Ricardo “Pajarito” Moreno: la estrella fugaz del boxeo nacional de los años 50


¿De dónde eres tú? “Soy de Chalchihuites, Zacatecas”. ¡Ah, la tierra del Pajarito Moreno!, exclamó Gustavo Barrientos, mi primer director de tesis en la licenciatura. “Sí, qué triste su historia”, le contesté, recordando que no hacía mucho tiempo había visto al “Pajarito” rondando cerca de mi casa.

Foto 4. Ricardo “Pájarito” Moreno y su entrenador Lupe Sánchez. (1956). Colección privada de Sergio García.

Figura de éxito y fracaso. Ricardo Moreno, nació el 7 de febrero de 1937 en Chalchihuites, Zacatecas, en el seno de una familia de escasos recursos económicos, por lo que desde muy chico sus padres lo enviaron a trabajar a la mina, un trabajo duro que puso a prueba su carácter y potenció su fortaleza física. Su carácter recio y su gusto por las peleas callejeras hicieron que su madre se lo llevara a vivir a la capital, donde finalmente comenzó a entrenar box.

Foto 5. Pesaje de Ricardo “Pajarito” Moreno previo a la pelea por el título mundial pluma contra el nigeriano Hogan Bassey. (1958). Colección privada de Sergio García.

Reconocido como uno de los más contundentes boxeadores mexicanos, “un impresionante taquillero”, “uno de los golpeadores más poderosos”, “un monstruo del ring”, también llamado “el aporreador de Chalchihuites”, Ricardo Moreno hizo su debut en 1954 frente a Oscar Díaz, a la edad de 17 años, una pelea que ganó por nocaut. Era tal la fuerza de su pegada que pronto ganó la atención de la prensa y se fue colocando en el mundo boxístico como uno de los grandes.

Rebosante de éxito y siendo amplio favorito, el 1 de abril de 1958 se enfrentó al nigeriano Hogan “Kid” Bassey; una pelea en la que se disputó el título mundial pluma, llevada a cabo en el estadio de beisbol Wriley Field en los Angeles, California, frente a más de 20 mil expectadores. En esta pelea, “la pelea de su vida”, en la que ganó 40,000 dólares, el “Pajarito” fue derrotado por la vía del nocaut en el tercer round. Luego vinieron otras derrotas que fueron lapidando su carrera y exacerbando sus vicios, hasta que el alcohol y las drogas frenaron por completo la carrera del pugilista. A sus 30 años se retiró del boxeo, con un récord de 60 victorias, 12 derrotas, un empate y 59 nocaut, es decir, la mayoría de sus peleas las ganó por nocaut; por ello, en 2003, la revista The Ring lo galardonó como uno de los mejores noqueadores de la historia del boxeo mundial.

Fueron solo un par de años de dinero, fama, mujeres, un auto Cadillac convertible con tapones de oro, un anillo de diamantes, una residencia en el Pedregal San Ángel, night clubs, viajes y duros entrenamientos. Su despilfarro y extravagancia eran tales, que se le recuerda por encender su cigarrillo con billetes y alimentar a sus perros con chuletas. Ya consolidado como una estrella del box nacional, Ricardo Moreno saltó a las pantallas de cine, participando en dos películas Policías y ladrones (1956) y La sombra del otro (1957), donde trabajó al lado de Gaspar Henaine (Capulina) y Marco Antonio Campos (Viruta).

Luego de su rápido despegue como pugilista y su estrepitosa caída, Ricardo Moreno regresó con los suyos, a su pueblo, para narrar cómo se vive “desde arriba” y cómo se cae hasta el fondo de la jerarquía social. Como lo testifica la vida de Ricardo Moreno, la carrera deportiva es una de las pocas vías de ascenso social para las clases populares, aseveración refrendada por el sociólogo francés Pierre Bourdieu. Los valores y atributos de las masculinidades de las clases trabajadoras, cimentadas en el potencial y aguante del cuerpo, en el despliegue y cultivo de habilidades físicas, resultan sumamente atractivas para la industria deportiva capitalista, que no duda en explotarlas al máximo.

