse en agentes de cambio para la mejora de las nuevas comunidades. Se acabó las trincheras burocráticas donde nomas daban largas a los procesos y ni siquiera daban la cara para resolver asuntos que son de su competencia y entera responsabilidad.

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    • septiembre 4, 2018 @ 10:21 am Ana Lucía Castro

      Antonio, muchas gracias. Por tu comentario sé que valió la pena publicar estas ideas, que son solo ideas. Quisiera aclararte que cuando decimos que deberemos de pensar en la posibilidad del no traslado de la secretaría, de ninguna manera significa quedarnos fuera de la reinversión pública. Tan solo hablo de que me parece prioritario el verdadero impulso de las actividades agropecuarias que gastar en la instalación de las oficinas. Que dicho sea de paso, en el Plan se refieren a la secretaría de agricultura porque la de ganadería se propone trasladarla al estado de Jalisco. Encantada de continuar con este intercambio.

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  3. septiembre 6, 2018 @ 9:03 am NICOLAS PINEDA PABLOS

    Interesantes reflexiones, Lucía. Sigue escribiendo de la manera tan amena que te caracteriza. Saludos

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    • septiembre 7, 2018 @ 11:37 am Ana Lucía Castro

      Hola Nico, mi otro tercer lector. Gracias, como siempre por tus porras a seguir lanzando letras y números por los aires. Pero dime, nos conviene o no la Secretaría de Agricultura en Ciudad Obregón?

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  4. septiembre 7, 2018 @ 11:41 am Silvia E. Ibarra O.

    Hola Lucía:
    Primera ocasión en que leo una producción tuya, la cual me ha parecido muy interesante y me invita a continuar en esa ruta. Ha llamado mi atención las líneas de análisis de la propuesta de descentralización que planteas, tema en el que sin lugar a dudas hay que profundizar. Por lo pronto ya me diste elementos para hacerlo.
    Un saludo.
    Silvia E. Ibarra O.

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    • septiembre 10, 2018 @ 10:58 am Ana Lucía Castro

      Estimada, gracias por los comentarios, por decir que sirvieron para tener mayores elementos. Ya iniciamos el intercambio sobre, encantada de continuarlo sobre este y otros temas que sin duda nos inquietan merced la entrada del nuevo gobierno. Un abrazo y saludos en casa.

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  5. septiembre 14, 2018 @ 4:22 pm Vladimir Ruiz-Aguirre

    Permítame abonar a su amplio análisis respecto de la descentralización de dependencias federales, otra perspectiva, situado en la esquina “de abajo”, la de la política. Estamos ante un escenario de desprestigio del ejercicio del poder, y lo confirma el amplio triunfo de quien realiza la propuesta. Históricamente la conducción política-administrativa del gobierno federal se concentró en la figura del presidente y los Secretarios de Estado, por lo que quizás la propuesta “Obradorista”, también, sea la de romper la red institucional corporativa, con clientelas definidas, por otra que genere equilibrio y gobernabilidad, y con ello el establecimiento de eso que han llamado un “gobierno de proximidad”. Ese puede ser uno de los mensaje que se pretenda enviar, el de un gobierno federal cercano a la gente, en oposición al presidencialismo.
    De pronto se me ocurre eso, pero bueno, la fuente de mis ocurrencias se lo debo a usted y su interés por la agenda de nuestro país. Gracias Doctora por el aporte, un abrazo grande!

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    • septiembre 17, 2018 @ 12:45 pm Ana Lucía Castro

      Hola Vladimir, me es grato poder intercambiar contigo puntos de vista. En realidad la idea de la descentralización me parece por demás atractiva, urge desconcentrar la política, las decisiones, los recursos en todos los sentidos y por supuesto los problemas. Sigo pensando al respecto y me parece que deberíamos de impulsar un ejercicio similar a nivel estatal también… Podría estar la SEC en otra ciudad o la Secretaría de Salud en Navojoa por ejemplo; me parece que es hora de empezar a imaginar. Insistiré en que antes de llevar a cabo el plan, deberá de pensarse en todos los asegunes. Seguimos y gracias de nuevo

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