¿Rompan qué?


Valle de Bravo, México.-

Cuando ingresé a la heroica y siempre combatiente Escuela Nacional de Antropología e Historia, a finales de los años 90, recuerdo que en las primeras clases conocí a un chileno medio loco, dos años mayor que yo, quien había venido al país para estudiar todo lo relacionado a la ancestral sabiduría tolteca. Llegó a México con sus tres grandes tesoros: una montaña de libros, una colección impresionante de flautas, quenas y zampoñas (las cuales tocaba magistralmente) y toda la discografía de Los Jaivas, banda de rock progresivo de su país. De inmediato quedé hipnotizado (e idiotizado también) por esta música. Durante los siguientes meses me dediqué a escuchar todos los discos de la banda y tratar de entender qué diablos estaban tocando; era una mezcla extraña de música andina, con tintes de rock progresivo y una fuerte carga psicodélica. Lo mejor de todo eran sus letras, verdaderos himnos de esperanza y hermandad, en sus canciones no había lugar para el te quiero harto, me dejaste, tu amor me traicionó, eres la mujer de mi vida, sufro por tu amor y todas esas cursilerías románticas.    

Hace unas semanas, con la parsimonia propia de la época decembrina mi novia y yo decidimos imitar a John y Yoko y hacer nuestras vidas, durante casi una semana, totalmente en la cama: desde tomar los alimentos hasta perdernos durante horas en las profundas aguas del Netflix. Después de evitar a toda costa, durante varios días, el tráiler de un documental acerca del rock en América Latina titulado Rompan Todo, el cual aparecía recurrentemente al termino de cada película, decidimos darle una oportunidad y desperdiciar lánguidamente unas horas más de nuestras vidas. A continuación, le expreso al amable lector un par de opiniones acerca de esta producción. Debo aclarar que las siguientes líneas no serán una loa hacia la serie, pero tampoco es mi intención criticar desaforadamente este intento de contar la historia de un movimiento cultural, uno de los más trascendentes en nuestro continente, desde una visión unipersonal y por qué no decirlo casi autobiográfica por parte de sus productores. Una vez hechas las aclaraciones pertinentes aquí les voy…

Solemos escuchar con frecuencia que la historia la escriben los vencedores, nunca los vencidos, y este fue el sentimiento generado inmediatamente después de ver los dos primeros episodios. Primeramente, el documental no brinda en ningún momento espacio para los “vencidos”, aquellos quienes nunca, o solo en contadas ocasiones tienen la oportunidad de manifestar su pensamiento de viva voz. El Rock representó la rebeldía, la marginación, la otredad, es decir fue uno de los tantos elementos de la contracultura, venida a más desde la posguerra de los años 50 en Estados Unidos. Las voces que aparecen a todo lo largo de la serie son principalmente las de los vencedores del corporativismo musical, de aquellos quienes gozaron y siguen gozando de contratos con multimillonarias disqueras.

En segundo lugar, un aspecto que me intrigó profundamente durante toda la serie fue la idea persistente de pretender englobar la historia latinoamericana, al grado de presentarla como si fuera una realidad exactamente igual en cada uno de los países. Si bien es cierto que hay similitudes en diversos ámbitos, las condiciones sociales, políticas, económicas y culturales fueron y siguen siendo diversas en cada región del continente. 

En tercer lugar, el argumento constante, es decir, el eje principal: presentar a los músicos rockeros como víctimas de la represión por parte de los gobiernos de sus respectivos países, principalmente en Argentina, Chile y Perú. Estudiando los hechos a la distancia observamos que ningún músico de este movimiento sufrió agresiones, es más, de hecho, todos ellos siguen vivos, principalmente los argentinos. El único artista quien padeció la violencia de la dictadura de su país, la cual acabó lastimosamente con su vida, no fue la de un músico perteneciente al movimiento del rock, sino un representante de la Nueva Canción Latinoamericana, alguien que expresó por medio de su música la ideología política y social de su pueblo y gente, me refiero al músico chileno Víctor Jara. A Jara solo se le nombra cinco segundos y gracias a una breve mención hecha por otro músico chileno, Jorge González, integrante de la banda Los Prisioneros, único grupo de todo este movimiento el cual expuso y criticó por medio de sus canciones la moral conservadora de la sociedad, durante las postrimerías de la dictadura de Pinochet.

En cuarto lugar, las ausencias. Es entendible que en un documental de seis episodios no aparezcan cada uno de los actores de todos los países y décadas de este colosal movimiento cultural, pero resulta fastidioso ver repetidamente una y otra vez en cada capitulo a músicos argentinos redundando en sus argumentos. La incuestionable y primordial ausencia de esta serie fue Carlos Santana, el músico que catapultó al rock de “acá”, al de América Latina, desde Tijuana hasta la Patagonia. Sí, ese músico quien no siendo yankee ni británico fue la única presencia latinoamericana en el festival de música rock más grande y representativo de toda la historia: Woodstock 69.

