Este artículo se publicó originalmente en el número tres de nuestra versión impresa


Sugestiva propuesta la del joven Grijalva

Lea por qué


Hermosillo, Sonora.-

Pocos lo saben y, tristemente, nuestras Ciudades Sin Memoria no lo transmiten, pero cuando recorremos Paseo de las Quintas o pasamos por el bulevar Luis Donaldo Colosio, al oeste del Solidaridad, aquí en Hermosillo, estamos pisando suelo que en un tiempo era sólo para personas de origen chino.

Se ha investigado y se ha escrito mucho sobre la historia de la comunidad china en Sonora. Aquel vergonzoso episodio incluso ha penetrado en la tradición oral y se ha transmitido de generación en generación, lo que ha propiciado un conocimiento general de lo que ocurrió, historias exageradas, mitos y leyendas. Como es por muchos sabido, en la década de 1930 el gobierno sonorense decretó expulsar a la comunidad china, culminando así dos décadas de persecución, discriminación y estigmatización en contra de este grupo migrante, la mayoría originarios de Cantón.

Los historiadores han identificado dos etapas de la denominada “campaña anti china”. La primera ocurrió en la década de 1910, durante los años más violentos de la revolución. Esta fase está caracterizada por el ataque de la población civil hacia la comunidad china, con el relativo consentimiento del gobierno, para entonces encabezado por Plutarco Elías Calles, quien no defendió a la comunidad asiática, por ende, de cierta forma aprobó los ataques. La segunda etapa vino en la década de 1920 y finalizó con el decreto de expulsión, emitido por el gobernador Rodolfo Elías Calles, hijo de Plutarco, en 1932. En este periodo el ataque provino desde el Estado, con el apoyo del resto de la sociedad. Durante estos años, el gobierno emitió una serie de leyes que limitaba, vulneraba y privaba de derechos a las personas de origen chino. Entre muchas otras cosas, se les prohibió comerciar ciertos productos, tener libertad de contrato laboral e incluso contraer matrimonio con ciudadanas sonorenses.

Sin ánimos de defender las acciones de los sonorenses de la época, cabe apuntar que la campaña anti china fue de magnitud nacional. En todo el país se presentaron manifestaciones de animadversión contra la población asiática. Los revolucionarios sonorenses no fueron los únicos anti chinos, entre muchos otros, el destacado liberal Ricardo Flores Magón manifestó opiniones racistas contra la población de aquel país, y ni qué decir de la masacre de Torreón, donde fuerzas maderistas aniquilaron a cientos de chinos.

Volviendo a nuestro estado, hubo una ley anti china de particular interés para la historia de nuestras Ciudades Sin Memoria. El octavo día del año de 1923, se promulgó la ley que obligó a las personas chinas a construir barios exclusivos para personas de su misma procedencia étnica y nacional. Por supuesto, los barrios chinos siempre quedaron alejados de las zonas comerciales y del resto de la población. Fue una segregación a través de guetos, una política pública idéntica a la que desplegaron los nazis con la población judía en Europa. Por obvias razones, los “barrios” chinos más grandes en Sonora, se crearon en las poblaciones con mayor población china, como Hermosillo y Cananea (al respecto, el libro Cananea Roja, de Alfonso Torúa Cienfuegos dedica un capítulo a este tema).

Para el caso de nuestra capital, el “barrio chino” (o mejor dicho el gueto chino), se instaló en los terrenos de la antigua hacienda Las Quintas, presuntamente la zona donde hoy se encuentra la colonia del mismo nombre. Cuando la población china fue expulsada en 1932, muchas de las familias que ocuparon sus hogares llegaron a escarbar en los patios, pensando que las familias chinas habían enterrado sus riquezas para guardarlas, evitar que la población sonorense se las quitara y tener un colchón de ahorro para cuando volvieran. Tristemente, la mayoría nunca regresó.

Ciudadanos detenidos, por diversas faltas, durante la campaña antichina en Sonora.

Fuente: Fototeca del Archivo General del Estado de Sonora

¿Un Barrio Chino en Sonora? La propuesta de crear un Barrio Chino en Hermosillo o Cananea, no consiste en congregar y excluir a la población china, como se hizo en la década de 1920, sino tomar una avenida, volverla peatonal, adornarla con pagodas y monumentos chinos, designarla como corredor exclusivo para comercios chinos y usarla como espacio para eventos que den a conocer la cultura e historia de aquella nación. En palabras más sencillas, asemejar los barrios chinos de ciudades como San Francisco o la CDMX. En primera instancia la propuesta puede sonar exagerada, precisamente, porque en Sonora no tenemos ciudades tan grandes como las mencionadas, ni comunidades chinas tan numerosas. Sin embargo, definitivamente es necesaria y factible, por varias razones.

Primero, en Sonora hay una comunidad china. En Hermosillo, Obregón, Navojoa, Cananea, Guaymas o Nogales, encontramos familias de origen chino, ya sean migrantes o sus descendientes. Crear un Barrio Chino será reconocerles su lugar en nuestra comunidad. Segundo, y ligado a lo anterior, visibilizar a la diversidad (étnica, nacional, religiosa, sexual, en general de cualquier tipo) que hay en Sonora, nos ayudará a construir una mejor sociedad, más tolerante y abierta, pie del que la identidad sonorense ha cojeado mucho por su largo aislamiento geográfico. Tercero, y de principal interés para el tema de este texto, la necesidad -con la que tanto insisto- de transformar nuestras Ciudades Sin Memoria, para que las calles, parques, edificios, monumentos y demás, reflejen y transmitan lo que ha ocurrido, nuestra historia. Por último, la pendiente deuda de la sociedad sonorense por la expulsión de 1932 y el injusto trato que se le dio a las familias chinas y México-chinas en aquellos años.

Aunque de manera lenta, cada vez más se reconstruye la identidad sonorense y reconocemos a nuestro estado como una tierra de diversidad. La comunidad china forma parte de esa diversidad, incluso después de ser expulsada en 1932, pues el episodio quedó plasmado en nuestra historia, en nuestra identidad y merece ser reivindicado. Una forma de hacerlo es crear un Barrio Chino en nuestras Ciudades Sin Memoria.

Texto y fotografía de portada por Miguel Ángel Grijalva

Fachada de Mirikon, emblemático restorán de comida china en Hermosillo

Sobre el autor

Miguel Ángel Grijalva Dávila es un historiador sonorense que ha participado en espacios para la difusión de la historia radio, televisión y publicaciones impresas y digitales. También ha presentado sus investigaciones en congresos y foros en todo México. Búscalo en twitter, instagram o pinterest, como Mirinda_GD. En Facebook: Un Día Como Hoy en Sonora. Y en su página: http://www.undiacomohoyensonora.wordpress.com/

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