Fue justamente el boxeo el que le permitió a Ricardo Moreno ir del éxtasis a la frustración, de la gloria al infierno, de la fama al olvido. La prometedora carrera del chalchihuitense culminó en severos problemas para el deportista, lesiones físicas, trastornos mentales, alcohol y drogas. Finalmente, Ricardo Moreno fue internado en un centro de rehabilitación en Aguascalientes. En 1984, fue recluido en el Cereso de Cieneguillas, Zacatecas, al ser acusado de provocar un incendio en una vivienda. Sus últimos días los vivió en un gimnasio de la ciudad de Durango, donde le daban un espacio para dormir y le proveían comida. Murió el 24 de junio del 2008, a los 71 años de edad, en la ciudad de Durango. Su cuerpo regresó a su tierra, donde fue enterrado en el panteón municipal.

Foto 7. Ricardo “Pajarito” Moreno noqueado en su pelea por el título mundial contra Hogan Bassey. (1958). Colección privada de Sergio García.

¿Es el caso de Ricardo Moreno un caso aislado en el boxeo? En este punto, vale la pena analizar la película “Guantes de Oro”, una película mexicana que se estrena en 1961, la cual reúne a varios de los pugilistas mexicanos de la época de oro del boxeo nacional a quienes intenta rendir homenaje. Un filme que, a través de los testimonios de los ex boxeadores, da cuenta de la miseria, las enfermedades, los vicios y las tragedias que envuelven a este deporte. Campeones nacionales y mundiales que terminaron enfermos, ciegos, en pobreza extrema o sintiéndose culpables por haber matado a su contricante. “El triunfo dura poco, el público se olvida, es fácil acabar en la miseria o enfermo o ciego como yo”, aconseja el ex boxeador Lupe González al protagonista de la película, un joven menesteroso e inquieto que se plantea como promesa del boxeo nacional. Años más tarde, en 1980, Rodolfo de Anda dirige la segunda versión de esta misma película, ahora titulada “Buscando un campeón”, protagonizada por el ex boxeador Roberto “El Gato” González (quien se encuentra actualmente en el Reclusorio Oriente en Iztapalapa purgando una sentencia de 30 años por doble homicidio), en cuyo elenco aparecen entre otros boxeadores mexicanos, entre los que destacan Raúl “Ratón Macías y el chalchihuitense Ricardo “Pajarito” Moreno, quien también forma parte del elenco que intenta describir la vida, los excesos, los vicios, las condiciones precarias e infortunios de las estrellas mexicanas del boxeo, de las cuales él mismo fue presa.

El caso de Ricardo Moreno, no es un caso excepcional, sino más bien, el destino de la mayoría de los boxeadores de su época y de muchos otros boxeadores. El boxeo en los años 50, se caracterizó por la falta de reglas, la incertidumbre, la rudeza, las lesiones, los accidentes y muertes. Además, por la carencia de protecciones y garantías que proveyeran cobijo a los deportistas luego de su retiro. Es hasta la llegada de José Sulaimán Gagnón, mexicano, quien queda a cargo de la Presidencia del Consejo Mundial de Boxeo el 5 de noviembre de 1975 y permanece ahí durante 38 años hasta su muerte en 2014, que comienzan gestarse cambios con el fin de “humanizar” este deporte, brindando algo de seguridad y respeto a la vida de los boxeadores. Así, por ejemplo, durante su mandato, la duración de las peleas se redujo de 15 a 12 rounds, el pesaje oficial obligatorio oficial se cambió de 8 horas a 24 horas antes de la pelea, se crearon divisiones intermedias, se introdujeron exámenes médicos para boxeadores y campeones clasificados, empezó a destinarse dinero para la investigación científica enfocada en el boxeo, se otorgaron seguros de vida y hospitalización a los púgiles que participen en peleas titulares y pensiones de apoyo para aquellos boxeadores que lo necesiten (WBC, 2017). Además, hace 5 años que el Consejo Mundial de Box implementó una beca vitalicia para los ex boxeadores.

Antes de cerrar esto, dejaré algunas preguntas abiertas ¿Han cambiado realmente las condiciones de los boxeadores actuales? Los excéntricos gustos de los boxeadores, como por ejemplo, los excesos de Floyd Mayweather y los del mismo Pajarito Moreno, ¿dan cuenta de un ascenso en la jerarquía de clase social, o más bien, reafirman sus orígenes de clase y las desigualdades inherentes a esta?

Por Yaque Flores



Acerca de

Zacatecana avecindada en Puebla. Maestra de yoga y casi maestra en Antropologia Sociocultural por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Su tesis de licenciatura, realizada en la Universidad de las Américas Puebla, ganó dos premios en 2014: el Bernardino Sahagún, del Instituto Nacional de Antropología e Historia, y el Sor Juana Inés de la Cruz, del Instituto Nacional de las Mujeres.


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