¿Trabajar o no trabajar? Becarios Conacyt, precariedad laboral y productividad académica


Ciudad de México-

I

Hace unos días, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) otorgó un amparo a un estudiante de posgrado de la Facultad de Derecho (UNAM) a quien se había retirado el apoyo que otorga el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) bajo el argumento de que se encontraba trabajando y percibiendo un salario. La noticia circuló rápidamente en redes sociales y fue interpretada como la posibilidad clara de que, a partir de ahora, se podrían combinar ambas actividades. Sin embargo, jurídicamente la decisión de la corte no es vinculante, es decir, únicamente el quejoso podrá trabajar y recibir beca. Esto no quiere decir que tal situación -estudiar y trabajar- sea el pan de cada día en la academia mexicana.

Todos los que hemos pasado por un posgrado sabemos que este es un tema escabroso. Más de uno ha tenido que dejar salarios jugosos para estudiar un posgrado en donde recibirá una beca de, si bien le va, el equivalente a una tercera o cuarta parte de lo que ganaba. También es claro que para muchos estudiar un posgrado se convierte en la única salida al desempleo intelectual. En ambos casos queda claro que la remuneración que se recibe dista mucho de ser suficiente. En 2017 el monto de la beca de maestría fue de 10 mil 327 pesos, y el de doctorado fue de 13 mil 769 pesos mensuales. Por lo cual la búsqueda de “chambitas” para nivelar los ingresos se convierte en una operación casi secreta y necesaria. Muchos tenemos una historia al respecto y, muy brevemente, esta es la mía.

II

Muchas personas cercanas saben que mientras estuve en el doctorado daba clases en la UNAM «por intereses curriculares», es decir, sin recibir un centavo. Esta fue una decisión difícil, sin embargo me pareció pertinente ya que todos en la academia saben lo complicado que es encontrar un lugar para impartir cursos en la UNAM, por lo que valía la pena sacrificar un par de días para cumplir con la máxima Casa de Estudios. Esta decisión no implicaba infringir la “dedicación exclusiva”, pero sí pudo convertirse en un pretexto para que me retirarán la beca, sobre todo si mi promedio no alcanzaba el “mínimo requerido” (8.50).

Durante los seis años de doctorado también trabajé en sistemas universitarios a distancia, cobraba por honorarios y, afortunadamente para mí, al momento de firmar el contrato firmaba mi renuncia. Esta precariedad laboral provocaba que prácticamente fuera imposible comprobar que trabajaba. Además llegué a combinar las clases con «encargos editoriales»,  los cuales algunas veces se pagan por honorarios y otras se arreglaban únicamente con una transferencia bancaria, pero su periodicidad puede ser lo suficientemente larga como para no considerarse un “trabajo fijo.”

A la par, veía como algunos compañeros y conocidos hacían lo mismo e intentaban pasar desapercibidos. Más que la “vergüenza económica” privaba el miedo a ser “descubierto” y dado de baja del posgrado. Pero quizá el miedo más grande haya sido perder el principal ingreso y adquirir una deuda con el CONACYT.

III

Luego de que la SCJN afirmó que es «ilegal cancelar una beca CONACYT por trabajar» tengo sentimientos encontrados. Las actividades que realicé me sirvieron para que mi CV no estuviera congelado durante los años de doctorado, y esto ayudó cuando tuve la posibilidad de participar en un concurso de oposición. Tenía publicaciones, y en ese entonces, siete años de experiencia docente en la UNAM, y 8 en sistemas a distancia, a mis 31 años, «había hecho mucho».

El costo fue siempre sentirme apresurado con los trabajos finales del doctorado y, por supuesto, calificaciones que no son para presumir pero que sí eran dignas. Siempre sentí que de no haber hecho todo lo que hacía quizá mis calificaciones hubieran sido mejores y por tanto hubiera destacado más en mi generación. Pero también estoy seguro que si hoy tengo un trabajo estable es por todo lo que hice y la experiencia que gané. Y digo que son sentimientos encontrados porque muchas veces me cuestioné si estaba bien. Siempre me respondía que sí. Sin embargo cuando me preguntan yo siempre recomiendo que de verdad traten de dedicarse exclusivamente a los posgrados, y creo que aún con la resolución en cuestión lo seguiré recomendando: el desgaste físico, mental y emocional provocaba que pasara domingos enteros durmiendo o que no aprovechara cabalmente las clases y las lecturas.

IV

No sé. Quizá el asunto al final es que si el sistema de promoción a la producción académica y las condiciones socioeconómicas no fueran las de esta constante crisis ni siquiera tendríamos que pensar en trabajar y estudiar un posgrado Conacyt al mismo tiempo. El que esto se discuta es evidenciar nuestra falta de estabilidad económica y lo sumamente contradictorios que son los procesos de reclutamiento laboral. No sé.

Texto y fotografía por César Enrique Valdez


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Acerca de

Investigador de la Dirección de Asuntos Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia


'¿Trabajar o no trabajar? Becarios Conacyt, precariedad laboral y productividad académica' tiene 3 comentarios

  1. febrero 14, 2018 @ 12:14 pm Miguel Ángel Fierros.

    Por demás interesante la perspectiva de alguien que lo vivió de primera mano, sólo para hacer una acotación, la Suprema Corte si bien resolvió un amparo sobre el derecho a la educación, no emitió pronunciamiento sobre la validez de los requisitos establecidos por el CONACYT para el acceso a becas, pues reservó esa tarea para un Tribunal Colegiado.

    Se corrió la voz de que se señaló que era «ilegal cancelar una beca» ya que el proyecto eso era lo que pretendía, sin embargo, no fue la decisión final.

    Acá la nota oficial: http://www.internet2.scjn.gob.mx/red2/comunicados/noticia.asp?id=4665

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    • febrero 14, 2018 @ 1:04 pm César Valdez

      Así es. De hecho el quejoso afirmó que, si bien estaba trabajando y recibiendo un salario, no estaba infringiendo la clausula que permite a los becarios dedicación de no más de 8 horas a actividades académicas. Más allá de todo esto, no deja de ser un debate complicado dadas las condiciones económicas de nuestro país y la «persecución» que ha iniciado el CONACYT, ahora en requisitos de ingreso a posgrados se piden cartas de que se ha dejado de trabajar y documentos personales que permitirían rastrear la actividad económica que registra Hacienda.

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      • febrero 14, 2018 @ 7:20 pm José Antonio Maya González

        Muy interesante tu reflexión César, en mucho sentidos creo que esos «sentimientos encontrados» que describes en tu experiencia, son compartidos por una buena parte de amigos y compañeros (incluyéndome) que realizaron actividades simultáneas siendo becarios. La presión por «tener experiencia» aunado a la exigencia de «hacer camino» en los terrenos de la academia, casi que «obligan» a tomar ciertas ventajas dentro de un sistema de competencias poco claro y muchas veces desigual.
        Saludos

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