Por otro lado, no mencionar la enorme contribución brasileña al movimiento me parece fuera de toda proporción. Muchos de los cambios culturales y las vanguardias musicales producidas en el resto de los países latinoamericanos derivaron de los ritmos y estilos cariocas, principalmente de la samba y el bossa nova. Sin estas aportaciones de grandes músicos brasileños el resto de la música en los demás países del continente no hubiera tenido la trascendencia en su momento. Asimismo, la participación de la banda peruana Los Saicos es apenas mencionada durante unos breves minutos, quienes hoy en día se les considera precursores del género punk, 15 años antes de su aparición en Reino Unido.

Por último y no por ello menos importante, sino todo lo contario, es pertinente retomar a la banda chilena Los Jaivas, a quienes mencioné al inicio de este texto. Tuvieron una efímera participación, apareciendo brevemente en uno solo de los capítulos. A mi juicio, y aquí el amable lector podrá o no estar de acuerdo con el que esto escribe, fueron y han sido la banda de rock más original y trascendental de todo el movimiento. Representaron una genuina expresión del sonido y del folclor latinoamericano, su contribución es probablemente la más legítima de todas las demás propuestas musicales de su época; incorporaron instrumentos, melodías y cantares propios de las etnias indígenas de la región andina. Expusieron en sus líricas la realidad a la cual se enfrentaban millones de latinoamericanos y, principalmente, se preocuparon por despertar, por medio de sus canciones, una conciencia de paz y fraternidad entre los pueblos americanos. ¿qué puede haber más rebelde y contestatario que eso?

En quinto lugar, la serie tiene un carácter más anecdótico que histórico, y no es mi intención tornarlo académico, pero esto demuestra la necesidad de tomar en cuenta las aportaciones de especialistas en el movimiento cultural con todas las implicaciones políticas, económicas, sociológicas y porque no, antropológicas necesarias. Esta mirada debió ser tomada en cuenta para darle matices y complejizar al mismo tiempo el documental.

Hoy en día, el control del mercado musical por parte de grandes corporativos discográficos marcan las tendencias, oportunidades y/o limitaciones para exponer la diversidad musical a tono con la historia del rock y de otros géneros hermanados, las cuales tienen importantes representantes en nuestro continente latinoamericano. Valdría la pena retomar aquello señalado por Frank Zappa en una entrevista en la década de 1980, respecto a cómo funcionaba la dinámica en la industria musical en los 60, en donde era posible grabar cualquier tipo de experimentación musical, aspecto perdido en décadas posteriores a causa de políticas capitalistas las cuales privilegian el mercado antes que el arte.

Sin lugar a duda, Rompan todo deja cabos sueltos de uno de los episodios más importantes en la historia y la contracultura del siglo XX. Espero pronto podamos ver y escuchar otras versiones que nos permitan apreciar su diversidad y pluralidad, mediante las experiencias de esos otros músicos, bandas y creadores ausentes de un relato que sólo mostró el Lado A del disco. En una siguiente entrega me enfocaré en el rock mexicano y de las bandas omitidas en el documental analizado.

Por cierto, ese chileno medio loco, con quien entablé una profunda amistad, terminó la carrera y regresó a su país. Actualmente es doctor en Ciencias, cambió las flautas quenas y zampoñas por cajas de ritmos, sintetizadores y tornamesas. Es ahora DJ quien hace música de protesta en eventos de lucha social por las comunidades indígenas de su país.

Texto de Leonel Barrera

Memes cortesía de Deforma


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Acerca de

Músico antropólogo. Chilango por accidente, nómada por convicción. Estudioso de las tradiciones musicales de México y el mundo.


'¿Rompan qué?' tiene 2 comentarios

  1. enero 26, 2021 @ 10:58 am Erasmo

    Que mamon eres compita .. El gusto se rompe en géneros, el director de este documental quizás solo abarco una parte de lo que fue el ROCK LATINO quizás en otra entrega haga mención de lo que quieres ver, no seas llorón y aguanta barandilla, esta bien el documental a excepción que metieron a MANA esa madre ni ROCK es ni será.

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  2. enero 26, 2021 @ 4:51 pm Carolina da Cunha Rocha

    Leonel, estoy en total acuerdo contigo en lo referente a la omisión al rock brasileño del período. Como brasileña que soy no entendi porque hablan del «rock en América Latina» y no citan a Brasil, un país con tantos géneros musicales y con gran aportación al rock del continente (incluso con gran diálogo con el rock argentino, especialmente en los años 80 y 90). Acaso estamos en otro espacio geográfico y no nos informaron? En los demás, me pareció que el documental fue hecho por un grupo de elegidos para satisfacer al ego de estos mismos elegidos y para eternizarlos en la memoria musical del continente, pero dejando de lado la historia de los vencidos, como bien has dicho en tu artículo, así como discusiones más profundas sobre la conexión del rock y la política. Además de los testimonios repetitivos, quedé con la sensación de que gran parte de los que hablan estaban en búsqueda de una autoafirmación artística y utilizaron el documental apenas como mecanismos para lograr el reconocimiento para la carrera/música que hicieron.

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